El contractualista pesimista. En el estado de naturaleza no hay derechos prepolíticos, hay miedo recíproco. Para escapar de la guerra de todos contra todos, los hombres ceden su derecho de gobernarse a un soberano absoluto, «ese Dios mortal» llamado Leviatán.
«Autorizo y entrego mi derecho a gobernarme a este hombre o a esta asamblea de hombres, con la condición de que tú entregues tu derecho del mismo modo. Hecho esto, la multitud así unida en una persona se llama República. Tal es la generación de ese gran LEVIATÁN, o más reverentemente, de ese Dios mortal a quien debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra paz y defensa.»
Original: «I Authorise and give up my Right of Governing my selfe, to this Man, or to this Assembly of men… This is the Generation of that great LEVIATHAN, or rather (to speake more reverently) of that Mortall God.»
Sutileza / error común
Hobbes NO es un totalitario moderno, ni un nazi avant la lettre, ni un orgánico. Su Leviatán nace de un CONTRATO entre individuos racionales y egoístas (eso es muy moderno y muy liberal en su lógica). Reserva al súbdito un derecho irrenunciable: la AUTOCONSERVACIÓN (Cap. XXI: nadie está obligado a matarse por el soberano, ni a acusarse a sí mismo, ni a renunciar a la huida). El soberano puede matarte por la espada, pero el contrato no autoriza tortura arbitraria como fin en sí. Por eso Schmitt lo admira pero lo CORRIGE: lo encuentra demasiado liberal.