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Referente del test

Juan Donoso Cortés.

1809-1853

Extremeño, diplomático y diputado moderado. Evoluciona del liberalismo doctrinario (años 1830) al catolicismo absolutista tras el shock de 1848. Tesis teológico-política: todo error político procede de un error teológico previo. La negación de Dios produce la negación del orden social; sólo el catolicismo restaura la jerarquía.

La vida

Juan Francisco María de la Salud Donoso Cortés nació el 6 de mayo de 1809 en Valle de la Serena, un pueblo de la comarca pacense de La Serena, y nació allí por accidente. Los ejércitos de Napoleón acababan de entrar en Extremadura y sus padres, hacendados acomodados de Don Benito que se tenían por descendientes de Hernán Cortés, huían hacia la heredad familiar de Valdegamas cuando su madre, «acometida en medio del campo por los primeros síntomas de su alumbramiento», hubo de ser llevada al pueblo más próximo. Lo bautizaron con el nombre de la virgen venerada en aquella parroquia, Nuestra Señora de la Salud. A los once años, en 1820, con el Trienio Liberal recién abierto, entró en la Universidad de Salamanca a estudiar filosofía; un curso después pasó al Colegio de San Pedro de Cáceres y de allí a Sevilla, donde se licenció en Derecho tras cinco años compaginando el estudio con la poesía romántica (su ensayo épico El cerco de Zamora cierra el tomo quinto de sus obras). Su albacea literario, Gabino Tejado (Gavino en la portada de la edición de 1854), que no era testigo hostil, dejó escrito que el escolar se hizo notable en la universidad por la exaltación de sus opiniones y de su conducta, que se pertrechó de miliciano nacional de caballería y que en aquellos años recorrió «desde la Enciclopedia hasta Benjamin Constant». En 1829, con veinte años, volvió a Cáceres a ocupar la cátedra de literatura del mismo colegio de humanidades donde había estudiado.

Su vida privada se cerró casi antes de empezar. Se casó en Cáceres en 1830 con Teresa García Carrasco, de una de las familias más ricas de Extremadura; la única hija del matrimonio murió a los dos años y la madre poco después. Viudo antes de cumplir los treinta y sin descendencia, no volvió a casarse y no dejó línea directa. Para entonces vivía ya en Madrid, donde se había instalado en 1832 y donde publicó una memoria sobre la situación de la monarquía defendiendo la sucesión femenina; al año siguiente entró en la secretaría de Estado y con ello en la carrera política y burocrática que lo sostuvo el resto de su vida. Nunca vivió de escribir: vivió de la administración, de la corte y de una hacienda familiar considerable.

El cursus honorum es el de un moderado bien colocado. Secretario del gabinete y de la presidencia del Consejo con Mendizábal en 1836; diputado por Cádiz desde 1837; en 1840 marchó a Francia con la regente María Cristina, de quien fue hombre de confianza y agente durante el exilio; de vuelta en 1843, caído Espartero, diputado por Badajoz por el Partido Moderado; secretario particular de la reina Isabel II; marqués de Valdegamas y vizconde del Valle; académico de número de la Real Academia Española; presidente del Ateneo de Madrid. Lo que nunca fue es ministro, y explicó por qué en la misma intervención parlamentaria que lo hizo célebre: «Yo he nacido para comprenderlos, no he nacido para imitarlos», dijo de los dictadores, y añadió que le eran imposibles por igual «condenar la dictadura y ejercerla», de modo que se declaraba «incapacitado de gobernar». Es un dato biográfico que suele caerse de las antologías que lo citan como teórico del mando.

El giro de su pensamiento tiene fecha y tiene causa doméstica. En 1847 murió su hermano Pedro María, y ese otoño publicó en El Faro sus artículos sobre Pío IX, que su editor consideró «línea divisoria de las dos épocas de su vida intelectual». Años después contó por carta cómo lo vivió, en un texto que Tejado reprodujo en la noticia biográfica: tuvo un hermano «á quien ví vivir y morir», y de ahí salió una conversión que no atribuye al argumento sino al afecto, «No le amaba, y Dios ha querido que le ame». En febrero de 1848, días antes de que estallara la revolución de París, publicó en dos volúmenes una colección escogida de sus escritos encabezada por una advertencia en la que se declaraba resuelto «á seguir de hoy mas nuevos derroteros y rumbos en las ciencias sociales y políticas», y presentaba el libro como el «término de una época importantísima de su vida». Tejado se apoyó en esa cronología para responder a quienes explicaban al Donoso católico por el susto de las barricadas: la colección «se publicó antes de la revolucion de febrero», y lo que la revolución hizo fue «confirmar sus creencias». Dos meses más tarde entraba en la Academia con un discurso sobre la Biblia que, como reconoció su propio editor, era más teológico que literario.

Los últimos cuatro años los pasó fuera de España. Entre 1849 y 1851 representó a Madrid en Berlín, donde escribió las cartas políticas sobre la situación de Prusia y donde, según contaría después Carl Schmitt, se topó de frente con el hegelianismo. En ese intervalo pronunció sus dos grandes discursos parlamentarios: el de la dictadura, el 4 de enero de 1849, y el de la situación general de Europa, el 30 de enero de 1850. El 30 de diciembre de 1850 volvió a la tribuna para atacar al gabinete de Narváez, del que le separaba, dijo, que atendiera antes a los intereses materiales de la sociedad que a los morales; el gobierno cayó quince días después y él perdió buena parte del crédito que tenía dentro de su propio partido. En noviembre de 1851 fue nombrado embajador en París ante Luis Napoleón. Sus biógrafos describen esos años finales como de devoción intensa: peregrinaciones, visitas a cárceles y barrios pobres, donativos cuantiosos. Murió en la embajada de París el 3 de mayo de 1853, de una dolencia cardiaca, tres días antes de cumplir cuarenta y cuatro años, con una polémica teológica sobre su libro todavía abierta; Tejado, que era parte interesada, escribió que aquel litigio «fué funesto para el reposo y para la vida de nuestro embajador». Entre 1854 y 1855 publicó sus obras en cinco volúmenes.

La obra

Hay dos bibliografías de Donoso y conviene no confundirlas. La primera es la del publicista liberal de los años treinta: la memoria de 1832 sobre la monarquía, las Consideraciones sobre la diplomacia (1834), el estudio sobre la ley electoral (1835), los Principios constitucionales aplicados al proyecto de ley fundamental (1837) y, sobre todo, las Lecciones de derecho político que dictó en el Ateneo de Madrid en 1836. El título de la quinta lección resume por sí solo dónde estaba entonces: «Identidad de los dos principios reaccionarios, la soberanía del pueblo y el derecho divino de los reyes». Su blanco no era la democracia ni la monarquía por separado, sino la omnipotencia de cualquiera de las dos, porque la única garantía frente a un poder omnipotente sería la infalibilidad, y ni pueblos ni reyes son infalibles. La alternativa que proponía era la soberanía de la inteligencia, es decir, el gobierno de los más capaces, en la línea de los doctrinarios franceses que leía (Royer-Collard, Guizot): los más inteligentes tienen derecho a gobernar porque solo ellos ofrecen «una garantía proporcionada al poder de que se hallan revestidos». De este periodo son también sus trabajos literarios, como el artículo El clasicismo y el romanticismo (1838), y la polémica de 1839 con Pellegrino Rossi sobre los doctrinarios.

La segunda bibliografía cabe casi entera en cuatro años. Los discursos parlamentarios de 1849 y 1850 se imprimieron como folletos y se tradujeron al francés, al alemán y al italiano, y son la pieza por la que se le conoce fuera de España. El de la dictadura no es un ensayo sino una réplica a Manuel Cortina, jefe de la oposición progresista, y avanza en tres tiempos que él mismo enumera (la dictadura como verdad en el orden racional, como hecho en el orden histórico y como hecho en el orden divino). Su bisagra es una ley que enuncia como si fuera física: cuando sube el termómetro religioso baja el de la represión política, y al revés. De ahí sale el cierre que se cita mucho y se cita mal, porque circula recortado justo antes de la frase que lo matiza: si la elección fuese entre libertad y dictadura, dice, votaría por la libertad como todos los presentes; lo que sostiene es que a esas alturas la elección real era otra, entre «la dictadura de la insurrección y la dictadura del Gobierno». De sus cartas políticas sobre Francia, escritas desde París en 1851 y 1852, procede además la fórmula que más recorrido ha tenido en teoría política: la de las «clases discutidoras», derrotadas por «las clases rudas».

El Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, considerados en sus principios fundamentales (Madrid, 1851) lo escribió en París, animado por el periodista ultramontano Louis Veuillot, para cuya Biblioteca Nueva de escritores católicos lo prometió. Se editó ese mismo año en francés, al año siguiente en italiano y más tarde en inglés. No es un tratado político sino una obra de tres libros construida por comparación de dogmas: expone una tesis católica y coloca al lado la solución liberal y la socialista para el mismo problema (el mal, la providencia y la libertad, la solidaridad, el sacrificio). Discute con destinatarios concretos, y el primero es Proudhon, a quien cita en la primera página. Su reproche al liberalismo no es que se equivoque, sino que se niegue a decidir: es una escuela «que nunca dice afirmo ni niego, y que á todo dice distingo», y su interés supremo consiste en que nunca llegue el día de las afirmaciones o las negaciones definitivas. Consciente de que se metía en terreno ajeno, Donoso hizo revisar la parte dogmática por un teólogo de la escuela benedictina de Solesmes antes de publicar, y lo dejó dicho en la advertencia del propio libro. No le bastó.

La última pieza mayor es la Carta al cardenal Fornari sobre el principio generador de los más graves errores de nuestros días, fechada en París el 19 de junio de 1852. No fue una iniciativa suya: el cardenal se lo había pedido por carta en mayo, y él acotó de entrada el encargo advirtiendo que tomaría los errores contemporáneos «mas bien por el lado de sus aplicaciones, que por el de su naturaleza y orígen», y que su condición de seglar le obligaba a recusar su propia competencia en materia de dogma. El argumento es el de siempre en él, condensado en un encadenamiento: negado Dios, «fuente y orígen de toda autoridad», se sigue la negación de toda autoridad, la doméstica con la religiosa y la política con las dos. Roma pidió memorias parecidas a varios autores católicos de la época, y ese expediente suele vincularse con los trabajos que desembocaron en el Syllabus de 1864.

Cómo se le ha leído

La primera recepción fue una pelea, y no vino de sus adversarios liberales sino de dentro de la Iglesia. Su propio editor lo reconoce sin rodeos: de las censuras que recibió el Ensayo, «las mas señaladas por su violencia y crudeza» fueron las que el presbítero P. Gaduel, vicario general de Orleans, publicó en la revista francesa L'Ami de la Religion durante enero y febrero de 1853. Le acusaba de triteísmo al explicar la Trinidad, de hacer a Dios autor del pecado y de privar al hombre de razón y de libre albedrío. Donoso estaba en una posición imposible, porque un embajador no podía sostener en público una polémica dogmática con un sacerdote, y respondió elevando querella y demanda de desagravio a la Santa Sede, recordando que el libro había corrido «libremente por el mundo católico» y estaba impreso en Foligno, en los propios estados pontificios, con la aprobación de un asistente de la Inquisición y del obispo de aquella diócesis. El examen eclesiástico seguía abierto cuando murió; el libro nunca fue condenado. Semanas antes de su muerte, en abril de 1853, La Civiltà Cattolica publicó un juicio elogioso pero matizado que explicaba sus excesos por su modo de reaccionar ante una sociedad «trabajada por la duda», que le habría llevado a vigorizar «su innata propension á la certeza, á la afirmacion, al dogmatismo». Desde el flanco liberal, Albert de Broglie lo había impugnado en la Revue des Deux Mondes el 1 de noviembre de 1852, y Donoso le contestó dos semanas después en una carta que quedó inédita hasta la edición de sus obras. Su sillón de la Academia lo heredó Rafael María Baralt, que aprovechó el discurso de ingreso para elogiarlo y objetarle a la vez.

El Donoso que hoy se lee fuera de España lo puso en circulación Carl Schmitt. El capítulo cuarto de Politische Theologie (1922) lo sitúa, junto a Maistre y Bonald, en la línea de la filosofía contrarrevolucionaria del Estado, y le atribuye la definición de la burguesía como «clase discutidora», la clase que traslada toda la actividad política al plano de la conversación en la prensa y el parlamento y que, por eso mismo, «queda sentenciada». De ahí sale la fórmula que Schmitt convirtió en consigna: «la dictadura es lo contrario de la discusión». Conviene saber qué conserva y qué descarta esa lectura. Schmitt se queda con la decisión y prescinde de la providencia, que en Donoso es la viga maestra: donde el español ve a Dios sacando el bien del mal a lo largo de la historia, el alemán ve una teoría de la soberanía. Y el propio Schmitt concede que la objeción teológica de Gaduel tenía razón cuando reprochaba a Donoso «su exageración del mal natural y la indignidad del hombre», aunque le parezca que el crítico no entendió que aquello era una decisión política y no una elaboración dogmática. Schmitt volvió sobre él toda su vida, hasta dedicarle un libro entero en 1950, y su nazismo posterior tiñó retrospectivamente la lectura de un autor muerto ochenta años antes.

En España la posguerra lo reeditó y lo reclamó, y su nombre entró en la genealogía que el régimen se construyó, junto al de Balmes y al de Menéndez Pelayo. De ahí viene la etiqueta que todavía arrastra. Lo que defiende es una monarquía católica y la autoridad del papado, no un partido de masas, ni una nación racial, ni una religión política del Estado, y sus adversarios explícitos son Proudhon y el liberalismo doctrinario del que él mismo venía. La cita de la dictadura del sable circula recortada justo antes de la frase que la matiza y sin el pasaje en que declara que no aceptaría gobernar. La distorsión simétrica es la de quien lo despacha como pura reacción y no repara en que su diagnóstico (que el liberalismo aplaza indefinidamente la decisión sobre el fundamento, y que la pregunta por ese fundamento no desaparece por no formularla) ha sido tomado en serio por lectores que rechazan de plano sus conclusiones. Hoy se le lee en dos circuitos que apenas se hablan: el académico, en los estudios sobre teología política y sobre Schmitt, y el militante, en la derecha tradicionalista y posliberal de Europa y América, que lo cita en eslogan. Queda un tercer Donoso, minoritario y menos incómodo, que es el prosista: el orador que entró en la Academia diciendo de la Biblia que es «libro prodigioso aquél, señores, en que el género humano comenzó a leer treinta y tres siglos ha, y con leer en él todos los días, todas las noches y todas las horas, aún no ha acabado su lectura».

Fuentes de esta biografía · 6

  1. «Así, señores, la cuestión […] no está entre la libertad y la dictadura; si estuviera entre la libertad y la dictadura, yo votaría por la libertad, como todos los que nos sentamos aquí. Pero la cuestión es esta, y concluyo […] se trata de escoger entre la dictadura de la insurrección y la dictadura del Gobierno […] yo escojo la dictadura del Gobierno, como menos pesada y menos afrentosa […] se trata de escoger, por último, entre la dictadura del puñal y la dictadura del sable; yo escojo la dictadura del sable, porque es mas noble.»

    Juan Donoso Cortés, Discurso sobre la dictadura, Congreso de los Diputados, 4 de enero de 1849 (párrafo final). Los corchetes marcan los puntos en que la transcripción de Wikisource conserva la puntuación espaciada del folleto de 1849. fuente · sostiene 3 pasajes de esta ficha

  2. «no siendo infalibles los pueblos, les negamos la omnipotencia […] no siendo infalibles los reyes, negamos la omnipotencia á los reyes […] los mas inteligentes tienen derecho á gobernar, porque solo los mas inteligentes ofrecen una garantía proporcionada al poder de que se hallan revestidos.»

    Juan Donoso Cortés, Lecciones de derecho político pronunciadas en el Ateneo de Madrid (1836), en Obras de Don Juan Donoso Cortés, ed. Gavino Tejado, Madrid, 1854, t. I, pp. 203-204. La cita se ha copiado del texto OCR del ejemplar digitalizado; se han rehecho los cortes de palabra a final de renglón ("omnipo-/tencia" a "omnipotencia") y los corchetes marcan los puntos donde el escaneo intercala números de página, el sello de la biblioteca o las comillas marginales que la edición de 1854 repite al principio de cada línea de las citas largas. fuente · sostiene 5 pasajes de esta ficha

  3. «Esta obra ha sido examinada en su parte dogmática por uno de los teólogos de mas renombre de Paris, que pertenece á la gloriosa escuela de los Benedictinos de Solesme. El autor se ha conformado […] en la redaccion definitiva de su obra, con todas sus observaciones.»

    Advertencia del autor a la primera edición del Ensayo (Madrid, 1851), reproducida en la advertencia del editor de Obras, ed. Gavino Tejado, Madrid, 1854, t. IV, p. 5. fuente · sostiene 5 pasajes de esta ficha

  4. «Supuesta la negacion de Dios, fuente y orígen de toda autoridad, la lógica exige la negacion de la autoridad misma, con una negacion absoluta: la negacion de la paternidad universal lleva consigo la negacion de la paternidad doméstica; la negacion de la autoridad religiosa lleva consigo la negacion de la autoridad política. Cuando el hombre se queda sin Dios, luego al punto el súbdito se queda sin Rey, y el hijo se queda sin padre.»

    Juan Donoso Cortés, Carta al eminentísimo señor cardenal Fornari sobre el principio generador de los más graves errores de nuestros días, París, 19 de junio de 1852, en Obras, ed. Gavino Tejado, Madrid, 1855, t. V, p. 185 y ss. fuente · sostiene 3 pasajes de esta ficha

  5. «Abbe Gaduel, who criticized Donoso Cortes from the standpoint of dogma, was therefore right when he voiced misgivings about his exaggeration of the natural evil and unworthiness of man. Yet it was certainly not right to have overlooked the fact that for Donoso Cortes this was a religious and political decision of colossal actuality, and not just the elaboration of dogma.»

    Carl Schmitt, Political Theology. Four Chapters on the Concept of Sovereignty (Politische Theologie, 1922), cap. 4, «On the Counterrevolutionary Philosophy of the State», trad. George Schwab. fuente · sostiene 3 pasajes de esta ficha

  6. «Libro prodigioso aquél, señores, en que el género humano comenzó a leer treinta y tres siglos ha, y con leer en él todos los días, todas las noches y todas las horas, aún no ha acabado su lectura.»

    Juan Donoso Cortés, Discurso académico sobre la Biblia, discurso de ingreso en la Real Academia Española, 16 de abril de 1848. fuente

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Religión · polo ConfesionalEnsayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo · 1851

Extremeño, diplomático y diputado moderado. Evoluciona del liberalismo doctrinario (años 1830) al catolicismo absolutista tras el shock de 1848. Tesis teológico-política: todo error político procede de un error teológico previo. La negación de Dios produce la negación del orden social; sólo el catolicismo restaura la jerarquía.

«Cuando el termómetro religioso está subido, el termómetro de la represión política está bajo; y cuando el termómetro religioso está bajo, el termómetro político, la represión política, la tiranía está alta. Esta es una ley de la humanidad, una ley de la historia.»

Original: «Cuando el termómetro religioso está subido, el termómetro de la represión política está bajo…»

Sutileza / error común

Leer a Donoso como «facha avant la lettre» es anacronismo. Es un teorema teológico-político serio del XIX, formado en Hegel, Bonald y Maistre, leído atentamente por Carl Schmitt («Politische Theologie», 1922). Su evolución 1838→1849 es una conversión documentada, no una pose. Su tesis: el liberalismo es metafísicamente inestable porque ha vaciado el fundamento religioso de la legalidad. O se restaura la religión, o se cae en la dictadura del puñal o del sable.

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Juan Donoso Cortés también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

En el polo opuesto

En la misma tradición

Sección 04

Por dónde
empezar.

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo

Juan Donoso Cortés · 1851 · BAC / Encuentro

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