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Referente del test

Thomas Jefferson.

1743-1826

Radicaliza a Locke: la conciencia es soberana frente al gobierno civil. La religión queda en el foro privado del individuo, y el Estado se autolimita a regular acciones, no creencias. Es la versión secesionista de la separación, no la combatiente francesa.

La vida

Nació el 13 de abril de 1743 en Shadwell, una plantación del condado de Albemarle, en el borde occidental de la colonia británica de Virginia: territorio de frontera, tabaco y trabajo esclavo, a varias jornadas de camino de Williamsburg. Su padre, Peter Jefferson, era plantador y agrimensor sin estudios formales que se hizo leído por su cuenta y levantó con Joshua Fry el primer mapa fiable de Virginia; murió el 17 de agosto de 1757, cuando Thomas tenía catorce años, y le dejó en herencia las tierras en las que había nacido. Su madre, Jane Randolph, procedía de una de las familias más antiguas y mejor situadas de la colonia. Conviene fijar ese punto de partida porque explica media biografía: Jefferson no llega a la propiedad de personas esclavizadas por una decisión adulta, nace dentro de ella.

Entró en el College of William & Mary en la primavera de 1760 y cursó dos años. Él mismo señaló como el golpe de suerte que fijó su destino al escocés William Small, profesor de matemáticas y el primero que dio en aquel colegio lecciones regulares de ética y retórica, que lo introdujo en la ciencia y la filosofía moral de la Ilustración británica y lo recomendó al despacho del jurista George Wythe. Con Wythe estudió derecho cinco años, hasta su admisión al foro en 1767, y de él heredaría después la biblioteca. Desde 1769 representó a Albemarle en la Cámara de Burgueses. Los libros fueron una constante costosa: la primera biblioteca ardió con la casa de Shadwell en 1770; la segunda llegó a cerca de 6.500 volúmenes y la vendió al gobierno federal en 1815 por 23.950 dólares para reconstruir la Biblioteca del Congreso que las tropas británicas habían incendiado el año anterior; todavía juntó una tercera de unos dos mil antes de morir.

Se casó con Martha Wayles Skelton el 1 de enero de 1772. Ella murió el 6 de septiembre de 1782, a los treinta y tres años, agotada por seis embarazos de los que solo dos hijas llegaron a la edad adulta; él tenía treinta y nueve y no volvió a casarse. La herencia de su suegro, el abogado y tratante de esclavos John Wayles, llegó en 1774 y le duplicó el patrimonio: tierras, deudas y personas, entre ellas la familia Hemings. Sally Hemings, nacida en esa casa, era medio hermana de su esposa. Las cifras están en sus propios libros de granja y permiten medirlo sin adjetivos: cuarenta y una personas esclavizadas anotadas por él en 1774, alrededor de un centenar viviendo en Monticello en cualquier momento dado, unas seiscientas a lo largo de toda su vida, de las que heredó cerca de ciento setenta y cinco y vendió alrededor de ciento diez por razones económicas.

Su carrera pública ocupa medio siglo y no fue una línea ascendente. Delegado de Virginia en el Segundo Congreso Continental desde junio de 1775, redactó a los treinta y tres años el borrador de la Declaración de Independencia. Como gobernador de Virginia entre 1779 y 1781 le tocó la invasión británica: huyó de Richmond ante las tropas de Benedict Arnold y de Monticello ante la caballería de Banastre Tarleton, y la Asamblea abrió una investigación sobre su conducta que terminó absolviéndolo, aunque la humillación lo apartó de la política un tiempo. Fue ministro en Francia entre 1785 y 1789, donde presenció el arranque de la Revolución; secretario de Estado con Washington de 1790 a 1793, enfrentado a Alexander Hamilton en una pelea que acabó fundando el primer sistema de partidos del país; y vicepresidente con John Adams de 1797 a 1801, cargo desde el que redactó en secreto las Resoluciones de Kentucky contra las Actas de Extranjería y Sedición de su propio gobierno. Presidió el país de 1801 a 1809: compra de Luisiana en 1803, expedición de Lewis y Clark, guerra contra los estados berberiscos, prohibición de la trata atlántica de esclavos aprobada en 1807 con efecto desde enero de 1808, y un embargo comercial en 1807 que hundió el comercio del noreste y hubo de derogarse al final del mandato.

Se retiró a Monticello en 1809. Desde 1812 mantuvo con John Adams catorce años de correspondencia, tras más de una década sin dirigirse la palabra. Su último proyecto fue la Universidad de Virginia, autorizada por la asamblea en 1819 y abierta en 1825: diseñó los edificios, eligió al profesorado y el plan de estudios y colocó en el centro del campus una biblioteca en lugar de una capilla, que era lo habitual en los colegios estadounidenses de la época. Murió el 4 de julio de 1826, a los ochenta y tres años, el mismo día que John Adams y en el quincuagésimo aniversario de la Declaración. Murió también arruinado: sus bienes y las personas que esclavizaba salieron a subasta pública desde 1827 y Monticello se vendió en 1831. En el testamento liberó a cinco hombres, todos de la familia Hemings; a otros los había manumitido o dejado marchar antes. El epitafio lo escribió él y enumera tres cosas: autor de la Declaración de Independencia, autor del Estatuto de Virginia para la Libertad Religiosa y padre de la Universidad de Virginia. No menciona la presidencia.

La obra

El texto que lo hizo conocido fue A Summary View of the Rights of British America (1774), unas instrucciones redactadas para los delegados de Virginia que se publicaron sin su permiso. Su argumento era más radical que el corriente aquel año: no discutía si el Parlamento británico gravaba bien o mal a las colonias, sino que le negaba jurisdicción alguna sobre ellas, unidas al imperio solo por la persona del rey. Discutía, por tanto, contra la doctrina de la soberanía parlamentaria ilimitada que Blackstone acababa de codificar. Dos años después, la Declaration of Independence (1776) traslada eso a un documento de dos mitades desiguales: un preámbulo breve de filosofía política de linaje lockeano (verdades autoevidentes, derechos inalienables, poder derivado del consentimiento, derecho a abolir el gobierno que los destruye) y una lista larga de agravios concretos contra Jorge III. El Congreso le tachó pasajes, y el que más pesa lo contó él mismo en 1821: la cláusula que condenaba la esclavización de africanos se eliminó «por complacencia hacia Carolina del Sur y Georgia».

Notes on the State of Virginia es el único libro que publicó en vida, y ni siquiera lo escribió con esa intención. Nació de un cuestionario que el secretario de la legación francesa, François Barbé-Marbois, repartió en 1780 entre las antiguas colonias; Jefferson redactó su respuesta entre 1781 y 1782, la imprimió en privado en París en 1785 y consintió una edición pública en Londres en 1787 al enterarse de que circulaba una traducción francesa defectuosa. Es un inventario ilustrado de ríos, minerales, plantas, leyes y costumbres, y su adversario declarado es Buffon, que había sostenido que el clima americano degeneraba a las especies. Contiene además los dos pasajes que lo persiguen desde entonces, y que solo se entienden leídos juntos: en la Query XVIII describe lo que la esclavitud hace a los amos y escribe que tiembla por su país cuando reflexiona que Dios es justo; en la Query XIV avanza «solo como sospecha» que los negros son inferiores a los blancos en dotes de cuerpo y de mente. Mismo libro, pocas páginas de distancia.

Buena parte de su obra no son libros sino leyes. Entre 1776 y 1779 dirigió con Wythe y Edmund Pendleton la revisión completa del código de Virginia: ciento veintiséis proyectos destinados a desmontar la arquitectura jurídica colonial. De ahí salieron la abolición de los mayorazgos y de la sustitución fideicomisaria, que sostenían la transmisión indivisa de las grandes plantaciones; un plan de instrucción pública general que la asamblea no llegó a aprobar; una reforma del código penal inspirada en Beccaria; y el proyecto de ley para el establecimiento de la libertad religiosa, redactado en 1777 y aprobado por fin en enero de 1786 gracias a la maniobra parlamentaria de James Madison. Ese texto discute contra la Iglesia anglicana establecida en Virginia y contra el impuesto general de sostenimiento de cultos que defendía Patrick Henry, y su argumento central es fiscal antes que teológico: obligar a alguien a financiar la propagación de opiniones que no comparte es «pecaminoso y tiránico».

Lo demás está disperso en unas diecinueve mil cartas conservadas, que son su género real. Dos merecen mención aparte. En la del 6 de septiembre de 1789 a Madison plantea si una generación puede obligar a la siguiente y responde que no: «la tierra pertenece en usufructo a los vivos», de modo que ni las deudas públicas ni las constituciones deberían sobrevivir a quienes las contrajeron, y propone calcular ese plazo con tablas de mortalidad en unos diecinueve años. Es la posición contraria a la que Burke defendería poco después, la constitución como contrato entre los vivos, los muertos y los que están por nacer. En su borrador de las Resoluciones de Kentucky (1798) sostiene que los estados, como partes del pacto federal, pueden declarar nulo un acto que exceda los poderes delegados. Y en privado, hacia 1820, recortó con navaja ejemplares de los evangelios en cuatro lenguas para componer The Life and Morals of Jesus of Nazareth: dejó la enseñanza moral y suprimió los milagros y la resurrección. No lo publicó, no lo enseñó y no se difundió hasta décadas después de su muerte.

Cómo se le ha leído

Ningún personaje de la historia política estadounidense ha sido reclamado por más bandos enfrentados, y casi siempre citando textos distintos del mismo autor. Los partidarios de la nulificación en Carolina del Sur y, más tarde, los estados confederados se apoyaron en las Resoluciones de Kentucky, donde había escrito que ante poderes no delegados «la nulificación del acto es el remedio legítimo». Los abolicionistas y Lincoln se apoyaron en la Declaración: en 1859 Lincoln escribió que «los principios de Jefferson son las definiciones y axiomas de la sociedad libre», y esa lectura de «todos los hombres son creados iguales» como promesa aún incumplida es la que desemboca en Gettysburg. El New Deal lo adoptó como antecesor del gobierno popular frente al poder financiero y Franklin D. Roosevelt inauguró en 1943 el monumento que lleva su nombre en Washington, en el bicentenario de su nacimiento. El liberalismo antiestatal estadounidense lo adoptó a su vez como emblema del gobierno mínimo. Merrill Peterson dedicó un libro entero a esa cadena de apropiaciones sucesivas, The Jefferson Image in the American Mind (1960).

El giro decisivo de las últimas tres décadas es la cuestión Hemings. Que Jefferson tenía hijos con Sally Hemings, mujer a la que esclavizaba, se publicó ya en 1802 en la prensa de Richmond de la mano del periodista James Callender, panfletista antes a sueldo del propio Jefferson y despechado por no obtener un cargo. La historiografía profesional lo descartó durante siglo y medio, tratando el testimonio de los descendientes de Hemings como interesado y el de los descendientes blancos como fiable. Fawn Brodie reabrió el asunto en 1974; Annette Gordon-Reed rehízo en 1997 el análisis de las fuentes y expuso el criterio desigual con que se habían pesado; y en noviembre de 1998 Nature publicó el estudio de haplotipos del cromosoma Y dirigido por Eugene Foster, que descartaba la paternidad sobre Thomas Woodson y aportaba «evidencia de que él fue el padre biológico de Eston Hemings Jefferson». La Fundación Thomas Jefferson, que gestiona Monticello, lo trata desde 2018 como asunto zanjado. La consecuencia es que la contradicción entre el texto y la vida dejó de poder administrarse como nota al pie: en octubre de 2021, la comisión de diseño público de Nueva York votó retirar de la sala de plenos del ayuntamiento la estatua que llevaba allí más de un siglo.

Se le tergiversa hoy de tres maneras recurrentes. La primera es leerlo como laicista de combate a la manera francesa. Su ley de Virginia se abre invocando a «Dios Todopoderoso» y, según su propio relato, la asamblea rechazó por amplia mayoría insertar «Jesucristo» en el preámbulo, precisamente para que el amparo alcanzara «al judío y al gentil, al cristiano y al mahometano, al hindú y al infiel de toda denominación»: el objetivo era ensanchar la protección, no expulsar la religión del espacio público. La segunda es convertirlo en abolicionista frustrado o en esclavista sin matices, cuando el registro documental sostiene las dos cosas a la vez y él mismo lo formuló sin escapatoria en 1820, a propósito del compromiso de Misuri: «tenemos al lobo cogido por las orejas, y ni podemos sujetarlo ni soltarlo sin peligro. La justicia está en un platillo y la autoconservación en el otro». La tercera es la cita apócrifa, que en su caso es una industria. «El mejor gobierno es el que menos gobierna» no es suya: es el lema de la United States Magazine and Democratic Review, acuñado por su director John L. O'Sullivan en 1837, y se le atribuye porque Thoreau lo citó como jeffersoniano en su ensayo sobre la desobediencia civil. En cambio sí es suya, en una carta de noviembre de 1787 a William Stephens Smith escrita al calor de la rebelión de Shays, la frase sobre el árbol de la libertad que debe regarse de vez en cuando con sangre de patriotas y tiranos, que ha tenido después carrera propia en el activismo armado estadounidense. Comprobar cuál es cuál cuesta poco: su archivo está digitalizado casi entero y es de acceso libre.

Fuentes de esta biografía · 7

  1. «We hold these truths to be self-evident: That all men are created equal; that they are endowed by their Creator with certain unalienable rights; that among these are life, liberty, and the pursuit of happiness; that, to secure these rights, governments are instituted among men, deriving their just powers from the consent of the governed; that whenever any form of government becomes destructive of these ends, it is the right of the people to alter or to abolish it, and to institute new government, laying its foundation on such principles, and organizing its powers in such form, as to them shall seem most likely to effect their safety and happiness.»

    Thomas Jefferson, Declaration of Independence, 4 de julio de 1776, segundo párrafo. Fuente primaria. fuente

  2. «Indeed I tremble for my country when I reflect that God is just: that his justice cannot sleep for ever: that considering numbers, nature and natural means only, a revolution of the wheel of fortune, an exchange of situation, is among possible events: that it may become probable by supernatural interference! The Almighty has no attribute which can take side with us in such a contest.»

    Thomas Jefferson, Notes on the State of Virginia (redactado 1781-1782, impreso en 1785), Query XVIII, «Manners». Fuente primaria. fuente · sostiene 3 pasajes de esta ficha

  3. «that to compel a man to furnish contributions of money for the propagation of opinions which he disbelieves, is sinful and tyrannical; that even the forcing him to support this or that teacher of his own religious persuasion, is depriving him of the comfortable liberty of giving his contributions to the particular pastor, whose morals he would make his pattern»

    Thomas Jefferson, A Bill for Establishing Religious Freedom, sección 1 (redactado en 1777, aprobado por la Asamblea General de Virginia en 1786). Fuente primaria. fuente

  4. «an amendment was proposed, by inserting the word "Jesus Christ," so that it should read "a departure from the plan of Jesus Christ, the holy author of our religion." The insertion was rejected by a great majority, in proof that they meant to comprehend, within the mantle of it's protection, the Jew and the Gentile, the Christian and Mahometan, the Hindoo, and infidel of every denomination.»

    Thomas Jefferson, Autobiography, 6 de enero de 1821, sobre la tramitación de la ley de libertad religiosa de Virginia. Fuente primaria. fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  5. «I set out on this ground, which I suppose to be self evident, "that the earth belongs in usufruct to the living": that the dead have neither powers nor rights over it. The portion occupied by an individual ceases to be his when himself ceases to be, and reverts to the society.»

    Thomas Jefferson, carta a James Madison, 6 de septiembre de 1789 (Papers 15:392-397). Fuente primaria, reproducida en The Founders' Constitution, cap. 2, doc. 23. fuente

  6. «But as it is, we have the wolf by the ears, and we can neither hold him, nor safely let him go. Justice is in one scale, and self-preservation in the other.»

    Thomas Jefferson, carta a John Holmes, 22 de abril de 1820, sobre el compromiso de Misuri. Fuente primaria. fuente

  7. «in cases of an abuse of the delegated powers, the members of the General Government, being chosen by the people, a change by the people would be the constitutional remedy; but, where powers are assumed which have not been delegated, a nullification of the act is the rightful remedy»

    Thomas Jefferson, borrador de las Resoluciones de Kentucky, octubre de 1798. Fuente primaria: el texto en que se apoyarían los nulificadores de Carolina del Sur y, después, la Confederación. fuente

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Religión · polo SecularLetter to the Danbury Baptist Association · 1802

Radicaliza a Locke: la conciencia es soberana frente al gobierno civil. La religión queda en el foro privado del individuo, y el Estado se autolimita a regular acciones, no creencias. Es la versión secesionista de la separación, no la combatiente francesa.

«Creyendo con ustedes que la religión es un asunto que reside únicamente entre el Hombre y su Dios, contemplo con soberana reverencia aquel acto del pueblo americano entero que declaró que su legislatura no haría «ley alguna respecto al establecimiento de una religión, ni prohibiendo el libre ejercicio de la misma», construyendo así un muro de separación entre la Iglesia y el Estado.»

Original: «Religion is a matter which lies solely between Man & his God… building a wall of separation between Church & State.»

Sutileza / error común

La frase «wall of separation between Church and State» NO aparece en la Constitución ni en la Primera Enmienda. Aparece en una carta privada de 1802 a los Bautistas de Connecticut (que pedían a Jefferson protección frente a la mayoría congregacionalista). Fue la Corte Suprema la que canonizó la metáfora como doctrina constitucional («Reynolds» 1879, «Everson» 1947). Jefferson era deísta personal, no ateo militante: defiende la separación para PROTEGER la religión del Estado, no para extinguirla.

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Thomas Jefferson también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

En la misma tradición

Sección 04

Por dónde
empezar.

Carta a los Bautistas de Danbury

Thomas Jefferson · 1802

Y tú

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