Funda la disciplina moderna de Relaciones Internacionales sobre el realismo clásico: los Estados, en un sistema sin autoridad superior, persiguen interés definido como poder, y los principios morales universales no pueden aplicarse sin filtrarlos por las exigencias concretas de la prudencia política.
«El concepto rector que ayuda al realismo político a orientarse en el paisaje de la política internacional es el de interés definido en términos de poder.»
Original: «The main signpost that helps political realism to find its way through the landscape of international politics is the concept of interest defined in terms of power.»
Sutileza / error común
Morgenthau no era fascista ni cínico moral. Era judío alemán refugiado del nazismo, formado en derecho internacional. Su realismo es ANTI-utopismo, no anti-moralismo: critica tanto el legalismo wilsoniano («la paz por tratados») como el universalismo abstracto («cruzadas morales») precisamente porque ambos llevan a guerras totales que ignoran límites del poder real. Su sexta principio insiste en distinguir las leyes morales que rigen el universo de los principios morales de un Estado concreto, y reclama autonomía de la esfera política. En los años 60 se opuso públicamente a la guerra de Vietnam, considerándola un caso clásico de intervención sin interés nacional definido. Confundir realismo clásico (Morgenthau) con realismo cínico o con neorealismo estructural (Waltz) es error frecuente: Morgenthau insiste en virtud política y prudencia.