testpolitica / pensadores / condorcet

Referente del test

Nicolas de Condorcet.

1743-1794

Matemático, último filósofo de las Luces. La historia humana es una secuencia de etapas en las que la razón, la ciencia y la educación van liberando al hombre de la superstición y del despotismo. La tradición no es maestra; el progreso, sí.

La vida

Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat nació en Ribemont, en Picardía, el 17 de septiembre de 1743. El título de marqués venía de una señoría del Delfinado que la familia poseía desde el siglo XVI: era nobleza de provincias, sin fortuna ni peso en la corte. Su padre, Antoine de Caritat, oficial del regimiento de Barbançon acuartelado en el pueblo, murió el 22 de octubre de ese mismo año en unas maniobras en Alsacia, cuando el hijo tenía cinco semanas. Lo crió su madre, Marie Madeleine Catherine Gaudry, muy devota, que consagró al niño a la Virgen y lo vistió con ropa de niña hasta los nueve años. A esa edad, por intervención de un tío paterno obispo, pasó a manos de un preceptor jesuita, después al colegio de los jesuitas de Reims y finalmente al Collège de Navarre de París. El adulto que salió de ahí fue anticlerical toda su vida.

Su primera carrera fue la de matemático. En 1765, con veintidós años, publicó un trabajo sobre cálculo integral que d'Alembert y Bézout informaron con entusiasmo, y el 25 de febrero de 1769, con veinticinco, entró en la Académie royale des sciences apadrinado por d'Alembert, de quien acabó siendo discípulo, amigo y legatario universal. En 1773 lo eligieron adjunto del secretario perpetuo de la Academia, y el cargo traía consigo una obligación que resultó decisiva: redactar los elogios fúnebres de los académicos muertos. Fue escribiendo semblanzas de científicos difuntos como el matemático se convirtió en prosista, y como el prosista descubrió la historia de las ciencias que luego vertebraría su última obra.

De qué vivía es una pregunta con respuesta incómoda. En 1775 su amigo Turgot, entonces controlador general de finanzas, lo nombró inspector general de la Moneda. Condorcet se instaló en el Hôtel des Monnaies, que era a la vez su oficina y su casa, y allí llevó a su madre. Cuando Turgot cayó en 1776 presentó la dimisión, se la rechazaron, y siguió en el puesto hasta 1790. Es decir: durante los quince años en que escribió contra los privilegios, la esclavitud colonial y la intolerancia religiosa, su sueldo lo pagaba la administración real que la Revolución iba a desmontar. En 1782 entró en la Académie française, derrotando la candidatura de Bailly. En 1786, con cuarenta y dos años, se casó con Sophie de Grouchy, de veintidós, que abrió en el Hôtel des Monnaies un salón por el que pasaron Jefferson, Beccaria, Beaumarchais, Madame de Staël, Olympe de Gouges y Thomas Paine, con quien Condorcet hizo amistad. Grouchy no era la anfitriona decorativa del matrimonio: tradujo al francés la «Teoría de los sentimientos morales» de Adam Smith y sería después la editora de las obras de su marido. La única hija de ambos, Éliza, nació en mayo de 1790.

No fue diputado en los Estados Generales de 1789. Entró en política por el ayuntamiento de París en 1790, y se radicalizó rápido: tras la fuga del rey a Varennes, en junio de 1791, fue de los primeros en pedir la república, y con Paine y Achille du Chastellet sacó la hoja intermitente «Le Républicain», donde publicó un texto satírico proponiendo sustituir a la familia real por autómatas. Elegido a la Asamblea Legislativa, fue su secretario en octubre de 1791, vicepresidente en enero de 1792 y presidente de quincena del 5 al 19 de febrero. En abril de 1792 presentó el informe sobre la organización general de la instrucción pública. Después lo eligieron a la Convención cinco departamentos a la vez y ocupó el escaño por el Aisne. En el juicio a Luis XVI votó que era culpable de conspirar contra la libertad, pero se negó por principio a la pena de muerte y pidió la pena más dura del código por debajo de la ejecución. En febrero de 1793 presentó su proyecto de Constitución; en junio la Convención aprobó en su lugar el texto montañés de Hérault de Séchelles.

Entonces cometió el error que lo mató: publicó «Aux citoyens français, sur la nouvelle constitution», un ataque público al texto que había derrotado al suyo. El 8 de julio de 1793, a propuesta del montañés Chabot, la Convención decretó su arresto, y el 3 de octubre Amar lo incorporó al acta de acusación por el complot girondino. Avisado por su amigo Cabanis, se escondió nueve meses en casa de Rose Marie Boucher, viuda del escultor Vernet, en la calle des Fossoyeurs de París, hoy rue Servandoni. Fue allí, proscrito y sin esperanza de publicarlo, donde escribió el «Bosquejo». El 25 de marzo de 1794 abandonó el escondite para no comprometer a su protectora, pasó unos días oculto en las canteras de Clamart y fue detenido en una taberna del pueblo; el relato tradicional dice que se delató pidiendo una tortilla de doce huevos. Lo encerraron en la casa de detención de Bourg-de-l'Égalité, el antiguo Bourg-la-Reine, y dos días después apareció muerto en la celda, a finales de marzo de 1794. La causa nunca se estableció: se han propuesto el agotamiento, un edema pulmonar y un veneno que habría llevado en un anillo, y las fuentes ni siquiera coinciden en el día exacto. Lo enterraron en la fosa común de un cementerio que después se desafectó, así que el cuerpo se perdió. El féretro que el 12 de diciembre de 1989, en el bicentenario de la Revolución, entró en el Panteón de París junto a los de Grégoire y Monge, va vacío.

La obra

El «Essai sur l'application de l'analyse à la probabilité des décisions rendues à la pluralité des voix» (1785) no pregunta cómo elegir sino algo más raro: qué probabilidad hay de que una asamblea acierte. De ahí salen los dos resultados que llevan su nombre y que apuntan en direcciones contrarias. El teorema del jurado dice que si cada votante tiene algo más de una probabilidad entre dos de acertar y vota con independencia de los demás, la probabilidad de que la mayoría acierte crece hacia la certeza conforme crece el grupo: es un argumento epistémico a favor de decidir por mayoría, no simplemente un argumento de legitimidad. La paradoja dice que las mayorías pueden ser intransitivas, que A puede ganar a B, B a C y C a A, de modo que «lo que quiere la mayoría» puede sencillamente no existir. Su propuesta práctica, comparar los candidatos por pares, competía con la de Borda, cuyo recuento por puntos consideraba manipulable. Publicó el teorema y la paradoja en el mismo libro y no intentó disimular la tensión.

En 1781 publicó «Réflexions sur l'esclavage des nègres» firmado como «M. Schwartz, pastor del Santo Evangelio en Bienne», un suizo protestante inventado. La tabla de materias resume la posición sin rodeos: el capítulo VII sostiene que hay que destruir la esclavitud y que los amos no pueden exigir indemnización alguna. Pero el capítulo IX se titula «de los medios de destruir la esclavitud de los negros por grados», y el plan que contiene reparte la emancipación a lo largo de setenta años, con abolición inmediata solo de la trata. Presidió la Société des Amis des Noirs desde enero de 1789 y en 1790 llamó a la Declaración de agosto de 1789 «declaración de los derechos del hombre blanco». El argumento sobre las mujeres es literalmente el mismo argumento, y lo formuló primero en la segunda de las «Lettres d'un bourgeois de New Haven» (1787), un escrito contra el bicameralismo norteamericano, y después en «Sur l'admission des femmes au droit de cité», publicado en el Journal de la Société de 1789 el 3 de julio de 1790, dos años antes de la «Vindicación» de Wollstonecraft y un año antes de la Declaración de Olympe de Gouges. El texto no elogia a las mujeres: razona que los derechos derivan de ser un ser sensible capaz de adquirir ideas morales y de razonar sobre ellas, y que quien tiene esas facultades tiene los derechos, sin más examen.

Los «Cinco memorias sobre la instrucción pública» (1791) y el «Rapport et projet de décret sur l'organisation générale de l'instruction publique», presentado a la Asamblea Legislativa en abril de 1792, son la pieza de vida más larga. Su tesis no es que la escuela haga mejores a las personas, sino que sin ella la igualdad jurídica es papel: quien carece de conocimientos cae en dependencia real de quien los tiene, y esa dependencia no la corrige ninguna ley que declare libres a los dos. De ahí salen las piezas que todavía se discuten: instrucción gratuita, universal, escalonada, abierta a los dos sexos y, sobre todo, independiente de cualquier poder, incluido el gobierno que la financia, para que la enseñanza no se convierta en el vehículo de la doctrina de quien manda.

El «Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano» lo escribió escondido entre 1793 y 1794, y lo publicó su viuda en 1795. Divide la historia en nueve épocas y añade una décima sobre el futuro, y esa décima es la que importa: no es una profecía vaga sino una lista. Fin del saqueo colonial, igualdad entre los sexos, instrucción universal y, en un pasaje que hoy sorprende, un sistema de previsión para la vejez y la viudedad financiado agrupando los ahorros de quienes mueren antes de cobrarlos. Es decir, seguros sociales calculados con probabilidades, la misma herramienta del ensayo de 1785 aplicada al problema que él llama la causa necesaria de desigualdad y dependencia que amenaza a la clase más numerosa. En esa misma décima época escribe también que la población europea del nuevo mundo habrá de «civilizar o hacer desaparecer» a las naciones que aún ocupan vastas comarcas, pocas líneas después de enumerar los monopolios comerciales, las traiciones y el «desprecio sanguinario por los hombres de otro color o de otra creencia» de los europeos. Las dos frases son suyas y están en la misma obra.

Cómo se le ha leído

El primer gran lector de Condorcet fue un adversario, y le dedicó el libro entero. El «Ensayo sobre el principio de la población» de Malthus (1798) lleva a Condorcet en la portada, junto a Godwin, y consagra su capítulo octavo a refutar el «Bosquejo»: la tesis de que la población crece más deprisa que los alimentos se construyó como respuesta a la perfectibilidad indefinida. Malthus reconoce además que el libro se escribió bajo proscripción y lo trata no como la ocurrencia de un autor sino como el resumen de lo que pensaban los hombres de letras franceses al empezar la Revolución. Es un dato útil para calibrar su influencia: la demografía económica moderna nace de un intento de contestarle.

En el siglo XIX se lo anexionaron dos herederos incompatibles. Saint-Simon y Comte tomaron de él la idea de que la historia tiene leyes descubribles, y la Tercera República francesa convirtió su informe de 1792 en texto fundacional de la escuela pública y laica. De esa doble herencia salió también el ataque más serio: Hayek, en «La contrarrevolución de la ciencia», traza hasta él la genealogía del «cientificismo», la extensión del método de las ciencias naturales al estudio de la sociedad. Pero el matiz que suele caerse cuando se repite la acusación está en el propio Hayek, que concede que estos pensadores «no tenían ninguna duda sobre la legitimidad del método abstracto y teórico en el estudio de los fenómenos sociales, y eran todos individualistas convencidos», y que «pusieron en marcha sin quererlo líneas de pensamiento que produjeron opiniones sobre asuntos sociales muy distintas de las suyas». Leído así, Condorcet no es el autor de la tecnocracia: es su antepasado involuntario, que es una acusación bastante distinta.

El siglo XX recuperó al matemático. La teoría de la elección social puso su paradoja de 1785 en el centro, el teorema de imposibilidad de Arrow es su forma general, y el vocabulario de la disciplina es suyo: ganador de Condorcet, método de Condorcet, teorema del jurado. La Enciclopedia de Stanford lo llama, junto a Borda, uno de «los dos padres fundadores de la teoría del voto». La otra recuperación es la feminista: en julio de 1914 se convocó en París una manifestación sufragista al pie de su estatua del quai de Conti. Y quedan tres tergiversaciones frecuentes que conviene desmontar. La primera lo hace jacobino, cuando fue el ala radical de la Revolución la que decretó su arresto y murió declarado fuera de la ley. La segunda lee la perfectibilidad indefinida como promesa de progreso automático, cuando en su texto es condicional y depende de instrucción e instituciones: por eso pasó sus últimos años redactando planes de escuela y proyectos de Constitución, no esperando. La tercera consiste en escoger la mitad del «Bosquejo» que conviene, la anticolonial o la asimilacionista, cuando ambas están a pocas páginas de distancia y la ficha honesta es la que cita las dos.

Fuentes de esta biografía · 9

  1. «Ou aucun individu de l’espèce humaine n’a de véritables droits, ou tous ont les mêmes ; et celui qui vote contre le droit d’un autre, quels que soient sa religion, sa couleur ou son sexe, a dès lors abjuré les siens.»

    Condorcet, «Sur l’admission des femmes au droit de cité», Journal de la Société de 1789, núm. V, 3 de julio de 1790 (Œuvres, Didot, 1847, t. X, pp. 121-130). Fuente primaria. fuente

  2. «VII. Qu’il faut détruire l’eſclavage des Negres, & que leurs maitres ne peuvent exiger aucun dédommagement. […] IX. Des moyens de détruire l’eſclavage des Negres par degrés.»

    Condorcet (bajo el seudónimo «M. Schwartz, pasteur du Saint-Évangile à Bienne»), Réflexions sur l’esclavage des nègres, Neuchâtel, Société typographique, 1781, tabla de materias, capítulos VII y IX. Fuente primaria. fuente

  3. «Nos espérances sur l’état à venir de l’espèce humaine, peuvent se réduire à ces trois points importans : la destruction de l’inégalité entre les nations ; les progrès de l’égalité dans un même peuple ; enfin, le perfectionnement réel de l’homme.»

    Condorcet, Esquisse d’un tableau historique des progrès de l’esprit humain, Décima época (escrito 1793-1794, publicado póstumamente en 1795). Fuente primaria. fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  4. «l’homme qui, dans les actions de la vie commune, tombe, par le défaut de lumières, dans la dépendance d’un autre homme, peut-il se dire véritablement libre ?»

    Condorcet, «Sur la nécessité de l’instruction publique», en Cinq mémoires sur l’instruction publique (1791), Œuvres, Didot, 1847, t. VII, pp. 439-448. Fuente primaria. fuente

  5. «AN ESSAY ON THE PRINCIPLE OF POPULATION, AS IT AFFECTS THE FUTURE IMPROVEMENT OF SOCIETY WITH REMARKS ON THE SPECULATIONS OF MR. GODWIN, M. CONDORCET, AND OTHER WRITERS. […] Mr Condorcet's book may be considered not only as a sketch of the opinions of a celebrated individual, but of many of the literary men in France at the beginning of the Revolution.»

    Thomas Robert Malthus, An Essay on the Principle of Population, Londres, J. Johnson, 1798: portada y capítulo 8, dedicado íntegramente a refutar el «Esquisse». Fuente primaria de la recepción. fuente

  6. «But none of them had any doubt about the legitimacy of the abstract and theoretical method in the study of social phenomena, and they were all staunch individualists. […] But in some respects most of these men unwittingly started trains of thought which produced views on social matters very different from their own. This is particularly true of Condorcet.»

    F. A. Hayek, The Counter-Revolution of Science: Studies on the Abuse of Reason, parte II, cap. 1 («The Source of the Scientistic Hubris»), 1952, pp. 107-108. fuente

  7. «Next morning he was found dead on the floor. Whether he had died from suffering and exhaustion, from apoplexy or from poison, is an undetermined question.»

    «Condorcet, Marie Jean Antoine Nicolas Caritat, Marquis de», Encyclopædia Britannica, 11.ª ed., vol. 6, 1911. Esta edición fecha la detención el 7 de abril de 1794; las fuentes francesas modernas la sitúan el 27 de marzo y la muerte el 29. La discrepancia sigue sin resolverse. fuente

  8. «which came together in early 1788 in the newly created Société des Amis des Noirs [Society of the Friends of Blacks], of which Condorcet became president in January 1789»

    Karen Green y otros, «The History of Feminism: Marie-Jean-Antoine-Nicolas de Caritat, Marquis de Condorcet», Stanford Encyclopedia of Philosophy, publicado en 2009, revisión sustantiva de 11 de enero de 2022, sección 1. fuente

  9. «the two founding fathers of voting theory, Jean-Charles de Borda (1733–1799) and M.J.A.N. de Caritat, Marquis de Condorcet (1743–1794)»

    Eric Pacuit, «Voting Methods», Stanford Encyclopedia of Philosophy, sección 1 («The Problem: Who Should be Elected?»). fuente

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Tradición · polo ReformistaBosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano · 1795

Matemático, último filósofo de las Luces. La historia humana es una secuencia de etapas en las que la razón, la ciencia y la educación van liberando al hombre de la superstición y del despotismo. La tradición no es maestra; el progreso, sí.

«La perfectibilidad del hombre es realmente indefinida; los progresos de esa perfectibilidad, en adelante independientes de cualquier poder que quisiera detenerlos, no tienen más límite que la duración del globo en el que la naturaleza nos ha arrojado.»

Original: «La perfectibilité de l'homme est réellement indéfinie… les progrès de cette perfectibilité, désormais indépendants de toute puissance qui voudrait les arrêter, n'ont d'autre terme que la durée du globe où la nature nous a jetés.»

Sutileza / error común

Condorcet murió en una cárcel jacobina (Bourg-la-Reine, marzo de 1794), víctima de la misma Revolución cuyos ideales radicales había defendido. Esto lo coloca en una posición extraña: máximo profeta del progreso ilustrado, asesinado por revolucionarios «más radicales». Defendía el voto femenino y la abolición de la esclavitud cuando casi nadie lo hacía.

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Nicolas de Condorcet también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

Sección 04

Por dónde
empezar.

Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano

Marquis de Condorcet · 1795 · CEPC

Y tú

¿Estás más cerca de Nicolas de Condorcet de lo que crees?

Nueve ejes, cincuenta y cuatro preguntas, diecisiete partidos. Sin registro y sin servidor: tus respuestas no salen del navegador.

Hacer el test