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Referente del test

Alexis de Tocqueville.

1805-1859

Liberal aristocrático y católico moderado. Su aportación específica: descubre que la democracia produce una nueva forma de despotismo, blando y omnipresente, que sofoca la individualidad sin necesidad de tiranos.

La vida

Alexis Charles Henri Clérel de Tocqueville nació en París el 29 de julio de 1805, en una familia de la nobleza normanda a la que la Revolución había pasado factura por partida doble. Su bisabuelo materno era Malesherbes, el ministro que aceptó defender a Luis XVI en su proceso y murió guillotinado en 1794. Sus padres, Hervé Clérel de Tocqueville y Louise Madeleine Le Peletier de Rosanbo, se negaron a emigrar, fueron encarcelados bajo el Terror y se salvaron por la caída de Robespierre la víspera de la fecha prevista para su ejecución. Una hermana de su madre y el marido de esta, hermano mayor del escritor Chateaubriand, sí subieron al cadalso, y sus huérfanos se criaron en casa de los Tocqueville junto a Alexis y sus dos hermanos mayores. Nada de esto es anécdota de portada: creció en una casa donde 1789 no era un tema de discusión sino una experiencia doméstica reciente, y donde el legitimismo era la posición por defecto.

El padre hizo carrera de prefecto durante la Restauración y llegó a par de Francia en 1828. Destinado al Mosela en 1817, llevó consigo al hijo, que estudió en el colegio real de Metz hasta el bachillerato de 1823, se licenció en Derecho en París en 1826 y siguió con asiduidad las clases de Guizot entre 1828 y 1830. Por esos años adolescentes se produjo la ruptura silenciosa con la fe heredada, que él mismo situó décadas después, en carta privada, en la biblioteca paterna y en la lectura sin guía de los autores del siglo XVIII: siguió tratando la religión como hecho social decisivo, pero ya nunca la escribió desde dentro. El 5 de abril de 1827 fue nombrado juez auditor en el tribunal de Versalles. Allí conoció a Gustave de Beaumont, sustituto del fiscal, con quien compartiría el viaje, el encargo oficial y media vida intelectual.

La revolución de julio de 1830 lo dejó en una posición incómoda: prestó a regañadientes el juramento de magistrado al régimen de Luis Felipe, gesto que lo enemistó con los suyos sin volverlo fiable para los nuevos. La salida fue una comisión oficial: estudiar el sistema penitenciario de los Estados Unidos. Embarcaron en El Havre el 2 de abril de 1831 y reembarcaron en Nueva York el 20 de febrero de 1832, tras unos nueve meses de recorrido que incluyó Nueva York, Boston, Filadelfia, los Grandes Lagos, la frontera de Michigan, el Bajo Canadá, el Misisipi y Nueva Orleans. A finales de 1831, en la orilla izquierda del río, junto a un lugar llamado Memphis, presenció el paso de una columna de choctaws deportados hacia el oeste en pleno invierno, con el río arrastrando bloques de hielo; lo escribió en el libro advirtiendo al lector de que no estaba cargando las tintas, porque lo había visto con sus propios ojos. Dejó la magistratura poco después de volver.

De regreso publicó con Beaumont el informe encargado y, en enero de 1835, el primer volumen de La democracia en América. Ese mismo año se casó, contra el consejo de familia y amigos, con Mary Mottley, inglesa, protestante y plebeya, a la que había conocido en Versalles; no tuvieron hijos. El éxito del libro le abrió las instituciones: la Academia de Ciencias Morales y Políticas y, el 23 de diciembre de 1841, la Academia Francesa, que lo eligió para el sillón 18 con treinta y seis años. En 1839 entró en la Cámara por Valognes, en la Mancha, escaño que conservó hasta 1851; fue consejero general del departamento desde 1842 y presidente del consejo general desde 1849. De su trabajo parlamentario salen las dos piezas que peor encajan en el retrato de manual: el informe del 23 de julio de 1839 sobre los esclavos de las colonias, que firmó como ponente de la comisión, y los dos informes de 1847 sobre Argelia, adonde había viajado en 1841 y en 1846.

El 27 de enero de 1848 dijo a la Cámara que dormían sobre un volcán, entre reclamaciones del hemiciclo. Un mes después caía la monarquía de Julio. Fue elegido a la Asamblea Constituyente, entró en la comisión que redactó la constitución de la Segunda República, aprobó la represión de las jornadas de junio y el 12 de septiembre habló contra la enmienda que quería inscribir el derecho al trabajo en el preámbulo; la enmienda se rechazó. De junio a octubre de 1849 fue ministro de Asuntos Exteriores en el gabinete de Odilon Barrot, justo en los meses en que el cuerpo expedicionario francés tomaba Roma y restauraba a Pío IX frente a la república de Mazzini. Se opuso al golpe de Luis Napoleón del 2 de diciembre de 1851: estuvo entre los diputados que se reunieron en la alcaldía del distrito X de París para votar la destitución del presidente, pasó unos días encerrado en Vincennes y salió de la política para siempre. Murió de tuberculosis el 16 de abril de 1859 en la villa Montfleury de Cannes, a los cincuenta y tres años, y está enterrado en el cementerio de Tocqueville, en la Mancha.

La obra

Su primer libro es el que justificaba el viaje: Du système pénitentiaire aux États-Unis et de son application en France (1833), firmado con Beaumont. Es un informe técnico real, no una coartada: compara los dos modelos carcelarios en disputa, el de Auburn y el de Filadelfia, y discute qué parte de su rendimiento es exportable a Francia. El reparto de tareas con Beaumont fue explícito y explica el perfil de lo que vino después: Beaumont se quedó con las costumbres y con la cuestión racial, que convirtió en la novela Marie, ou l'esclavage aux États-Unis (1835), y Tocqueville con las instituciones y con la estructura social que las sostiene.

De la démocratie en Amérique aparece en dos entregas separadas por cinco años, el primer volumen en 1835 y el segundo en 1840, y no vienen a resolver el mismo problema. El de 1835 se pregunta por qué funciona una república grande, y responde describiendo maquinaria: municipio, jurado, prensa, asociaciones, reparto federal de competencias. El de 1840 abandona casi por completo la descripción institucional para preguntarse qué le hace la igualdad de condiciones a las ideas, a los sentimientos y a las costumbres de un pueblo; por eso es más abstracto, y por eso se recibió con mucho menos entusiasmo. El interlocutor tampoco es el mismo en los dos casos, pero el adversario de fondo es doble y está declarado en la introducción: contra los legitimistas que creían posible desandar el camino, y contra los liberales satisfechos que solo veían progreso, Tocqueville escribe que hace falta una ciencia política nueva para un mundo nuevo, y confiesa haber escrito el libro entero bajo la impresión de una especie de terror religioso.

Hay un tercer Tocqueville que el canon dejó fuera durante más de un siglo y que hoy forma parte de cualquier bibliografía seria: el parlamentario. Ahí están el informe de 1839 sobre los esclavos de las colonias, redactado desde la tesis de que el problema no era ya demostrar la injusticia de la esclavitud sino organizar su final; el discurso de 1848 contra el derecho al trabajo; la parte económica y social del programa de la Jeune Gauche que redactó hacia 1846, con subida de salarios e impuesto progresivo; y sobre todo los dos informes de 1847 sobre Argelia. Estos últimos son el documento más incómodo de su obra y también el más instructivo, porque hacen las dos cosas a la vez: defienden la conservación de la colonia y levantan acta contable de lo que la conquista había destruido en la sociedad conquistada. El ensayo de 1841 en el que había ido más lejos, el Travail sur l'Algérie, no llegó a publicarlo en vida.

L'Ancien Régime et la Révolution (1856) es su segundo libro grande y el más metodológicamente moderno. Lo escribió trabajando en archivos administrativos, en particular los de la intendencia de Tours, lo que le convierte en un precursor incómodo de la historia social: no discute con los memorialistas, discute con expedientes fiscales y correspondencia de intendentes. Su tesis va contra las dos narraciones disponibles en su época, la contrarrevolucionaria que veía en 1789 una catástrofe llegada de fuera y la republicana que veía una ruptura total: la Revolución habría rematado la obra centralizadora de la monarquía en lugar de interrumpirla, y el estallido llegó no cuando la opresión era mayor sino cuando empezaba a aliviarse. Planeaba un segundo volumen sobre la Revolución misma que la muerte dejó a medias. Aparte, y sin intención de publicarlos, escribió en 1850 y 1851 los Souvenirs sobre 1848 y su paso por el ministerio, con el propósito declarado de mirarse a sí mismo y a sus contemporáneos sin adular a nadie; se imprimieron en 1893.

Cómo se le ha leído

El primer volumen fue un éxito europeo inmediato y el segundo se recibió con frialdad, y esa asimetría marcó su suerte póstuma: durante mucho tiempo se le leyó como el autor de un libro sobre Estados Unidos. En Francia se eclipsó después de 1859, entre otras cosas porque la Tercera República prefirió otras genealogías y porque su figura quedó asociada al aristócrata que votó con el partido del Orden en 1848. La resurrección vino por dos caminos distintos. Por el americano, donde las ediciones de mediados del siglo XX convirtieron La democracia en América en autorretrato nacional y, durante la Guerra Fría, en texto antitotalitario de referencia. Y por el francés, donde Raymond Aron lo devolvió al panteón de fundadores de la sociología en Les étapes de la pensée sociologique (1967) y François Furet usó L'Ancien Régime en Penser la Révolution française (1978) para desmontar la historiografía marxista de 1789.

Hoy lo reclaman a la vez tradiciones que no se hablan entre sí, y cada una se lleva un capítulo distinto. Los conservadores y libertarios anglosajones citan las páginas sobre el poder tutelar como anticipación de la crítica al Estado del bienestar. Los comunitaristas y la literatura del capital social se quedan con las páginas sobre asociaciones: Bowling Alone (2000), de Robert Putnam, es el caso más citado. La democracia cristiana subraya los capítulos sobre la religión como cemento social. Los partidarios de la descentralización administrativa, en Francia y fuera, se quedan con su crítica al centralismo. Esa disponibilidad universal no es casualidad ni oportunismo de los lectores: el libro es descriptivo antes que prescriptivo, está construido por bloques temáticos casi autónomos y su autor se propuso explícitamente guiar la democracia, no juzgarla, lo que deja mucho material utilizable a quien busque munición.

Las tergiversaciones documentadas son cuatro y conviene tenerlas a mano. La primera es una cita: la frase más repetida de Tocqueville en la vida pública estadounidense, según la cual América es grande porque es buena y dejará de ser grande cuando deje de ser buena, no está en su obra; procede de una tradición de literatura de púlpito rastreable al menos hasta 1886 y 1922, y se le atribuyó después, ya en el siglo XX, hasta llegar a discursos presidenciales. La segunda es la lectura libertaria, que no resiste el expediente completo: el mismo hombre que temía al poder tutelar redactó hacia 1846 un programa con subida de salarios e impuesto progresivo, firmó como ponente el informe abolicionista de 1839 y defendió prensa libre, asociaciones y gobierno local, mientras votaba con el partido del Orden y hablaba contra el derecho al trabajo. La tercera es reducir la tiranía de la mayoría a la aritmética electoral, cuando lo que describe es el imperio moral de la opinión sobre lo que se puede decir en voz alta. La cuarta es el expediente argelino: los informes parlamentarios se imprimieron en las obras completas del siglo XIX pero apenas se leyeron, y solo desde el artículo de Melvin Richter de 1963 y sobre todo desde la edición inglesa de Jennifer Pitts de 2001 forman parte del retrato estándar. Su interés no es servir de condena sumaria sino lo contrario: en el mismo informe en que pide conservar la colonia escribe que Francia había vuelto a la sociedad musulmana más miserable, más desordenada, más ignorante y más bárbara de lo que era antes de conocerla.

Fuentes de esta biografía · 5

  1. «At the end of the year 1831, whilst I was on the left bank of the Mississippi at a place named by Europeans, Memphis, there arrived a numerous band of Choctaws (or Chactas, as they are called by the French in Louisiana). These savages had left their country, and were endeavoring to gain the right bank of the Mississippi, where they hoped to find an asylum which had been promised them by the American government. It was then the middle of winter, and the cold was unusually severe; the snow had frozen hard upon the ground, and the river was drifting huge masses of ice.»

    Alexis de Tocqueville, Democracy in America, vol. I, cap. XVIII, «The Present And Probably Future Condition Of The Three Races» (1835), traducción inglesa de Henry Reeve fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  2. «Le régime qu'une révolution détruit vaut presque toujours mieux que celui qui l'avait immédiatement précédé, et l'expérience apprend que le moment le plus dangereux pour un mauvais gouvernement est d'ordinaire celui où il commence à se réformer.»

    Alexis de Tocqueville, L'Ancien Régime et la Révolution, libro III, cap. IV (1856), en Œuvres complètes publicadas por Madame de Tocqueville, vol. 4, Michel Lévy Frères, 1866 fuente

  3. «En prenant cette résolution, j'en ai pris une autre à laquelle je ne serai pas moins fidèle ; ces souvenirs seront un délassement de mon esprit et non point une œuvre de littérature. Ils ne sont retracés que pour moi seul. Cet écrit sera un miroir dans lequel je m'amuserai à regarder mes contemporains et moi-même, et non point un tableau que je destine au public.»

    Alexis de Tocqueville, Souvenirs, primera parte, cap. I, escrita en julio de 1850 en Tocqueville; publicados por el conde de Tocqueville, Calmann Lévy, 1893 fuente

  4. «Telle est, messieurs, ma conviction profonde; je crois que nous nous endormons à l'heure qu'il est sur un volcan (Réclamations), j'en suis profondément convaincu.»

    Alexis de Tocqueville, discurso pronunciado en la Cámara de los Diputados el 27 de enero de 1848, en la discusión del proyecto de respuesta al discurso de la Corona; Œuvres complètes, t. IX, Michel Lévy Frères, 1866, p. 526 fuente

  5. «America is great because America is good, and if America ever ceases to be good, America will cease to be great. [...] This has often been attributed to de Tocqueville's Democracy in America, but erroneously, according to "The Tocqueville Fraud" in The Weekly Standard (13 November 1995). This quote dates back to at least 1922 (Herald and Presbyter, September 6, 1922, p. 8).»

    Wikiquote, «Alexis de Tocqueville», sección Misattributed (consultada en agosto de 2026), que documenta la atribución falsa y sus antecedentes de 1886 y 1922 fuente

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Lib. civil · polo Libertad civilLa democracia en América · 1835

Liberal aristocrático y católico moderado. Su aportación específica: descubre que la democracia produce una nueva forma de despotismo, blando y omnipresente, que sofoca la individualidad sin necesidad de tiranos.

«Si se admite que un hombre con poder absoluto puede abusar de él agraviando a sus adversarios, ¿por qué no habría de incurrir la mayoría en el mismo reproche? Jamás invertiré voluntariamente en un grupo cualquiera de mis semejantes esa autoridad ilimitada que negaría a uno solo de ellos.»

Original: «If it be admitted that a man, possessing absolute power, may misuse that power by wronging his adversaries, why should a majority not be liable to the same reproach? I can never willingly invest any number of my fellow-creatures with that unlimited authority which I should refuse to any one of them.»

Sutileza / error común

Tocqueville no es demócrata radical ni libertario rural. Es aristócrata normando que acepta la democracia como hecho providencial irreversible, Y POR ESO MISMO la analiza con frialdad clínica. Su miedo no es a la dictadura militar prusiana, sino al «despotismo democrático» del vol. II (Cap. VI): un poder tutelar inmenso que infantiliza al ciudadano «para su propio bien». Teme al Estado de bienestar paternalista mucho antes de que existiera la palabra.

Territorial · polo Pluralismo / federalLa democracia en América · 1835

Aristócrata normando que viaja por EE.UU. en 1831. Diagnostica que la democracia americana funciona porque el poder se reparte verticalmente (municipio, condado, estado, federación) y horizontalmente (asociaciones civiles), conteniendo así la tiranía de la mayoría y el despotismo administrativo francés.

«La existencia y duración de las formas republicanas en el Nuevo Mundo dependen de la existencia y duración del sistema federativo. Se atribuye gran parte de las miserias en que están sumidos los nuevos Estados de la América del Sur a haber querido establecer allí grandes repúblicas en lugar de fraccionar la soberanía.»

Original: «L'existence et la durée des formes républicaines dans le Nouveau Monde dépendent de l'existence et de la durée du système fédératif.»

Sutileza / error común

Tocqueville distingue claramente DESCENTRALIZACIÓN ADMINISTRATIVA (que defiende y considera la fortaleza americana) de DESCENTRALIZACIÓN POLÍTICA / soberanía dividida (que juzga problemática y precaria, salvo cuando hay homogeneidad cívica suficiente). No es un confederalista soberanista al estilo Calhoun: cree en una nación común con vida local densa. Su crítica al centralismo francés es estructural: el jacobinismo prolonga la obra centralizadora de los Borbones.

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Alexis de Tocqueville también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

Sección 04

Por dónde
empezar.

La democracia en América

Alexis de Tocqueville · 1835 · Trotta

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