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Referente del test

Thomas Paine.

1737-1809

Inglés autodidacta, panfletista de la Independencia americana y defensor de la Revolución Francesa contra Burke. Para Paine, la herencia política es absurda: ningún parlamento puede atar a la posteridad, cada generación funda su gobierno por la razón.

La vida

Thomas Paine nació el 29 de enero de 1737 en Thetford, en el condado inglés de Norfolk, hijo de un corsetero cuáquero y de una madre anglicana. Su padre le prohibió aprender latín, que era la puerta de entrada a la educación de la época, y a los doce años salió de la escuela para aprender el oficio del padre: coser ballenas de corsé. No pisó una universidad. En la adolescencia se escapó dos veces de casa para embarcarse; la primera lo interceptaron, la segunda se enroló en el corsario «King of Prussia». Esa biografía de artesano manual, única entre los grandes nombres de la discusión política del siglo XVIII, explica una decisión de estilo que resultó decisiva: escribe sin citas clásicas, sin latín y con frases construidas para leerse en voz alta en una taberna a gente que no sabe leer.

En diciembre de 1762 entró en el cuerpo de excise, la inspección de impuestos indirectos. En agosto de 1765 lo expulsaron (la versión tradicional dice que por certificar mercancía que no había inspeccionado; investigación reciente apunta a que denunció irregularidades) y readmitido tras pedirlo por escrito, en 1768 obtuvo destino en Lewes, en la costa sur. Allí se hizo socio del club de debate local, el Headstrong Club, se instaló en casa de un estanquero y en 1771 se casó con su hija, Elizabeth Ollive; se había casado antes, en 1759, con Mary Lambert, muerta al año siguiente de parto. En 1772 viajó a Londres a defender ante el Parlamento la petición de subida de sueldo de los inspectores. Volvió a Lewes para encontrarse despedido del cuerpo, con el matrimonio roto y el negocio en venta; la separación le dejó 400 libras. Con cartas de presentación de Benjamin Franklin, a quien había conocido en Londres, embarcó en abril de 1774 y llegó a Filadelfia en noviembre, tan enfermo de fiebres que lo bajaron a tierra en brazos. Tenía treinta y siete años y había fracasado en todo lo que había intentado.

En Filadelfia lo contrató el librero Robert Aitkin para dirigir el «Pennsylvania Magazine», y en el otoño de 1775, animado por Benjamin Rush, empezó el panfleto que le cambió la vida. En diciembre de 1776, durante la retirada de Washington cruzando el Delaware, el primer «Crisis» se leyó en voz alta a la tropa por orden del propio comandante, y su frase de arranque se adoptó como contraseña en el asalto a Trenton. Terminada la guerra sirvió en distintos puestos para el Congreso y para la asamblea de Pensilvania, la asamblea de Nueva York le concedió una granja en New Rochelle y el Congreso le votó 3.000 dólares. Después dedicó años a la ingeniería: diseñó un puente de hierro capaz de salvar grandes luces sin pilas intermedias, llevó una maqueta de madera a París en 1787 y en mayo de 1790 se levantó un modelo de hierro de 110 pies en un descampado cerca de Paddington. Se consideraba inventor tanto como escritor.

La respuesta a Burke lo devolvió a la política y lo dejó sin país. En mayo de 1792 la corona abrió causa contra él por libelo sedicioso; el juicio se celebró en Londres el 18 de diciembre de 1792 con el fiscal general Sir Archibald Macdonald leyendo su libro al jurado, Paine ausente y una condena de proscripción. Ya estaba en Francia: en el verano de 1792 había sido elegido diputado a la Convención Nacional por el departamento del Paso de Calais, cargo que aceptó sin hablar apenas francés. En el proceso a Luis XVI pidió el destierro en lugar de la guillotina, y el 15 de enero de 1793 argumentó ante la Convención que Francia, primera nación europea en abolir la realeza, debía ser la primera en abolir la pena de muerte; cuatro días después, cuando volvió a pedir clemencia, Marat lo interrumpió para sostener que un cuáquero era incompetente para votar sobre una pena capital. La orden de arresto llegó el 27 de diciembre de 1793: camino de la cárcel entregó a su amigo Joel Barlow el manuscrito de la primera parte de «The Age of Reason». Pasó once meses en la prisión del Luxemburgo, escapó de la guillotina por una marca de tiza puesta en la cara equivocada de la puerta, y salió tras la caída de Robespierre por gestión del ministro estadounidense James Monroe, después de que su predecesor Gouverneur Morris hubiera dejado el caso dormir. Quedó proscrito por la monarquía que había atacado y encarcelado por la revolución que había defendido.

Desembarcó de vuelta en Baltimore el 30 de octubre de 1802, invitado por Jefferson y recibido con una hostilidad que ya no lo soltó: su deísmo y su durísima carta abierta contra Washington de 1796 pesaban más que «Common Sense». En 1806 el supervisor de New Rochelle, Elisha Ward, le denegó el voto alegando que no era ciudadano estadounidense, justo el argumento con el que Morris no lo había reclamado de la cárcel francesa. En marzo de 1809 pidió a un comité cuáquero que lo enterrasen en su cementerio, ofreciéndose a pagar la fosa; se lo negaron, y al oír que entonces lo enterrarían en su granja respondió que la granja se vendería y le desenterrarían los huesos antes de que estuvieran medio podridos. Murió a las ocho de la mañana del 8 de junio de 1809 en el número 59 de Grove Street, en Greenwich, Nueva York. Diez años después el periodista William Cobbett, que había pasado de atacarlo a admirarlo, exhumó sus restos para llevarlos a Inglaterra y levantarle un monumento: los desembarcó en Liverpool el 21 de noviembre de 1819, el monumento no se construyó nunca y los huesos se dispersaron entre acreedores y curiosos hasta perderse.

La obra

«Common Sense» apareció en Filadelfia en enero de 1776 y resolvía un problema político concreto: en 1775 la mayoría de los colonos aún quería reconciliación con Londres, no independencia. Paine ataca dos cosas a la vez, y la segunda es la que sorprendía a sus lectores. Contra la monarquía hereditaria argumenta que es un absurdo lógico antes que una injusticia. Contra la constitución británica, que sus contemporáneos consideraban la obra maestra del gobierno mixto, sostiene que sus contrapesos son restos de tiranía monárquica y aristocrática mal disimulados. El panfleto abre distinguiendo sociedad de gobierno: la primera es una bendición y el segundo, incluso en su mejor versión, un mal necesario. La serie de «The American Crisis», publicada por entregas entre 1776 y 1783, es su continuación como periodismo de guerra.

«Rights of Man» son dos libros distintos. La primera parte (1791) responde a Burke, narra los hechos de Francia y todavía tolera una monarquía limitada. La segunda (1792), escrita después de que la fuga de Luis XVI a Varennes lo convirtiera en republicano explícito, es la constructiva y la que provocó el proceso: propone gobierno representativo sin rey, y cierra con un programa de gasto público calculado sobre el presupuesto británico real, con subsidios por hijo, escolarización gratuita, ayudas de maternidad y de entierro y pensiones de vejez, presentado no como caridad sino como devolución de impuestos indirectos ya pagados por los pobres. Paine insistió en editarlo barato y combinado, y ahí está la clave de su efecto: en el juicio de 1792 el fiscal general distinguió expresamente entre la primera parte, que suponía destinada al lector juicioso, y la segunda, que se había puesto en manos de personas de toda condición.

«The Age of Reason» (primera parte en 1794, segunda en 1795, tercera en 1807) no se escribió contra la religión sino contra el ateísmo: Paine veía que la descristianización jacobina estaba dejando a Francia sin creencia ninguna y quiso salvar el deísmo del naufragio. El libro combina un credo positivo en la primera página con una crítica textual de la Biblia hecha por alguien que no leía hebreo ni griego, lo que le costó el desprecio de los eruditos y una difusión enorme entre lectores populares. Fue el libro que le arruinó la reputación en Estados Unidos y el que sigue determinando cómo se le nombra.

«Agrarian Justice» (1797) se escribió respondiendo a la Conspiración de los Iguales de Babeuf, es decir, contra el comunismo agrario y no a favor de él. Su estructura es lockeana: la tierra sin cultivar era propiedad común del género humano, el cultivo genera propiedad individual legítima sobre las mejoras pero no sobre el suelo, y por tanto el propietario debe a la comunidad una renta del suelo con la que indemnizar a quienes el sistema dejó sin herencia natural. De ahí el fondo que propone, y de ahí su formulación decisiva: reclama un derecho, no una caridad. En la misma línea, la «Dissertation on First Principles of Government» (1795) atacó el sufragio censitario de la nueva constitución francesa y pidió voto masculino universal.

Cómo se le ha leído

A Paine lo citan hoy dos tradiciones que no se hablan entre sí, y las dos con base textual. Ronald Reagan abrió su discurso de aceptación de la candidatura republicana en Detroit, el 17 de julio de 1980, con la frase de que está en nuestra mano empezar el mundo de nuevo, atribuida a los días más oscuros de la Revolución americana (procede en realidad del apéndice de «Common Sense», enero de 1776). En paralelo, la literatura académica sobre renta básica reconstruye desde «Agrarian Justice» el argumento moderno de la dotación universal, y la Stanford Encyclopedia of Philosophy señala ese trabajo, con el de Philippe van Parijs a la cabeza, como una de las vías por las que Paine ha entrado por fin en la discusión filosófica seria después de estar décadas en el margen del canon. Ninguna de las dos lecturas es un secuestro: sostuvo ambas cosas. Lo que no sobrevive es la pretensión de exclusividad de cualquiera de ellas.

La tergiversación persistente es religiosa. Theodore Roosevelt lo despachó en 1888, en su biografía de Gouverneur Morris, como «el sucio ateíllo» que se quedó en la cárcel de París, y el epíteto sigue circulando. Es falso en el sentido literal del término: «The Age of Reason» abre declarando la creencia en un Dios y solo uno y la esperanza de felicidad después de esta vida, y lo que niega a continuación son las iglesias como instituciones, no la divinidad. Paine era deísta, la posición mayoritaria entre los ilustrados de su generación, y lo que ataca es la mediación institucional entre el hombre y Dios. El precio de la etiqueta fue material y comprobable: le negaron el voto en New Rochelle en 1806, le negaron sepultura los cuáqueros en 1809 y se fabricó durante décadas una industria de relatos apócrifos sobre su retractación en el lecho de muerte.

Queda una tercera lectura que conviene medir con cuidado: la que lo convierte en antepasado del socialismo. «Rights of Man» fue el panfleto más leído del movimiento británico de reforma en la década de 1790 y durante las primeras décadas del XIX, y de ahí procede legítimamente su presencia en la genealogía del cartismo y del movimiento obrero inglés. Pero el argumento con el que llega a su programa de bienestar pasa por los derechos de propiedad y por una sociedad comercial que se regula sola, no por la clase ni por la abolición de la propiedad privada, y su intervención más redistributiva se escribió expresamente para responder a un intento comunista. También conviene notar cómo se le cita: en el discurso inaugural de Barack Obama de enero de 2009, las palabras del primer «Crisis» sobre lo que debe contarse al mundo futuro aparecen atribuidas a la orden de Washington de que se leyeran a la tropa, sin que su autor llegue a nombrarse. Es su destino habitual: se le cita mucho más de lo que se le nombra.

Fuentes de esta biografía · 7

  1. «We have it in our power to begin the world over again. A situation, similar to the present, hath not happened since the days of Noah until now.»

    Thomas Paine, «Common Sense», apéndice, 1776 fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  2. «I believe in one God, and no more; and I hope for happiness beyond this life. [...] I do not believe in the creed professed by the Jewish church, by the Roman church, by the Greek church, by the Turkish church, by the Protestant church, nor by any church that I know of. My own mind is my own church.»

    Thomas Paine, «The Age of Reason», parte I, cap. I («The Author's Profession of Faith»), 1794 fuente · sostiene 4 pasajes de esta ficha

  3. «Independence is my happiness, and I view things as they are, without regard to place or person; my country is the world, and my religion is to do good.»

    Thomas Paine, «Rights of Man», parte II, cap. V («Ways and Means of Improving the Condition of Europe»), 1792 fuente

  4. «The committee of the Quakers refused to receive his body, at which he seemed deeply moved [...] "You will," said I, "be buried on your farm" "I have no objection to that," said he "but the farm will be sold, and they will dig my bones up before they be half rotten."»

    Moncure D. Conway, «The Life of Thomas Paine», vol. II, cap. XX («Death and Resurrection»), 1892: testimonio de Willett Hicks sobre la entrevista del 19 de marzo de 1809 fuente

  5. «So the filthy little atheist had to stay in prison, "where he amused himself with publishing a pamphlet against Jesus Christ."»

    Theodore Roosevelt, «Gouverneur Morris», cap. X («Minister to France»), 1888 fuente

  6. «They are the kind of men and women Tom Paine had in mind when he wrote--during the darkest days of the American Revolution--"We have it in our power to begin the world over again."»

    Ronald Reagan, discurso de aceptación de la candidatura republicana, Detroit, 17 de julio de 1980 (The American Presidency Project) fuente

  7. «his Rights of Man (1791-2) was the most widely read pamphlet in the movement for reform in Britain in the 1790s and for the opening decades of the nineteenth century»

    Mark Philp, «Thomas Paine», Stanford Encyclopedia of Philosophy, rev. 27 de agosto de 2025 fuente

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Tradición · polo ReformistaLos derechos del hombre · 1791

Inglés autodidacta, panfletista de la Independencia americana y defensor de la Revolución Francesa contra Burke. Para Paine, la herencia política es absurda: ningún parlamento puede atar a la posteridad, cada generación funda su gobierno por la razón.

«Toda época y generación debe ser tan libre de obrar por sí misma, en todos los casos, como las épocas y generaciones que la precedieron. La vanidad y la presunción de gobernar más allá de la tumba es la más ridícula e insolente de todas las tiranías.»

Original: «Every age and generation must be as free to act for itself, in all cases, as the ages and generations which preceded it. The vanity and presumption of governing beyond the grave, is the most ridiculous and insolent of all tyrannies.»

Sutileza / error común

Paine no es «izquierda» en sentido contemporáneo: es radical liberal. Y, sin embargo, en «Agrarian Justice» (1797) propone lo que hoy llamaríamos renta básica universal y pensiones: una dotación de 15 libras a todo joven al cumplir 21 años y 10 libras anuales a partir de los 50, financiadas por un impuesto sobre la herencia de la tierra. Es el primer proyecto de Estado de bienestar moderno. Murió pobre y aislado en Nueva York.

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Thomas Paine también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

Sección 04

Por dónde
empezar.

Los derechos del hombre

Thomas Paine · 1791 · Alianza Editorial

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