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Referente del test

John Stuart Mill.

1806-1873

En el capítulo III de «On Liberty», Mill defiende la individualidad contra la presión homogeneizadora de la costumbre: una costumbre seguida solo por costumbre no educa ni mejora a nadie; la sociedad necesita «experimentos de vida» para progresar.

La vida

John Stuart Mill nació el 20 de mayo de 1806 en el número 13 de Rodney Street, en Pentonville, entonces un arrabal al norte de Londres. Era el mayor de los nueve hijos de Harriet Barrow y de James Mill, escocés formado en Edimburgo que se había instalado en Londres en 1802 y que llegaría a ser el aliado más próximo de Jeremy Bentham. La casa funcionaba como cuartel general del radicalismo filosófico: por allí pasaban Bentham, David Ricardo y Francis Place. El hijo no fue nunca a la escuela ni pisó la universidad. Toda su instrucción la dirigió el padre, con un objetivo declarado: fabricar al dirigente de la siguiente generación de radicales. «No recuerdo cuándo empecé a aprender griego; me han dicho que fue a los tres años», escribiría después. Latín a los ocho, edad a la que ya daba clase a sus hermanos pequeños. Antes de los catorce había leído a Heródoto, Tucídides, Platón, Demóstenes, Virgilio, Livio y Cicerón, y había empezado el cálculo diferencial. Francis Place, que se alojó con la familia en 1814, anotó que los niños estudiaban de seis a nueve y de diez a una, y pronosticó que aquel prodigio crecería huraño y egoísta. Creció además sin religión: no la abandonó, aclara en el «Autobiography», sencillamente nunca la tuvo.

En mayo de 1820, con catorce años, salió hacia Francia y se quedó hasta julio de 1821, alojado con la familia de sir Samuel Bentham cerca de Toulouse. Según su diario estudiaba nueve horas diarias. De aquel año salieron tres cosas duraderas: un francés impecable, un interés por la política francesa que ya no le abandonó y la botánica, que practicó como aficionado el resto de su vida. De vuelta en Londres leyó derecho romano con John Austin, fundó en el invierno de 1822 una pequeña «Sociedad Utilitarista» y, a los diecinueve años, editó en cinco volúmenes el «Rationale of Judicial Evidence» de Bentham, reordenando manuscritos, corrigiendo el estilo y añadiendo capítulos propios. El 21 de mayo de 1823 entró como escribiente en la oficina del Examinador de Correspondencia de la India, dentro de la Compañía de las Indias Orientales, a las órdenes directas de su padre y por treinta libras al año. Ese fue su empleo durante treinta y cinco años. Ascendió a auxiliar en 1828, quedó tercero de la oficina cuando James Mill murió en 1836 y en 1856 llegó a Examinador jefe, con dos mil libras anuales y la supervisión de toda la correspondencia con los gobiernos de la India salvo la militar, la naval y la financiera. Dicho sin rodeos: el autor de «On Liberty» redactaba de oficio los despachos con los que Londres administraba un territorio que carecía de gobierno representativo. Cuando el Parlamento liquidó la Compañía en 1858, tras la rebelión del año anterior, fue Mill quien escribió la petición con la que la propia Compañía se opuso a su extinción. Se retiró a finales de ese año con una pensión de mil quinientas libras y rechazó el asiento que le ofrecieron en el nuevo Consejo de la India. Él mismo defendía el empleo con un argumento práctico: a quien no tiene rentas propias, una oficina le da la estabilidad que el periodismo no da, y los libros que forman a los pensadores futuros tardan demasiado en escribirse y en pagarse.

En el otoño de 1826, con veinte años, se le vino abajo el edificio. Lo contó sin adornos: estaba «en un estado apagado de los nervios» y se le ocurrió preguntarse si la realización completa e instantánea de todos sus objetivos le haría feliz. Una irreprimible autoconciencia respondió con claridad que no, y con eso, escribe, cayó el suelo entero sobre el que había construido su vida. La depresión duró meses. Salió por dos vías que su educación no había previsto: unas páginas de las memorias de Marmontel y, sobre todo, la poesía de Wordsworth. La consecuencia intelectual fue permanente: dejó de ser un benthamiano ortodoxo y se propuso combinar la herencia ilustrada con lo que estaba aprendiendo de Coleridge, Carlyle y Goethe, y más tarde de Tocqueville, Comte y los sansimonianos. La física también: en 1836 sufrió un trastorno nervioso que le dejó un tic sobre un ojo para el resto de la vida.

Conoció a Harriet Taylor en 1830, en una cena. Él tenía veinticuatro años; ella, veintidós, y estaba casada con John Taylor, mayorista de drogas y hombre, según el propio Mill, honorable y afectuoso pero sin la conversación que ella necesitaba. Los tres llegaron a un arreglo por el que Mill la visitaba cuando el marido no estaba. La relación duró veinte años, escandalizó a su círculo, le enfrentó con su padre, le costó la ruptura con su madre y sus hermanas y le llevó a retirarse casi por completo de la vida social londinense. John Taylor murió en 1849 y se casaron en abril de 1851. Mill le atribuyó públicamente la coautoría de buena parte de su obra: «On Liberty» se escribió dos veces y luego se repasó entero de nuevo entre los dos, pesando cada frase. Harriet murió en Aviñón en noviembre de 1858, poco más de un mes después de la retirada de Mill de la Compañía, cuando viajaban hacia Montpellier. Él compró una casa junto al cementerio y pasó allí medio año de cada uno de los que le quedaron, con Helen Taylor, hija de Harriet, que sería su colaboradora y después su editora póstuma.

En 1865, unos electores de Westminster le ofrecieron presentarse. Aceptó con condiciones difíciles de imaginar hoy: no haría campaña, no gastaría un penique y no ocultaría ninguna de sus opiniones. Sostenía que cargar el gasto electoral al candidato equivale a venderle el escaño y que, además, deja fuera del Parlamento a quien no puede pagarlo. Pasó casi toda la campaña en su casa de Aviñón. Preguntado en un acto público si era cierto que había escrito que las clases trabajadoras inglesas mentían por costumbre, contestó que sí lo había escrito, y le aplaudieron. En los Comunes defendió la reforma agraria irlandesa y el sistema de Thomas Hare de representación proporcional, y sacó adelante dos causas impopulares: presentó en 1866 una petición por el sufragio femenino y en 1867 una enmienda al Reform Bill para suprimir las palabras que restringían el voto a los varones, que obtuvo 73 votos, más de 80 contando pares y escrutadores. Presidió además el Comité de Jamaica, que intentó llevar a juicio penal al gobernador Edward Eyre por la represión de Morant Bay. Los estudiantes de St Andrews le eligieron rector y allí pronunció su discurso de investidura el 1 de febrero de 1867. Perdió el escaño en 1868, volvió a Aviñón y murió allí el 7 de mayo de 1873; el «Dictionary of National Biography» lo data el día 8. Tres días antes había caminado quince millas en una excursión botánica. Está enterrado junto a Harriet.

La obra

El nombre se lo dio un libro de lógica, no uno de política. «A System of Logic, Ratiocinative and Inductive» (1843) lo empezó a comienzos de la década de 1830, lo abandonó cinco años ante el problema de la inducción, lo reescribió entero en 1841 y se lo rechazó un editor antes de que otro lo publicara. El problema que venía a resolver era si existe conocimiento independiente de la experiencia. Mill responde que no: toda verdad general, incluidas las de la matemática, se obtiene por inducción a partir de lo observado. El adversario tenía nombre, William Whewell primero y sir William Hamilton después, y la disputa no era académica. Si lo que llamamos intuiciones morales son en realidad asociaciones adquiridas, ninguna institución heredada puede defenderse alegando evidencia propia: tiene que argumentarse. Volvió sobre ello en «An Examination of Sir William Hamilton's Philosophy» (1865), el libro que dio a sus adversarios políticos la única cita que pudieron usar contra él: que no llamará bueno a un ser que no lo sea en el sentido en que aplica esa palabra a sus semejantes, y que si por negarse a ello puede ser condenado al infierno, al infierno irá.

«Principles of Political Economy, with Some of their Applications to Social Philosophy» (1848) fue durante décadas el manual con el que se enseñó economía en Inglaterra, y el subtítulo es lo que lo separa de un tratado ricardiano. Su movimiento estructural está al principio del Libro II: las leyes de la producción participan del carácter de las verdades físicas y no admiten elección, pero el reparto es otra cosa, «cuestión de institución humana exclusivamente». De ahí sale todo lo demás: la propiedad, la herencia, el régimen de la tierra y el reparto del producto no son hechos naturales, sino decisiones revisables. El libro cambió de una edición a otra, y él lo dejó dicho: en la primera las dificultades del socialismo se planteaban con tal dureza que el tono era de oposición, y entre 1848 y la tercera edición de 1852 leyó a los socialistas continentales y reescribió esa parte. En el invierno de 1846-47, en plena hambruna irlandesa, interrumpió la redacción seis meses para escribir en el «Morning Chronicle» a favor de crear pequeña propiedad campesina en las tierras baldías de Irlanda.

«On Liberty» empezó como un ensayo breve en 1854 y se convirtió en libro por una idea que, cuenta, se le ocurrió subiendo las escaleras del Capitolio en enero de 1855; la muerte de Harriet interrumpió la revisión final y se publicó en 1859 sin más cambios, dedicado a ella. Lo que no está en ese libro está en los dos siguientes. «Considerations on Representative Government» (1861) defiende el gobierno representativo y acto seguido propone un diseño incómodo para casi todos: voto plural, con más de un voto para quien acredite instrucción y en ningún caso para quien acredite dinero, porque «lo único que puede justificar contar la opinión de una persona como equivalente a más de una es la superioridad mental individual»; el sistema de Hare para dar representación a las minorías; y, contra la corriente de su tiempo, voto público en lugar de secreto. El argumento del voto abierto resume su idea de la ciudadanía mejor que ningún otro pasaje: el sufragio es poder sobre otros, y nadie puede tener un derecho a ejercer poder sobre otros para su uso y beneficio particular; es, en el sentido más fuerte del término, un encargo del que se responde. Por eso le parecía que el voto secreto enseñaba al elector la lección equivocada.

«Utilitarianism», publicado por entregas en el «Fraser's Magazine» en 1861 y como libro en 1863, defiende el principio de Bentham rompiéndolo por dentro: introduce diferencias de calidad, y no solo de cantidad, entre los placeres, de donde sale la frase más citada del libro, que más vale ser Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho. «The Subjection of Women» se escribió en 1861 y se guardó ocho años en un cajón para publicarlo cuando pareciera más útil. Su tesis abre el primer capítulo y es de principio, no de conveniencia: el principio que regula las relaciones entre los sexos, la subordinación legal de uno al otro, es malo en sí mismo, es uno de los principales obstáculos a la mejora humana y debe sustituirse por la igualdad perfecta, sin poder ni privilegio de un lado ni incapacidad del otro. Mill atribuyó a Harriet lo más penetrante de lo que en el texto era suyo y reconoció aportaciones de Helen Taylor en la versión de 1869. Fue el último libro que publicó en vida: Helen editó después el «Autobiography» (1873), los «Three Essays on Religion» (1874) y, en el «Fortnightly Review» de 1879, los borradores del libro sobre el socialismo que él había planeado en 1869 y no llegó a terminar.

Cómo se le ha leído

A Mill lo reclaman las dos tradiciones que se disputan la palabra «liberal», y los textos no le dan la razón a ninguna. En el «Autobiography» escribe que su ideal de mejora última los clasificaría a él y a su mujer «decididamente bajo la designación general de socialistas», y en los «Principles» sostiene que el reparto de la riqueza es institución humana y por tanto reformable. Pero los capítulos póstumos sobre el socialismo dedican decenas de páginas a demoler la versión centralizada del proyecto: administrar toda la industria de un país desde un único centro le parece quimérico, y advierte de que el principio que anima a demasiados socialistas revolucionarios es el odio. Lo que sí defiende es el ensayo gradual, porque la variante que empieza en una comunidad pequeña «puede ponerse en marcha progresivamente y demostrar sus capacidades mediante la prueba». Cooperativas de trabajadores, impuesto sobre la herencia, propiedad campesina y experimento verificable, no expropiación general. Quien lo cita como partidario puro del mercado tiene que saltarse el arranque del Libro II de los «Principles»; quien lo cita como socialista tiene que saltarse la mitad de los «Chapters on Socialism».

Desde los años noventa, Mill es pieza central de la literatura sobre liberalismo e imperio. Uday Singh Mehta (1999), Bhikhu Parekh y Jennifer Pitts (2005) leen su universalismo como un universalismo escalonado: la capacidad de gobernarse solo aparece en cierto estadio de civilización, de modo que el gobierno despótico de un pueblo sobre otro queda justificado como medio para la mejora del gobernado. La objeción es seria y se apoya en textos suyos, no en insinuaciones, y la escribió quien pasó treinta y cinco años en la Compañía. El expediente completo, sin embargo, no admite ninguna de las dos caricaturas. El mismo hombre presidió el Comité de Jamaica y sostuvo que lo que estaba en juego era si las dependencias británicas, y quizá la propia Gran Bretaña, iban a vivir bajo el gobierno de la ley o bajo licencia militar, y si la vida de los súbditos podía quedar a merced de dos o tres oficiales reunidos en un supuesto consejo de guerra por un gobernador presa del pánico. Le costó insultos y probablemente el escaño: al perderlo en 1868, el «Dictionary of National Biography» apunta como causas el asunto Eyre, su fama de político teórico y el haber costeado parte de los gastos electorales del ateo Charles Bradlaugh. Lo que el registro sostiene es un universalismo graduado que trató las instituciones representativas como conquista y no como derecho, y que aplicó esa vara tanto contra los funcionarios coloniales como contra el sufragio censitario británico.

La distorsión más extendida es de atribución. La frase que circula por medio mundo como de Edmund Burke, «lo único que necesita el mal para triunfar es que los buenos no hagan nada», no aparece en la obra de Burke; la formulación documentada más próxima es de Mill, en su discurso de investidura como rector de St Andrews el 1 de febrero de 1867: «a los hombres malos no les hace falta más para lograr sus fines que los hombres buenos miren y no hagan nada». Es el mismo tipo de error que atribuye a Voltaire la frase sobre defender a muerte el derecho a decir lo que uno detesta, que escribió Evelyn Beatrice Hall en 1906. La segunda distorsión es de recorte: «On Liberty» es su libro más citado y el menos leído entero, y el trozo que suele caerse es el que apunta contra la coacción social y no contra la legal, precisamente porque estorba a quien quiere a Mill como ariete exclusivo contra el Estado. Quedan tres debates abiertos que la ficha no puede cerrar y conviene no fingir cerrados. Si «On Liberty» es compatible con el utilitarismo que Mill nunca abandonó se discute al menos desde Isaiah Berlin y Gertrude Himmelfarb, sin acuerdo. Hasta dónde llega su feminismo también: «The Subjection of Women» fue texto fundacional del feminismo liberal y a la vez ha sido criticado, desde Susan Moller Okin en adelante, por dejar casi intacta la división doméstica del trabajo. Y cuánto de su obra escribió Harriet Taylor sigue sin dirimirse: él lo afirmó en términos que sus propios amigos consideraron desmedidos, y no hay manera de comprobarlo, porque lo que se disputa se produjo en veinte años de conversación.

Fuentes de esta biografía · 11

  1. «Now it was, and is, my fixed conviction, that a candidate ought not to incur one farthing of expense for undertaking a public duty. Such of the lawful expenses of an election as have no special reference to any particular candidate, ought to be borne as a public charge, either by the State or by the locality. What has to be done by the supporters of each candidate in order to bring his claims properly before the constituency, should be done by unpaid agency or by voluntary subscription. If members of the electoral body, or others, are willing to subscribe money of their own for the purpose of bringing, by lawful means, into Parliament some one who they think would be useful there, no one is entitled to object: but that the expense, or any part of it, should fall on the candidate, is fundamentally wrong; because it amounts in reality to buying his seat.»

    John Stuart Mill, «Autobiography», cap. VII, sobre su candidatura por Westminster, 1873 (póstumo) fuente · sostiene 5 pasajes de esta ficha

  2. «It is not so with the Distribution of Wealth. That is a matter of human institution solely. The things once there, mankind, individually or collectively, can do with them as they like.»

    John Stuart Mill, «Principles of Political Economy», Libro II, cap. I, §1 (1848; texto de la 7.ª ed., 1871) fuente

  3. «In whatever way we define or understand the idea of a right, no person can have a right (except in the purely legal sense) to power over others: every such power, which he is allowed to possess is morally, in the fullest force of the term, a trust.»

    John Stuart Mill, «Considerations on Representative Government», cap. X («Of the Mode of Voting»), 1861 fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  4. «It is better to be a human being dissatisfied than a pig satisfied; better to be Socrates dissatisfied than a fool satisfied. And if the fool, or the pig, is of a different opinion, it is because they only know their own side of the question. The other party to the comparison knows both sides.»

    John Stuart Mill, «Utilitarianism», cap. II («What Utilitarianism Is»), 1863 (Fraser's Magazine, 1861) fuente

  5. «I will call no being good, who is not what I mean when I apply that epithet to my fellow-creatures; and if such a being can sentence me to hell for not so calling him, to hell I will go.»

    John Stuart Mill, «An Examination of Sir William Hamilton's Philosophy», cap. VII, 1865 fuente

  6. «That the principle which regulates the existing social relations between the two sexes—the legal subordination of one sex to the other—is wrong in itself, and now one of the chief hindrances to human improvement; and that it ought to be replaced by a principle of perfect equality, admitting no power or privilege on the one side, nor disability on the other.»

    John Stuart Mill, «The Subjection of Women», cap. I, primer párrafo, 1869 (escrito en 1861) fuente

  7. «The former, too, has the great advantage that it can be brought into operation progressively, and can prove its capabilities by trial. It can be tried first on a select population and extended to others as their education and cultivation permit.»

    John Stuart Mill, «Chapters on Socialism» («The Difficulties of Socialism»), Fortnightly Review, 1879 (póstumo, ed. Helen Taylor) fuente

  8. «Let not any one pacify his conscience by the delusion that he can do no harm if he takes no part, and forms no opinion. Bad men need nothing more to compass their ends, than that good men should look on and do nothing.»

    John Stuart Mill, «Inaugural Address Delivered to the University of St. Andrews», 1 de febrero de 1867 fuente

  9. «In 1865, he was elected as the Member of Parliament for Westminster for the Liberal Party. In keeping with his views on distinction between representation and delegation, Mill declined to actively canvass for the seat—indeed, he remained, for most of the campaign, at his home in Avignon.»

    Macleod, Christopher, «John Stuart Mill», Stanford Encyclopedia of Philosophy, §1 («Life»), 2016 fuente

  10. «According to Uday Mehta, liberal imperialism was the product of the interaction between universalism and developmental history (1999). A core doctrine of liberalism holds that all individuals share a capacity for reason and self-government. The theory of developmental history, however, modifies this universalism with the notion that these capacities only emerge at a certain stage of civilization (McCarthy 2009).»

    Kohn, Margaret y Reddy, Kavita, «Colonialism», Stanford Encyclopedia of Philosophy, §3 («Liberalism and Empire») fuente

  11. «The Eyre business had given offence to some of his own party; the feeling against 'theoretical' politicians had been revived by his advocacy of Hare's scheme and other doctrines; and he shocked some supporters by subscribing to the election expenses of Bradlaugh, among other working-class candidates.»

    Stephen, Leslie, «Mill, John Stuart», Dictionary of National Biography, vol. 37, Londres, 1894 fuente

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Tradición · polo ReformistaSobre la libertad · 1859

faceta reformista

En el capítulo III de «On Liberty», Mill defiende la individualidad contra la presión homogeneizadora de la costumbre: una costumbre seguida solo por costumbre no educa ni mejora a nadie; la sociedad necesita «experimentos de vida» para progresar.

«El despotismo de la costumbre es en todas partes el obstáculo permanente al progreso humano, en antagonismo incesante con esa disposición a buscar algo mejor que lo acostumbrado, que se llama, según las circunstancias, espíritu de libertad, de progreso o de mejora.»

Original: «The despotism of custom is everywhere the standing hindrance to human advancement, being in unceasing antagonism to that disposition to aim at something better than customary, which is called, according to circumstances, the spirit of liberty, or that of progress or improvement.»

Sutileza / error común

Mill se incluye aquí solo por su faceta reformista en «On Liberty». El Mill completo es complejo: utilitarista, dudaba del sufragio universal sin educación, defendía la administración colonial india. Idealizarlo como progresista contemporáneo (LGTBI, multicultural) es anacronismo. Su defensa es la del individuo que se aparta de la mayoría, no la de la mayoría organizada que impone nueva ortodoxia.

Lib. civil · polo Libertad civilSobre la libertad · 1859

El manifiesto canónico del liberalismo civil. Formula el «harm principle» (principio de daño): el único motivo legítimo para que el Estado o la sociedad coaccione al individuo es impedir daño a terceros, nunca su propio bien.

«El único fin que autoriza a los hombres, individual o colectivamente, a interferir en la libertad de acción de cualquiera de ellos, es la propia protección. El único propósito para el que cabe ejercer legítimamente el poder sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada, contra su voluntad, es evitar daño a otros. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y mente, el individuo es soberano.»

Original: «The sole end for which mankind are warranted, individually or collectively, in interfering with the liberty of action of any of their number, is self-protection… Over himself, over his own body and mind, the individual is sovereign.»

Sutileza / error común

Mill restringe explícitamente el principio: «esta doctrina sólo se aplica a seres humanos en la madurez de sus facultades. No hablamos de niños... ni de esos estados atrasados de la sociedad en los que la raza misma puede considerarse en minoría de edad». Esa «cláusula colonial» (Mill trabajó toda su vida en la East India Company) es el punto débil más criticado del liberalismo milliano. Además, Mill defiende intervención estatal en educación obligatoria y rechaza el libertinaje moral: el harm principle protege la conducta autorreferente, no consagra el «todo vale».

Alcance en 2026

Mill formula el «harm principle» pensando en daño individual identificable y rastreable (un acto, un perjudicado). No vio vigilancia masiva digital, datos biométricos extraídos sin consentimiento, sesgos algorítmicos invisibles ni daños colectivos difusos como el climático. Aplicar el principio a la videovigilancia o al reconocimiento facial obliga a definir qué cuenta como «daño» cuando los efectos son estadísticos, anónimos y diferidos. La filosofía sigue siendo válida; la operacionalización a 2026 es trabajo abierto.

El texto fundacional de la libertad de expresión moderna. El capítulo II de «On Liberty» es la defensa canónica de que toda opinión debe poder expresarse, incluso la falsa, incluso la ofensiva.

«Si toda la humanidad menos una persona fuera de una opinión, y solo una persona fuera de la opinión contraria, la humanidad no estaría más justificada en silenciar a esa única persona de lo que ella, si tuviera el poder, estaría justificada en silenciar a la humanidad.»

Original: «If all mankind minus one, were of one opinion, and only one person were of the contrary opinion, mankind would be no more justified in silencing that one person, than he, if he had the power, would be justified in silencing mankind.»

Sutileza / error común

Mill no defiende la opinión por su valor sino por el procedimiento. Sus tres argumentos: (a) podemos estar equivocados y no lo sabremos sin oír al disidente, (b) incluso una opinión falsa fortalece la verdadera al obligar a defenderla, (c) la mayoría de las opiniones contienen una parte de verdad que se perdería si se silencian. Esto es lo que distingue al liberal real del partidario táctico de la libertad de expresión: Mill no exige que la opinión sea agradable, ni siquiera que sea probablemente correcta.

Alcance en 2026

Mill escribe antes de la prensa de masas industrial, antes de la radio, antes de la televisión, y mucho antes de las redes sociales y la coordinación algorítmica de odio. Su «debate público» tenía fricción: publicar costaba dinero y tiempo, replicar exigía esfuerzo simétrico, los lectores eran limitados. Hoy, la viralidad es asimétrica (un agravio circula órdenes de magnitud más que su rectificación), las plataformas amplifican lo controvertido por diseño económico y el anonimato permite acoso coordinado sin coste reputacional. Defender el principio milliano sigue siendo coherente; afirmar que sus condiciones de aplicación son las mismas que en 1859 no.

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que John Stuart Mill también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

Sección 04

Por dónde
empezar.

Sobre la libertad

John Stuart Mill · 1859 · Alianza Editorial

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