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Referente del test

Judith Butler.

1956-

Filósofa estadounidense. El género no es una esencia previa a sus actos: es una repetición ritualizada de actos que produce el efecto de una identidad estable. Las categorías «mujer», «hombre» son construcciones culturales, no datos naturales.

La vida

Judith Pamela Butler nació el 24 de febrero de 1956 en Cleveland, Ohio, en una familia judía de ascendencia húngara y rusa. Los padres practicaban un judaísmo reformista, con un recorrido típico de la asimilación estadounidense de posguerra: la madre se había criado en el ortodoxo y pasó por el conservador antes de llegar al reformista, y el padre venía ya del reformista. Esa genealogía tiene un hueco que Butler ha nombrado por escrito al defenderse de una acusación pública: «la familia de mi abuela fue destruida en un pueblo pequeño al sur de Budapest». La primera formación intelectual no fue universitaria sino sinagogal: en The Temple de Cleveland, bajo la tutela del rabino Daniel Silver, y por su propio relato es de ahí y no de Yale de donde salen sus posiciones éticas de fondo, incluida la que le costaría más disgustos décadas después: «me enseñaron en cada paso de mi educación judía que no es aceptable callarse ante la injusticia». Los catorce años concentran los dos hechos biográficos que más explican el resto. El primero es que empezó a recibir clases particulares de ética judía con aquel rabino, un formato de tutoría que Butler describe como su iniciación en la filosofía y al que llevó tres preguntas propias: por qué fue Spinoza expulsado de la sinagoga, si se puede responsabilizar al idealismo alemán del nazismo y cómo entender la teología existencial de Martin Buber. El segundo lo contó en 2021 con una frase que corrige de golpe el guion habitual de las biografías de intelectuales gais: «Ah, yo nunca salí del armario. Mis padres me sacaron a los catorce años». Las dos cosas juntas (un adolescente al que se le enseña filosofía moral y al que simultáneamente se le nombra desde fuera) prefiguran el problema que ocupará toda su obra: qué le hace a alguien ser designado por una categoría que no ha elegido.

Estudió en el Bennington College y se trasladó después a Yale, donde se licenció en filosofía en 1978 y se doctoró en 1984. En medio, el curso 1979 en la Universidad de Heidelberg con una beca Fulbright. Conviene fijar bien esta etapa porque contradice el tópico: su formación fue idealismo alemán, fenomenología y Escuela de Fráncfort, y el giro postestructuralista con el que se la identifica llegó después del doctorado. La tesis, revisada y publicada en 1987 como «Subjects of Desire: Hegelian Reflections in Twentieth-Century France», no trata de género en absoluto: reconstruye qué hicieron Kojève, Hyppolite y Sartre con el sujeto deseante de Hegel. Butler entra en la vida académica como hegeliana, y la deuda se nota luego en su insistencia en que el sujeto se constituye en la relación con otro y no antes.

Enseñó en Wesleyan, en la George Washington University y en Johns Hopkins, y en 1993 se incorporó a la Universidad de California en Berkeley, donde ha ocupado la cátedra Maxine Elliot de Literatura Comparada y el programa de Teoría Crítica y donde hoy es Distinguished Professor de la Graduate School. Ocupó la cátedra Spinoza de Ámsterdam en 2002 y fue profesora visitante en Columbia entre 2012 y 2014. Sus libros están traducidos a más de veintisiete lenguas y acumula dieciocho doctorados honoris causa, con una densidad llamativa en el mundo hispanohablante: Buenos Aires y Costa Rica en 2015, Guadalajara en 2018, Chile en 2019, más el Premi Internacional Catalunya y la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

La vida pública ha sido bastante más áspera que el currículum. Ha presidido el consejo de la International Gay and Lesbian Human Rights Commission, ha estado en el Center for Constitutional Rights y en el consejo académico de Jewish Voice for Peace, y apoya una versión de la campaña BDS de boicot, desinversión y sanciones. En 2010 rechazó en el propio acto el premio al Valor Civil del Christopher Street Day de Berlín, alegando comentarios racistas de los organizadores. En 2012 la concesión del Premio Adorno de la ciudad de Fráncfort desató una campaña para que se le retirara, con el embajador israelí en Alemania y el Consejo Central de los Judíos en Alemania entre quienes objetaron; Butler respondió por escrito que las acusaciones eran tres y solo una cierta: «que apoyo a Hamás y a Hezbolá (lo cual no es verdad), que apoyo el BDS (parcialmente cierto) y que soy antisemita (manifiestamente falso)». En 2017, en São Paulo, un grupo de manifestantes cristianos de extrema derecha quemó una efigie suya con sombrero de bruja y sujetador rosa a las puertas de un congreso sobre democracia que Butler coorganizaba, y un grupo de una veintena de personas la increpó en el aeropuerto cuando se marchaba del país. Tras el 7 de octubre de 2023 publicó en la «London Review of Books» un ensayo que condena «sin matices» la masacre de Hamás y a la vez reclama contexto histórico; en marzo de 2024, en un acto en París, describió aquel ataque como «un acto de resistencia armada» y no como terrorismo, y el ensayo fue muy criticado en la prensa alemana: el Frankfurter Allgemeine Zeitung la acusó de hacer desaparecer las atrocidades individuales por vía de contextualización. En septiembre de 2025 Berkeley comunicó a ciento sesenta miembros de la comunidad universitaria que sus expedientes habían sido entregados al Departamento de Educación estadounidense en una investigación sobre antisemitismo; Butler estaba en la lista y acusó públicamente a su universidad de actuar como «informante».

Sigue en activo mientras se escribe esta ficha. Vive en Berkeley con su pareja, la politóloga Wendy Brown, y su hijo Isaac. Está registrada legalmente como persona no binaria en el estado de California y ha declarado que usa tanto «she» como «they», con preferencia por el segundo: «disfruto del mundo del they; cuando escribí Gender Trouble no existía la categoría de no binario, pero ahora no veo cómo podría no estar en ella». En 2025 recibió el premio a la trayectoria del American Council of Learned Societies.

La obra

«Subjects of Desire» (1987) es la tesis doctoral con otro nombre y el libro que casi nadie de los que discuten sobre Butler ha leído. El problema que se plantea es historiográfico: qué le pasó al sujeto deseante de la «Fenomenología del espíritu» cuando Francia se apropió de Hegel en el siglo XX, de Kojève a Sartre. Importa por dos razones. Primera, porque fija de dónde viene su método, que es la dialéctica del reconocimiento y no la deconstrucción. Segunda, porque la tesis que sostiene ahí (que el sujeto no preexiste a la relación en la que se reconoce, sino que se produce en ella) es exactamente la que aplicará al género tres años después. Quien lea «Gender Trouble» sin esto de fondo entiende la conclusión y no el argumento.

«Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity» (1990) no viene a resolver la pregunta «qué es el género» sino la pregunta «quién es el sujeto del feminismo». Butler contaba después que el libro nació de negarse a aceptar que la práctica lesbiana encarnara la teoría feminista, y de preguntar qué pasa con la categoría «mujer» cuando las prácticas sexuales no normativas la ponen en cuestión. Discute contra dos frentes a la vez. Contra los feminismos que dan por supuesto un sujeto colectivo estable, al que acusa de reproducir el binarismo que dicen combatir. El reproche a Catharine MacKinnon llega después, en el prefacio de 1999, y va contra un modelo (la jerarquía sexual produce el género) le parece circular: «si la jerarquía de género produce y consolida el género, y si la jerarquía de género presupone una noción operativa de género, entonces el género es lo que causa el género, y la formulación termina en tautología». El título tiene además una clave autobiográfica que se pierde en la traducción: «meter en líos» era en el discurso de su infancia lo que nunca había que hacer, y de ahí sacó Butler su primera intuición sobre la astucia de la ley, que amenaza con el lío para mantener a la gente fuera del lío.

Los dos libros de 1993 y 1997 son, en buena medida, control de daños y ampliación de frente. «Bodies That Matter: On the Discursive Limits of Sex» (1993) se abre corrigiendo la lectura voluntarista que ya circulaba: si el género fuera performativo en el sentido en que se lo entendió, escribe, significaría que uno se levanta por la mañana, mira el armario, elige el género del día y lo devuelve a su sitio por la noche, y ese «sujeto voluntario e instrumental» sería justo el humanismo que el libro quería desmontar. «Excitable Speech: A Politics of the Performative» (1997) traslada la maquinaria del acto de habla al terreno jurídico y es el libro que más cuesta encajar a quien la lee como ideóloga del wokismo: Butler argumenta ahí en contra de la penalización del discurso de odio. Su tesis es que «el Estado produce el discurso de odio», no porque lo pronuncie, sino porque la categoría no existe sin su ratificación, de modo que pedirle al Estado que la persiga es entregarle el poder de trazar la frontera entre lo decible y lo indecible. Y añade el argumento empírico: esas leyes se han usado contra minorías (Mapplethorpe, los militares homosexuales, el rap afroamericano). Frente al remedio legal propone la contrarréplica, el «talking back».

A partir de 2001 la obra gira hacia la violencia política. «Precarious Life» (2004), «Frames of War» (2009), «Notes Toward a Performative Theory of Assembly» (2015) y «The Force of Nonviolence» (2020) desarrollan una idea que ya no es de género: no todas las vidas se registran como vidas, y la distribución desigual del duelo (qué muertes se lloran públicamente y cuáles no) es una operación política de primer orden. «Parting Ways» (2012) lleva ese aparato al conflicto israelo-palestino desde fuentes judías. Y «Who's Afraid of Gender?» (2024), su libro más accesible y escrito para el gran público, invierte el objeto: ya no analiza el género, analiza el pánico al género. La tesis es que «género» se ha convertido en un fantasma, un receptáculo de ansiedades sobre el cuerpo, la sexualidad y la familia que movimientos autoritarios de medio mundo administran con fines propios, y el ejemplario es explícito: la comparación de la teoría de género con las armas nucleares atribuida al papa Francisco en 2015, las advertencias de Giorgia Meloni, la «Gayropa» de Putin. La propuesta final es de coalición, no de identidad: juntar a los movimientos atacados mejor de lo que los atacan, con la advertencia prestada de Bernice Johnson Reagon de que la solidaridad no es un hogar.

Cómo se le ha leído

La recepción se separó del texto muy pronto y Butler lleva más de treinta años intentando alcanzarla. «Gender Trouble» vendió más de cien mil ejemplares y se convirtió en texto fundacional de la teoría queer, pero el prefacio que Butler le añadió en 1999 es, leído hoy, una lista de rectificaciones a sus propios lectores. Ahí reconoce haber recurrido al psicoanálisis «para frenar el voluntarismo ocasional de mi visión de la performatividad» y admite que el libro «a veces se lee como si el género fuera simplemente una autoinvención». Y desactiva de forma expresa el ejemplo por el que se la conoce: la discusión del travestismo «no es exactamente un ejemplo de subversión» y «sería un error tomarla como paradigma de la acción subversiva o como modelo de agencia política». La distinción no es un matiz de escuela: lo que Butler argumenta filosóficamente (que la identidad fija es un efecto, incluida la categoría «mujer» que el feminismo daba por dada) y lo que se hace con Butler en política identitaria son operaciones distintas, y la segunda descansa sobre una lectura que la primera rechaza. El deslizamiento más repetido es terminológico: «performativo» se lee como «performance», es decir, como disfraz elegido, que es precisamente lo que «Bodies That Matter» abría negando.

Las críticas de más peso académico no vinieron de la derecha sino de su propio campo, y son tres. La primera es la de Martha Nussbaum en «The New Republic» (1999), un ensayo severo titulado «The Professor of Parody» que la acusa de sustituir la política material por una política simbólica de bajo coste: «el quietismo a la moda de Judith Butler es una respuesta comprensible a la dificultad de realizar la justicia en Estados Unidos. Pero es una mala respuesta. Colabora con el mal». Nussbaum señalaba además que la posición de «Excitable Speech» sobre el discurso de odio converge con el libertarismo radical. La segunda es la marxista: que centrarse en la cultura fracciona a la izquierda y abandona la redistribución. Butler la respondió en «Merely Cultural» («New Left Review», 1998) sosteniendo que la regulación de la sexualidad no es un adorno superestructural sino parte del modo de producción, un texto que forma pareja con la réplica de Nancy Fraser y que sigue siendo la referencia obligada cuando se la presenta como identitaria despreocupada de la clase. La tercera es de estilo: en 1998 la revista «Philosophy and Literature» le dio el primer premio de su concurso de mala escritura por una frase sobre Althusser y la hegemonía. Butler contestó en «The New York Times» que el concurso solo apuntaba a académicos de izquierda y que hay una razón para la prosa difícil: «muchas ideologías bastante nefastas pasan por sentido común».

El otro extremo de la recepción es el que la ha convertido en personaje. Desde mediados de los noventa, la etiqueta «ideología de género», acuñada en la órbita vaticana y extendida por iglesias evangélicas y partidos de derecha en Europa y América Latina, señala a Butler como autora de una doctrina que ella no ha escrito. Antes del congreso de São Paulo de 2017 lo dejó dicho con precisión documental: la petición contra ella daba por hecho que hablaría de género porque «se me atribuye ser la fundadora de la ideología de género», y «no parece haber ninguna prueba de que quienes se movilizaron en esta ocasión tuvieran familiaridad alguna con mi texto». Aquella lectura, decía, le atribuía sostener «que uno puede llegar a ser el género que quiera», que es la tesis voluntarista que había negado veinticuatro años antes. La simetría es lo interesante para un lector español: Butler dejó dicho que no le constaba prueba de que quienes se movilizaron contra ella la hubieran leído, y como teórica del wokismo por gente que ignora que escribió un libro contra las leyes de discurso de odio y otro contra la escisión entre identidad y clase. En el conflicto entre feminismo trans-excluyente y derechos trans, donde su nombre aparece a diario, su posición registrada combina el rechazo frontal a la posición contraria con llamamientos a no cerrar la discusión: en 2020 negó que «terf» sea un insulto («si son partidarias de la exclusión, ¿por qué no llamarlas excluyentes?») y a la vez dijo, sobre J. K. Rowling, «discrepo de su visión sobre las personas trans, pero no creo que deba sufrir acoso ni amenazas».

Fuentes de esta biografía · 13

  1. «To make trouble was, within the reigning discourse of my childhood, something one should never do precisely because that would get one in trouble. The rebellion and its reprimand seemed to be caught up in the same terms, a phenomenon that gave rise to my first critical insight into the subtle ruse of power: the prevailing law threatened one with trouble, even put one in trouble, all to keep one out of trouble. Hence, I concluded that trouble is inevitable and the task, how best to make it, what best way to be in it.»

    Judith Butler, Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity, prefacio de 1990, p. xxvii de la edición Routledge de 1999 (FUENTE PRIMARIA) fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  2. «This last impresses me as particularly important considering that hate speech arguments have been invoked against minority groups, that is, in those contexts in which homosexuality is rendered graphic (Mapplethorpe) or verbally explicit (the U.S. military) and those in which African-American vernacular, especially in rap music, recirculates the terms of social injury and is thereby held responsible for such terms. Those efforts at regulation are inadvertently strengthened by the enhanced power of the state to enforce the distinction between publicly protected and unprotected speech.»

    Judith Butler, Excitable Speech, cap. 2 «Sovereign Performatives», p. 97 (FUENTE PRIMARIA: el argumento empírico contra las leyes de discurso de odio) fuente

  3. «The Jerusalem Post recently published an article reporting that some organizations are opposed to my receiving the Adorno Prize [...] The accusations against me are that I support Hamas and Hezbollah (which is not true) that I support BDS (partially true), and that I am anti-Semitic (patently false). [...] For those of us who are descendants of European Jews who were destroyed in the Nazi genocide (my grandmother's family was destroyed in a small village south of Budapest), it is the most painful insult and injury to be called complicitous with the hatred of Jews or to be called self-hating. [...] I received a Jewish education in Cleveland, Ohio at The Temple under the tutelage of Rabbi Daniel Silver where I developed strong ethical views on the basis of Jewish philosophical thought. [...] I was taught at every step in my Jewish education that it is not acceptable to stay silent in the face of injustice.»

    Judith Butler, carta abierta en respuesta a la campaña contra la concesión del Premio Adorno, publicada en Mondoweiss, 27 de agosto de 2012 (FUENTE PRIMARIA) fuente

  4. «In fact, I do condemn without qualification the violence committed by Hamas. This was a terrifying and revolting massacre. That was my primary reaction, and it endures. But there are other reactions as well. [...] However, we do not gain a moral or political justification for Hamas's actions through reference to their history.»

    Judith Butler, «The Compass of Mourning», London Review of Books, vol. 45, n.º 20, 19 de octubre de 2023 (FUENTE PRIMARIA) fuente

  5. «Oh, I never came out. I was outed by my parents at the age of 14. So, I've been identified variously as butch, queer, trans* for over 50 years. [...] I still rather think that pronouns come to me from others, which I find interesting, since I receive an array of them [...] I don't have an easy answer, though I am enjoying the world of “they”. When I wrote Gender Trouble, there was no category for “nonbinary” - but now I don't see how I cannot be in that category.»

    Judith Butler entrevistada por Jules Gleeson, «Judith Butler: ‘We need to rethink the category of woman’», The Guardian, 7 de septiembre de 2021 (FUENTE PRIMARIA) fuente

  6. «Finally there is despair at the heart of the cheerful Butlerian enterprise. The big hope, the hope for a world of real justice, where laws and institutions protect the equality and the dignity of all citizens, has been banished, even perhaps mocked as sexually tedious. Judith Butler's hip quietism is a comprehensible response to the difficulty of realizing justice in America. But it is a bad response. It collaborates with evil. Feminism demands more and women deserve better.»

    Martha C. Nussbaum, «The Professor of Parody», The New Republic, 22 de febrero de 1999 (crítica desde el liberalismo igualitario) fuente

  7. «Many quite nefarious ideologies pass for common sense. For decades of American history, it was ''common sense'' in some quarters for white people to own slaves and for women not to vote. [...] The targets, however, have been restricted to scholars on the left whose work focuses on topics like sexuality, race, nationalism and the workings of capitalism -- a point the news media ignored.»

    Judith Butler, «A 'Bad Writer' Bites Back», The New York Times, 20 de marzo de 1999, respuesta al primer premio del concurso de mala escritura de Philosophy and Literature (FUENTE PRIMARIA; copia archivada de 2024) fuente

  8. «I am not aware that terf is used as a slur. I wonder what name self-declared feminists who wish to exclude trans women from women's spaces would be called? If they do favour exclusion, why not call them exclusionary? [...] I disagree with JK Rowling's view on trans people, but I do not think she should suffer harassment and threats.»

    Judith Butler entrevistada por Alona Ferber, «Judith Butler on the culture wars, JK Rowling and living in ‘anti-intellectual times’», New Statesman, 22 de septiembre de 2020 (FUENTE PRIMARIA; copia archivada de 2022) fuente

  9. «Judith Butler is a Distinguished Professor in the Graduate School and formerly the Maxine Elliot Chair in the Department of Comparative Literature and the Program of Critical Theory at the University of California, Berkeley. They received their Ph.D. in philosophy from Yale University in 1984. [...] Their books have been translated into more than 27 languages. [...] They are the recipient of 18 honorary degrees. [...] In 2022, they received the Catalonia International Prize from the canton of Catalunya and the gold medal from the Circulo de Bellas Artes in Madrid.»

    Ficha institucional de Judith Butler, Departamento de Literatura Comparada, Universidad de California en Berkeley fuente

  10. «I propose to consider two different kinds of claims that have circulated recently [...] The second has to do with the tendency to relegate new social movements to the sphere of the cultural, indeed, to dismiss them as being preoccupied with what is called the 'merely' cultural, and then to construe this cultural politics as factionalizing, identitarian, and particularistic.»

    Judith Butler, «Merely Cultural», New Left Review I/227, enero-febrero de 1998 (FUENTE PRIMARIA: la respuesta a la acusación marxista de identitarismo) fuente

  11. «Butler stated in a 2010 interview with Haaretz that they began the ethics classes at the age of 14 [...] When asked what they wanted to study in these special sessions, Butler responded with three questions preoccupying them at the time: "Why was Spinoza excommunicated from the synagogue? Could German Idealism be held accountable for Nazism? And how was one to understand existential theology, including the work of Martin Buber?"»

    «Judith Butler», Wikipedia en inglés (fuente usada solo para los datos de segunda mano de esta ficha: las tutorías reportadas por Haaretz en 2010, las cifras de ventas de Gender Trouble, el rechazo del premio del CSD de Berlín en 2010, los objetores al Premio Adorno de 2012 y la polémica alemana sobre el ensayo de 2023 y el episodio de septiembre de 2025 con el Departamento de Educación) fuente

  12. «This is particularly the case with gender performativity, continually misrepresented as “performance” in order to accuse Butler of declaring that sex doesn't matter, and that gender is just some drag costume we choose to take on and off. [...] In 2015, Pope Francis compared gender theory to nuclear weapons, claiming it was an annihilating force that refused to recognise the order of creation. Italian prime minister Georgia Meloni has warned that gender ideology will strip everyone of their sexed identity. Vladimir Putin refers to Europe as “Gayropa”.»

    Finn Mackay, «Who's Afraid of Gender? by Judith Butler review - the gender theorist goes mainstream», The Guardian, 13 de marzo de 2024 fuente

  13. «2019: Doctorado honoris causa de la Universidad de Chile [...] Doctorado honoris causa por la Universidad de Buenos Aires (2015) [...] Doctorado honoris causa por la Universidad de Costa Rica (2015) [...] Doctorado honoris causa por la Universidad de Guadalajara (2018)»

    «Judith Butler», Wikipedia en español, sección «Premios y reconocimientos» (fuente usada solo para el listado de honoris causa en el mundo hispanohablante) fuente

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Filósofa estadounidense. El género no es una esencia previa a sus actos: es una repetición ritualizada de actos que produce el efecto de una identidad estable. Las categorías «mujer», «hombre» son construcciones culturales, no datos naturales.

«No hay identidad de género detrás de las expresiones de género; esa identidad está performativamente constituida por las mismas «expresiones» que se dice son su resultado.»

Original: «There is no gender identity behind the expressions of gender; that identity is performatively constituted by the very 'expressions' that are said to be its results.»

Sutileza / error común

CASO PARADÓJICO. Butler es deconstructiva de la identidad fija, no identitarista escolar. Critica las categorías estables (incluso la categoría «mujer» del feminismo de los 70). Pero su recepción militante (academia, activismo queer y trans) la convierte en bandera del polo + de minorías. Lo que Butler argumenta filosóficamente y lo que se hace con Butler en política identitaria son cosas distintas. No reducirla a «la teórica del wokismo».

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Judith Butler también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

Sección 04

Por dónde
empezar.

El género en disputa

Judith Butler · 1990 · Paidós

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