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Referente del test

Johann Gottfried Herder.

1744-1803

Filósofo y teólogo prusiano del prerromanticismo. Cada pueblo (Volk) tiene un espíritu (Volksgeist) propio que se expresa en su lengua, costumbres, poesía y leyes. La cultura humana no es una sino plural; cada nación es una flor irrepetible del jardín humano.

La vida

Nació el 25 de agosto de 1744 en Mohrungen, un pueblo de la Prusia Oriental que hoy es Morąg, en Polonia. La entrada que le dedicó Rudolf Haym abre con una fórmula, entrecomillada ya por él, que se ha quedado: una medianía oscura, aunque no indigente. El padre era hijo de un pequeño propietario llegado de Silesia; dejó el oficio de tejedor para hacer de campanero, cantor y maestro de escuela elemental. La madre, Anna Elisabeth Pelz, era hija de un herrero de la localidad. Johann Gottfried fue el tercero de cinco hijos y, muerto pronto un hermano menor, el único varón que sobrevivió. Con diecisiete años servía como famulus en casa del diácono Sebastian Friedrich Trescho, copiando y despachando manuscritos ajenos sin perspectiva de salir de ahí. La salida llegó por accidente: en el invierno de 1761 a 1762 acuarteló en Mohrungen un regimiento ruso que volvía de la Guerra de los Siete Años, y su cirujano se ofreció a llevarlo a Königsberg y enseñarle cirugía a cambio de trabajo literario, con la promesa de una carrera en San Petersburgo. Herder aceptó, y una vez en la ciudad desbarató el plan de su protector: el 10 de agosto de 1762 se matriculó en Teología.

En Königsberg consiguió plaza en el Collegium Fridericianum y se pagó los estudios dando clase en su internado. Su profesor fue Kant, entonces todavía un joven Magister que enseñaba geografía física y metafísica precrítica y que lo remitió a Hume y a Rousseau. Casi al mismo tiempo trabó amistad con Johann Georg Hamann, catorce años mayor, que lo introdujo en el inglés y en Shakespeare. Duró allí poco más de dos años: el 22 de noviembre de 1764, con veinte, salió hacia Riga como colaborador de la escuela de la catedral. Riga era ciudad libre bajo soberanía rusa y le sentó bien; en su discurso de toma de posesión la describió como la que, a la sombra de Rusia, es casi Ginebra. A la plaza de maestro le añadieron una de pastor adjunto creada a medida para retenerlo cuando en abril de 1767 lo llamaron de San Petersburgo. Entró en la logia masónica de la ciudad y publicó de forma anónima sus primeros libros. Fue también donde se metió en un lío del que no supo salir: atacó en los Kritische Wälder al filólogo Christian Adolph Klotz creyendo que el anonimato lo protegía, y al ser descubierto negó dos veces en público la autoría, lo que dejó a sus adversarios el flanco entero. A primeros de mayo de 1769 pidió al consejo de la ciudad la licencia para viajar.

Se embarcó el 25 de mayo, calendario juliano, sin saber a dónde iba; lo escribió así en la primera línea de su diario. Pensaba desembarcar en Copenhague, cambió de idea a bordo, siguió cuatro semanas más de travesía y tocó tierra el 15 de julio en Paimbœuf, camino de Nantes. Allí pasó meses aprendiendo francés y redactando el Journal meiner Reise im Jahr 1769, un ajuste de cuentas consigo mismo que no publicó y en el que se reprocha haberse convertido en un tintero de erudición y en un repositorio de papeles que solo sirve para el cuarto de estudio. En noviembre siguió a París, donde trató a d'Alembert y a Diderot, y en diciembre aceptó un empleo de preceptor y capellán de viaje del heredero del príncipe obispo de Lübeck. El puesto salió mal desde el principio. Lo importante ocurrió en las escalas: en Darmstadt conoció en el verano de 1770 a Caroline Flachsland, a quien se declaró por carta el día que cumplía veintiséis años, y el 4 de septiembre llegó a Estrasburgo para que el cirujano Lobstein le operase un ojo enfermo. El tratamiento fue largo, doloroso y finalmente inútil, y lo tuvo encerrado en una habitación de enfermo hasta la primavera de 1771. A esa habitación subía casi a diario un estudiante de veintiún años llamado Goethe, que décadas después contaría en Poesía y verdad que todo lo que Herder desarrolló luego estaba ya apuntado en aquellas semanas. Y de esa misma habitación salió, escrita en pocas semanas a finales de 1770, la memoria sobre el origen del lenguaje con la que se presentó al premio de la Academia de Berlín.

De 1771 a 1776 fue predicador principal y consejero consistorial del conde Wilhelm zur Lippe en Bückeburg, una corte diminuta donde se sintió aislado. Se casó con Caroline Flachsland el 2 de mayo de 1773, con Goethe entre los invitados, y el matrimonio le devolvió la capacidad de trabajo: casi todo lo que había quedado en borradores empezó a cerrarse a partir de esa fecha. En 1775 estuvo a punto de obtener una cátedra de Teología en Gotinga y una facción contraria lo impidió. El 1 de octubre de 1776 llegó a Weimar como Generalsuperintendente del clero luterano del ducado, cargo que consiguió en buena medida por gestión de Goethe y que conservó los veintisiete años que le quedaban de vida. Conviene retener el dato, porque explica el ritmo de su obra: Herder fue funcionario eclesiástico a jornada completa, con púlpito, consistorio, exámenes de ordenandos e inspección de escuelas. Escribió la filosofía alrededor del horario de oficina.

Los últimos años fueron de distanciamiento. La filosofía de Kant se convirtió en el idioma común de Weimar y Jena, primero a través de Schiller y luego, por Schiller, del propio Goethe; Herder, que ya había chocado con Kant a propósito de la reseña que este hizo de sus Ideas, la consideró enemiga de la religión y de la formación, y la atacó de frente en dos libros: la Metacrítica de la Crítica de la razón pura, en 1799, y la Kalligone contra la Crítica del Juicio, en 1800. Goethe dijo del primero que, de haberlo sabido a tiempo, le habría pedido de rodillas a su viejo amigo que lo suprimiera. En el otoño de 1801 el elector de Baviera lo elevó a la nobleza, un trámite ligado a la finca que su hijo Adalbert tenía en Stachesried. El invierno de 1802 a 1803 lo dedicó a poner en alemán un Cid. Enfermó al volver de un viaje oficial a Jena en mayo de 1803, se recuperó en el balneario de Eger y pasó tres semanas felices en Dresde; regresó a Weimar el 18 de septiembre, sufrió a mediados de octubre un ataque fulminante que lo dejó en cama y murió el 18 de diciembre de 1803, tras dos meses de agonía. Está enterrado en la iglesia municipal de Weimar bajo tres palabras: luz, amor, vida.

La obra

Su primer libro de peso son los Fragmentos sobre la literatura alemana reciente (Über die neuere deutsche Litteratur, 1766 y 1767, anónimos), continuados por los Bosques críticos (Kritische Wälder, 1769). El problema que venían a resolver era el de una literatura sin idioma propio: la alemana llevaba siglos imitando, primero al latín y después a los franceses y a los griegos, y para Herder la imitación era estéril porque la poesía oriental o la griega estaban condicionadas por una naturaleza, una religión y una lengua que no se pueden trasplantar. Contra la crítica normativa de su tiempo propuso otra cosa: que el crítico lea como amigo y auxiliar del autor, que se haga Pigmalión de su autor. Discutía con Klotz y con la escuela que medía cualquier obra por su distancia respecto de un modelo antiguo.

El Tratado sobre el origen del lenguaje (Abhandlung über den Ursprung der Sprache) contestaba a la pregunta que la Academia de Berlín había fijado para 1770: si los hombres, abandonados a sus facultades naturales, habrían podido inventarse el lenguaje. Ganó el premio y se publicó en 1772. Discutía a la vez con dos adversarios opuestos: con Johann Peter Süßmilch, que sostenía el origen divino de la lengua, y con Condillac y Rousseau, que la hacían derivar del grito animal o del pacto. La respuesta arranca con una frase famosa, que ya como animal el hombre tiene lenguaje, y sigue negando que ese lenguaje de gritos baste: lo que produce la palabra es la Besonnenheit, una atención reflexiva que no es una facultad añadida a las demás sino el modo humano de tenerlas todas. De ahí se deriva el resto de su obra, y por eso este libro técnico es la pieza que sostiene todo lo que después parece pura filosofía de la historia: si el pensamiento vive en la lengua, y las lenguas son irreductiblemente distintas, entonces los pueblos no piensan lo mismo con distinto acento, y no hay un metro único con el que ordenarlos.

Después vienen los libros que lo hicieron célebre. De la índole y el arte alemanes (Von deutscher Art und Kunst, 1773), escrito con Goethe, con sus ensayos sobre Shakespeare y sobre Ossian. También una filosofía de la historia (1774), publicado sin firma. Y las Canciones populares (Volkslieder), que tienen una historia editorial reveladora: la colección estaba lista para el impresor en 1773 y Herder la retiró en 1775 por miedo al juicio de los críticos de moda; la publicó al fin, empujado por su mujer y por Gleim, en dos tomos, mayo de 1778 y mayo de 1779. Lo que hacía era imprimir canciones alemanas junto a inglesas, escocesas, nórdicas, bálticas y de otros pueblos, sin jerarquía y sin notas que las excusaran. El argumento estaba en el índice antes que en el prólogo.

La obra mayor es Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad (Ideen zur Philosophie der Geschichte der Menschheit), cuatro partes entre 1784 y 1791. Empieza por la posición de la Tierra en el sistema solar y por la geología, sigue por la botánica y la zoología, llega al hombre como ser natural formado por el clima, el lugar y la lengua, y termina recorriendo los pueblos de Europa. En el libro VII rechaza de plano el concepto de raza, justo en los años en que Kant lo estaba fijando como término técnico. Cierra la carrera con dos libros mayores y dos polémicas: Dios. Algunas conversaciones (1787), sobre Spinoza; las Cartas para el fomento de la humanidad (Briefe zu Beförderung der Humanität), diez colecciones entre 1793 y 1797, escritas al calor de la Revolución francesa y donde está su pensamiento político maduro, liberal, republicano e igualitario; y la Metacrítica y la Kalligone contra Kant. Quedó a medias el décimo cuaderno de la Adrastea, la revista que él mismo redactaba.

Cómo se le ha leído

Su influencia real es mayor de lo que sugiere su fama. Hegel, Schleiermacher, Dilthey y Nietzsche desarrollan tesis suyas; Wilhelm von Humboldt y Friedrich Schlegel convierten sus ideas sobre la dependencia entre pensamiento y lengua en el arranque de la lingüística moderna, y por la misma vía queda en el origen de la antropología cultural; incluso el argumento de Mill a favor de la libertad de expresión le llega en parte a través de Humboldt. Hay además un efecto político directo y poco citado: el capítulo cuarto del libro XVI de las Ideas, dedicado a los pueblos eslavos, describe a unos pueblos pacíficos y laboriosos sometidos durante siglos por sus vecinos y anuncia que despertarán de su largo sueño y se librarán de sus cadenas. Ese capítulo, de la cuarta y última parte de las Ideas, aparecida en 1791, se convirtió en texto fundacional de los renacimientos nacionales checo, eslovaco y de otros pueblos eslavos del siglo XIX. Las Canciones populares, por su parte, abrieron el ciclo europeo de recolección de folclore que llega hasta los Grimm.

La captura de su nombre por el nacionalismo étnico tiene un mecanismo identificable. Fichte, en los Discursos a la nación alemana (1808), toma una tesis sobre la pluralidad de todos los pueblos y la convierte en una tesis sobre la misión de uno; la tradición völkisch del XIX y del XX lee después a Herder hacia atrás desde ahí. La clasificación llegó incluso a la bibliografía académica: Robert Reinhold Ergang tituló su monografía de 1931 Herder y los fundamentos del nacionalismo alemán, y Karl Popper lo incluyó en La sociedad abierta y sus enemigos (1945) en la misma línea. Lo que Herder escribió va en dirección contraria y se puede comprobar abriendo los libros. Las Ideas niegan que existan cuatro o cinco razas o variedades excluyentes sobre la Tierra. Las Cartas rechazan expresamente la noción de pueblo favorito y ponen la conquista colonial europea, con Cortés, Pizarro y Albuquerque nombrados uno a uno, en el mismo casillero moral que la noche de San Bartolomé. Sostener a la vez las dos cosas es la única lectura honesta: la apropiación fue real, y fue de sus apropiadores.

La rehabilitación tampoco salió limpia. Isaiah Berlin lo devolvió a la circulación en los años setenta, sobre todo con Vico and Herder (1976), pero al precio de un segundo malentendido: lo colocó en una Contrailustración irracionalista y atribuyó a Hamann lo mejor de sus tesis sobre el lenguaje. La investigación posterior lo ha desmontado en las dos mitades. Michael Forster documenta que Herder sostenía esas tesis a mediados de los años sesenta y que fue Hamann quien las recogió después, y sitúa su posición dentro de la Ilustración, discutiendo con ella y no contra ella; Sonia Sikka la llamó directamente relativismo ilustrado en 2011. El nombre que le da Forster es cosmopolitismo pluralista: igual respeto moral para todos los seres humanos, no a pesar de la diversidad de sus valores sino en parte por ella, frente al cosmopolitismo homogeneizador que da por supuesto que todos compartimos ya lo esencial. Queda un último detalle de recepción, casi cómico: los dos títulos por los que más se le cita no son suyos. Voces de los pueblos en canciones es el rótulo que Johann von Müller puso a las Volkslieder al reeditarlas después de su muerte, y su Cid, publicado completo en 1805 y que en España circula como si fuera Herder traduciendo el romancero, es la versión al metro del romance de una adaptación francesa en prosa, con piezas propias intercaladas.

Fuentes de esta biografía · 3

  1. «reisete ich aus Riga ab und den 25/5. ging ich in See, um ich weiß nicht wohin? zu gehen. Ein großer Theil unsrer Lebensbegebenheiten hängt würklich vom Wurf von Zufällen ab. So kam ich nach Riga, so in mein geistliches Amt und so ward ich deßelben los; so ging ich auf Reisen.»

    FUENTE PRIMARIA. Johann Gottfried Herder, Journal meiner Reise im Jahr 1769, capítulo 1, primeras líneas. La frase arranca con la data «Den 23 Mai/3 Jun.», con la fecha juliana vigente en Riga a la izquierda de la barra y la gregoriana a la derecha. Escrito en Nantes en 1769 y no publicado en vida. fuente

  2. «Herder: Johann Gottfried H. wurde am 25. August 1744 in dem ostpreußischen Städtchen Mohrungen „in einer dunklen, aber nicht dürftigen Mittelmäßigkeit“ geboren. Sein Vater, der Sohn eines aus Schlesien eingewanderten Ackerbürgers, versah, nachdem er das Weberhandwerk aufgegeben, den Dienst eines Glöckners, Cantors und Elementarlehrers»

    Rudolf Haym, artículo «Herder, Johann Gottfried», Allgemeine Deutsche Biographie, tomo 12, Leipzig, Duncker & Humblot, 1880, p. 56. Haym es autor de la biografía canónica en dos volúmenes, Herder nach seinem Leben und seinen Werken (Berlín, 1877 y ss.). fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  3. «Concerning international politics, Herder has often been classified as a “nationalist” or (perhaps even worse) a “German nationalist” (for example, by R.R. Ergang in Herder and the Foundations of German Nationalism [1931] and K.R. Popper in The Open Society and its Enemies [1945]). Some other philosophers from the period deserve such a characterization (for instance, Fichte). But where Herder is concerned it is deeply misleading and unjust.»

    Michael N. Forster, «Johann Gottfried von Herder», The Stanford Encyclopedia of Philosophy, sección 9 (Political Philosophy), revisión sustantiva del 19 de mayo de 2022. fuente · sostiene 3 pasajes de esta ficha

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Identitarismo · polo Identitarismo de mayoría (etnonacional)Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad · 1784

Filósofo y teólogo prusiano del prerromanticismo. Cada pueblo (Volk) tiene un espíritu (Volksgeist) propio que se expresa en su lengua, costumbres, poesía y leyes. La cultura humana no es una sino plural; cada nación es una flor irrepetible del jardín humano.

«Cada cual ama su país, sus costumbres, su lengua, su mujer, sus hijos; no porque sean los mejores del mundo, sino porque son absolutamente suyos, y se ama a sí mismo y a su propio esfuerzo en ellos.»

Original: «Every one loves his country, his manners, his language, his wife, his children; not because they are the best in the world, but because they are absolutely his own.»

Sutileza / error común

Herder NO era nazi anacrónicamente. Era pluralista cosmopolita ilustrado, defensor del valor de cada cultura FRENTE al imperialismo cultural ilustrado francés que despreciaba las lenguas vernáculas. Era anti-imperialista, anti-esclavista, defensor de las pequeñas naciones (eslavos, bálticos). Pero su Volksgeist se convirtió en la base teórica del nacionalismo cultural alemán del XIX (Fichte) y, en deriva ulterior, del etnonacionalismo blut-und-boden. Esa apropiación es real pero es lectura POSTERIOR Y SELECTIVA.

Internacional · polo SoberanistaTambién una filosofía de la historia para la educación de la humanidad · 1774

Sostiene que cada pueblo (Volk) tiene su propio espíritu (Volksgeist), su lengua, sus formas de vida y su propio centro de gravedad de felicidad: no hay una vara universal de civilización, hay pluralidad irreductible de mundos culturales.

«Cada nación tiene su propio centro de gravedad de la felicidad en sí misma, igual que cada esfera tiene su propio centro de gravedad.»

Original: «Jede Nation hat ihren Mittelpunkt der Glückseligkeit in sich, wie jede Kugel ihren Schwerpunkt!»

Sutileza / error común

Herder no era racista biológico ni antisemita. Defendía explícitamente la igual dignidad de pueblos no europeos contra el eurocentrismo ilustrado de su época, criticaba el imperialismo europeo y celebraba la diversidad lingüística y cultural como un bien. Su «pluralismo cultural» fue después secuestrado por nacionalismos étnicos del siglo XIX y XX (especialmente el völkisch alemán) que él habría rechazado: no defendía sangre, defendía cultura compartida (lengua, tradición, formas de vida). Citarlo como precursor directo del nazismo es injusto históricamente; ignorar que su léxico fue después reapropiado es ingenuo. Isaiah Berlin lo defendió en el siglo XX como pluralista crítico contra el monismo ilustrado, no como nacionalista étnico.

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Johann Gottfried Herder también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

Sección 04

Por dónde
empezar.

Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad

Johann G. Herder · 1784 · Losada

También una filosofía de la historia para la educación de la humanidad

Johann G. Herder · 1774 · Espuela de Plata / Tecnos

Y tú

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