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Referente del test

Hans J. Morgenthau.

1904-1980

Funda la disciplina moderna de Relaciones Internacionales sobre el realismo clásico: los Estados, en un sistema sin autoridad superior, persiguen interés definido como poder, y los principios morales universales no pueden aplicarse sin filtrarlos por las exigencias concretas de la prudencia política.

La vida

Hans Joachim Morgenthau nació el 17 de febrero de 1904 en Coburgo, en la Alta Franconia bávara, hijo único de una familia judía acomodada: su padre, Ludwig Morgenthau, era médico, y su madre, Frieda Bachmann, hija de un comerciante próspero de Bamberg. Estudió en el Gymnasium Casimirianum de la ciudad y allí ocurrió el episodio que él recordaría toda su vida. Como segundo mejor alumno de su curso le correspondía por tradición pronunciar el elogio del colegio y de su fundador en la fiesta anual, el 3 de julio de 1922. Antes del acto se repartieron octavillas antisemitas contra él, durante su intervención una parte considerable del público abandonó la sala y al salir fue insultado.

Entre 1923 y 1927 estudió filosofía y luego derecho en Fráncfort del Meno, Múnich y Berlín. En la Universidad Friedrich Wilhelm de Berlín siguió derecho del Estado con Rudolf Smend y Heinrich Triepel y derecho internacional con Viktor Bruns y Edwin Borchard; en Múnich frecuentó los seminarios de derecho internacional de Karl Neumeyer y Hans Nawiasky. Los años de pasantía los pasó en Fráncfort, entre 1928 y 1931, con Hugo Sinzheimer. En 1929 se doctoró en Fráncfort con una tesis sobre la jurisdicción internacional y quedó como juez en el tribunal de trabajo de la ciudad. Fue en esos años cuando su primer libro llegó a manos de Carl Schmitt, que enseñaba entonces en la Universidad de Berlín, y este lo reseñó. Morgenthau buscó conocerlo aprovechando un viaje a la capital; el encuentro salió mal y, según contó él mismo décadas más tarde, salió de allí con la impresión de haber estado ante lo demoníaco.

El 17 de febrero de 1932 dejó Alemania para enseñar derecho público como privatdozent en la Universidad de Ginebra, donde preparó su habilitación bajo la tutela de Hans Kelsen, recién llegado a la ciudad y uno de los críticos más duros que tenía Schmitt entre los juristas. En otoño de 1933 perdió por la prohibición antisemita de ejercer su plaza en el tribunal de trabajo de Fráncfort. La portada de su libro de ese mismo año, impreso en París, todavía lo presenta como docente en Ginebra y antiguo presidente adjunto de aquel tribunal: la ficha de autor conserva impreso un cargo que acababa de dejar de existir para él. No volvió a Alemania.

En 1935 pasó a Madrid, como profesor de derecho internacional del Instituto de Estudios Internacionales y Económicos, y allí se casó con Irma Thormann. Allí escribió en francés el artículo que se imprimió en Madrid en 1936, como separata del homenaje colectivo al historiador y jurista Rafael Altamira. La guerra civil española lo expulsó de su segundo refugio. Con su mujer pasó a Italia, luego a París y de nuevo a Ginebra, y en 1937 ambos emigraron a Estados Unidos. Empezó dando clases nocturnas en el Brooklyn College; en enero de 1939 se trasladó a Kansas City, donde enseñó a la vez en la facultad de artes liberales y en la de derecho; obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1943 y en 1944 se mudó a Chicago, donde en 1949 accedió a la cátedra de ciencia política e historia contemporánea.

Chicago fue su base durante casi treinta años y desde allí escribió el libro que fundó una disciplina. A principios de los años cincuenta pasó por Harvard como profesor visitante con un seminario de posgrado, y allí coincidió con un doctorando llamado Henry Kissinger. Fue consultor del Departamento de Estado en los años en que George Kennan dirigía el Policy Planning Staff, y volvió a serlo con Kennedy y con Johnson. Esa segunda etapa terminó en 1965: cuando empezó a criticar en público la política estadounidense en Vietnam, la Casa Blanca lo apartó y encargó a McGeorge Bundy que lo rebatiera. El 21 de junio de 1965 ambos debatieron en directo por televisión, con Eric Sevareid de moderador, en un programa titulado «Vietnam Dialogue: Mr. Bundy and the Professors». Bundy lo acusó de derrotista recordándole un pronóstico fallido sobre Laos, y Morgenthau contestó que podía haberse equivocado de medio a medio en Laos sin equivocarse en Vietnam; la mayoría de los espectadores dio por ganador a Bundy. En 1971 volvió a Nueva York, donde enseñó en el City College y en la New School for Social Research; al mudarse se separó de su mujer, que se quedó en Chicago en parte por motivos de salud. Como Hannah Arendt, a quien trató, dedicó tiempo y esfuerzo al apoyo al Estado de Israel. En octubre de 1979 viajaba en el vuelo 316 de Swissair, que se estrelló al aterrizar en Atenas. Murió el 19 de julio de 1980 en el hospital Lenox Hill de Nueva York, de una úlcera perforada.

La obra

La obra europea de Morgenthau es la de un jurista y está escrita en alemán y en francés. Son tres libros y varios artículos: «Die internationale Rechtspflege, ihr Wesen und ihre Grenzen» (Leipzig, 1929), que es su tesis doctoral; «La notion du “politique” et la théorie des différends internationaux» (París, Sirey, 1933); «La réalité des normes, en particulier des normes du droit international» (1934), la habilitación ginebrina que nunca se tradujo al inglés; y la separata madrileña de 1936 «Positivisme mal compris et théorie réaliste du Droit international». El problema que resolvían era técnico y muy concreto: la doctrina dominante del derecho internacional clasificaba los conflictos entre Estados en jurídicos y políticos, y daba por hecho que los primeros eran justiciables y los segundos no. Morgenthau sostuvo que esa doctrina confundía el plano empírico con el normativo, y que lo político no es una materia sino un grado. Un asunto no es político por su contenido, igual que ningún cuerpo es caliente por esencia: es una cuestión de intensidad en la relación entre el asunto y el Estado, y esa intensidad, a diferencia de la temperatura, no tiene termómetro.

De ahí sale, en el mismo libro de 1933, el enfrentamiento con Carl Schmitt, que conviene subrayar porque la clasificación posterior de ambos como pensadores del polo soberanista los ha acabado juntando. Morgenthau dedicó a «Der Begriff des Politischen» un análisis largo y hostil: sostuvo que el par amigo-enemigo no es una categoría fundamental del mismo rango que bien y mal en la moral o bello y feo en la estética, porque en cualquier ámbito, económico, moral o estético, hay amigos y enemigos de la finalidad perseguida; que por tanto ni se deduce de la noción de lo político ni la define; y que la construcción de Schmitt es una metafísica y no una ciencia, un edificio que apenas roza la realidad histórica y psicológica. Es una discrepancia de fondo: donde Schmitt busca una sustancia última de lo político, Morgenthau encuentra una escala de intensidad sin fondo sustancial.

El artículo de Madrid de 1936 anticipa, en lenguaje de teoría del derecho, casi toda la crítica que después haría en América. Su blanco es el positivismo jurídico, tanto el tradicional como el de Kelsen, al que reconoce el rigor metodológico y le reprocha una base neokantiana y un monismo estatista que le impiden llegar a una noción realista de la validez. Contra el hábito de interpretar el Pacto de la Sociedad de Naciones poco más o menos con los métodos del Código civil, y un tratado político como si fuera un contrato de compraventa, reclama que el derecho internacional se lea con su sustrato social a la vista, que es lo político: lo que determina el contenido de las normas, influye en su validez y decide si llegan a aplicarse y cómo. Doce años antes de «Politics Among Nations», el argumento central ya está ahí, formulado contra juristas y no contra diplomáticos.

En Estados Unidos cambió de lengua, de público y de género. «Scientific Man vs. Power Politics» (1946) es un ataque a la confianza de la cultura liberal angloamericana en que la razón aplicada científicamente puede disolver los conflictos políticos. «Politics Among Nations: The Struggle for Power and Peace» (1948) conoció cinco ediciones en vida del autor y se convirtió en el manual con el que se formó una generación entera de universitarios estadounidenses; abre con los seis principios del realismo político, que son a la vez una teoría y un método de gobierno. «In Defense of the National Interest» (1951) llevó la pelea al terreno de la política exterior americana y le puso nombre al adversario: el enfoque legalista-moralista. Después vinieron «The Purpose of American Politics» (1960), los tres volúmenes de «Politics in the Twentieth Century» (1962), «A New Foreign Policy for the United States» (1969), «Truth and Power» (1970), dedicado a Kelsen, y «Science: Servant or Master?» (1972), dedicado a Reinhold Niebuhr. En paralelo escribió durante décadas en «Commentary», «Worldview», «The New Republic» y «The New York Review of Books», y firmó cerca de cien reseñas. A partir de 1960 su trabajo giró hacia el arma nuclear, que le parecía un cambio de naturaleza y no de grado: escribió en «Christianity and Crisis» que jamás se había producido en la historia una transformación cualitativa tan radical de la estructura de las relaciones internacionales. De ahí salieron las dos posiciones de su última etapa, el control supranacional del armamento nuclear y la oposición al papel estadounidense en Vietnam, y de ahí también su intervención, después de 1965, en la discusión sobre la guerra justa en la era nuclear que después desarrollarían Paul Ramsey y Michael Walzer.

Cómo se le ha leído

La lectura dominante durante veinte años fue la que lo dejó atrás. En 1979 Kenneth Waltz publicó «Theory of International Politics» y reformuló el realismo sobre una base distinta: mientras Morgenthau había anclado su teoría en la lucha por el poder y la había hecho derivar de la naturaleza humana, Waltz evitó toda discusión filosófica sobre la naturaleza humana y construyó una teoría de la política internacional tomando la microeconomía como modelo. En el neorrealismo el interés fundamental de los Estados es la seguridad y lo que se analiza es la distribución de capacidades en el sistema, no el apetito de poder de nadie. Frente a esa elegancia, el realismo de Morgenthau pasó a parecer un episodio interesante e importante de la historia del pensamiento pero difícilmente una contribución seria a una teoría rigurosamente científica. El realismo ofensivo de John Mearsheimer, que asume que las grandes potencias buscan maximizar poder y dominación sobre las demás, es heredero de esa segunda ola y no de la primera: conserva la conclusión pesimista y prescinde de la antropología que en Morgenthau la sostenía.

Las objeciones de fondo son anteriores y siguen en pie. Raymond Aron señaló que el concepto de poder es ambiguo, porque puede ser medio o fin, y que si es solo un medio deja de definir la naturaleza de la política internacional; y preguntó si de verdad los Estados, sea cual sea su régimen, practican la misma clase de política exterior, y si la de Napoleón o la de Stalin son idénticas en el fondo a las de Hitler, Luis XVI o Nicolás II. Desde los años dos mil, sin embargo, hay una relectura en sentido contrario. Autores como Muriel Cozette, Hartmut Behr, Amelia Heath, Seán Molloy o Michael C. Williams sostienen que su pensamiento es más complejo de lo que se reconoció y que tiene una dimensión crítica: el compromiso de decir la verdad al poder y de desenmascarar las pretensiones de verdad y de moralidad del poder. De ahí que su obra encaje mal en el retrato ortodoxo del realista al que suele asociársele. Antes que una forma obsoleta de realismo precientífico superada por el neorrealismo, se lo considera hoy de mayor relevancia contemporánea de la que se le había reconocido. La razón del vaivén es circunstancial además de académica: el realismo es una teoría para tiempos difíciles y su cotización sube cuando la seguridad vuelve a ser un problema real, que es lo que ha ocurrido con la competencia entre quienes justifican un mundo unipolar y quienes defienden el regreso a uno multipolar.

La tergiversación más extendida consiste en leerlo como apologeta del poder, y no resiste la lectura del propio texto. El cuarto principio del realismo dice que los principios morales universales no pueden aplicarse a la acción de los Estados en su formulación abstracta sino filtrados por las circunstancias concretas de tiempo y lugar, y hace de la prudencia la virtud suprema de la política: no hay moral política sin sopesar las consecuencias de la acción aparentemente moral. El quinto es una advertencia contra la nación que confunde sus aspiraciones morales con las leyes morales del universo, porque esa ecuación es políticamente perniciosa y, en la ceguera del frenesí de cruzada, destruye naciones y civilizaciones en nombre de un principio moral o de Dios mismo. Su oposición a Vietnam es consecuencia de eso y no una excepción a ello: la guerra le parecía sobre todo una guerra civil de significación global remota, sin un interés nacional definido que la justificase. El mismo criterio lo aplicó a un realista practicante: en un ensayo de 1975 sostuvo que la raíz de la inestabilidad en el Tercer Mundo no era la subversión comunista, como quería la política de Kissinger, sino el descontento popular con el statu quo, y que no reconocerlo llevaba a sostener tiranías en nombre de la estabilidad. La segunda tergiversación es más silenciosa y consiste en archivarlo junto a Schmitt por compartir escepticismo ante el orden universal, cuando su primer libro de teoría fue una refutación de Schmitt. Y una tercera afecta a su relación con el derecho internacional: fue profesor de esa materia en tres países y su crítica no era que el derecho internacional no existiera, sino que la doctrina lo estudiaba sin mirar el terreno político donde se aplica.

Fuentes de esta biografía · 6

  1. «La politique est une qualité qui peut se rencontrer, à des degrés divers, dans toutes les matières, comme la qualité de chaleur peut se trouver dans tous les corps ; et tout comme l’on ne saurait dire d’un corps qu’il est de son essence d’être chaud, à la différence d’autres corps, l’on ne saurait non plus dire d’une matière déterminée des relations internationales qu’elle possède, de par sa nature même, un caractère politique. Dans un cas comme dans l’autre, ce n’est qu’une question d’intensité dont le degré varie avec les circonstances qui la déterminent.»

    Hans Morgenthau, «La notion du “politique”...», cap. III, 1933. La analogía del calor: lo político no es una materia, es un grado de intensidad que puede darse en cualquier asunto. fuente · sostiene 4 pasajes de esta ficha

  2. «Tout comme il est impossible de traiter le droit commercial sans égard à l’économie, ou le droit constitutionnel sans égard à la politique intérieure, le Droit international ne peut pas être compris par un procédé négligeant l’ambiance sociale, à savoir politique qui détermine le contenu des normes, qui influe sur leur validité et dont dépendent le fait et la manière de leur réalisation.»

    Hans Morgenthau, «Positivisme mal compris et théorie réaliste du Droit international», Madrid, 1936, sección V, punto 6: el derecho internacional no se entiende sin su sustrato social, que es lo político. fuente · sostiene 3 pasajes de esta ficha

  3. «That equation is also politically pernicious, for it is liable to engender the distortion in judgment which, in the blindness of crusading frenzy, destroys nations and civilizations-in the name of moral principle, ideal, or God himself.»

    Hans J. Morgenthau, «Politics Among Nations», quinto principio, 5.ª ed., 1978. Contra la identificación de las aspiraciones morales de una nación con las leyes morales del universo. fuente · sostiene 4 pasajes de esta ficha

  4. «Whereas Morgenthau rooted his theory in the struggle for power, which he related to human nature, Waltz made an effort to avoid any philosophical discussion of human nature, and set out instead to build a theory of international politics using microeconomics as a model.»

    W. Julian Korab-Karpowicz, «Political Realism in International Relations», Stanford Encyclopedia of Philosophy, §3.1, revisión de 29 de julio de 2026. Sobre lo que Waltz cambia respecto de Morgenthau. fuente · sostiene 4 pasajes de esta ficha

  5. «Gegen Morgenthaus Podiumsrede als Secundus der Unterprima waren antisemitische Flugblätter verteilt worden, während des Vortrags verließ eine größere Anzahl von Personen zeitweise die Veranstaltung und beim Abmarsch wurde er beschimpft.»

    «Hans Joachim Morgenthau», Wikipedia en alemán, sobre el discurso del 3 de julio de 1922 en la fiesta fundacional del Gymnasium Casimirianum de Coburgo. fuente · sostiene 5 pasajes de esta ficha

  6. «In an autobiographical essay written near the end of his life, Morgenthau related that, although he had looked forward to meeting Schmitt during a visit to Berlin, the meeting went badly and Morgenthau left thinking that he had been in the presence of (in his own words) "the demonic".»

    «Hans Morgenthau», Wikipedia en inglés, sección «European years and functional jurisprudence», sobre el encuentro con Carl Schmitt en Berlín. fuente · sostiene 10 pasajes de esta ficha

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Internacional · polo SoberanistaPolítica entre las naciones · 1948

Funda la disciplina moderna de Relaciones Internacionales sobre el realismo clásico: los Estados, en un sistema sin autoridad superior, persiguen interés definido como poder, y los principios morales universales no pueden aplicarse sin filtrarlos por las exigencias concretas de la prudencia política.

«El concepto rector que ayuda al realismo político a orientarse en el paisaje de la política internacional es el de interés definido en términos de poder.»

Original: «The main signpost that helps political realism to find its way through the landscape of international politics is the concept of interest defined in terms of power.»

Sutileza / error común

Morgenthau no era fascista ni cínico moral. Era judío alemán refugiado del nazismo, formado en derecho internacional. Su realismo es ANTI-utopismo, no anti-moralismo: critica tanto el legalismo wilsoniano («la paz por tratados») como el universalismo abstracto («cruzadas morales») precisamente porque ambos llevan a guerras totales que ignoran límites del poder real. Su sexta principio insiste en distinguir las leyes morales que rigen el universo de los principios morales de un Estado concreto, y reclama autonomía de la esfera política. En los años 60 se opuso públicamente a la guerra de Vietnam, considerándola un caso clásico de intervención sin interés nacional definido. Confundir realismo clásico (Morgenthau) con realismo cínico o con neorealismo estructural (Waltz) es error frecuente: Morgenthau insiste en virtud política y prudencia. Y aunque este eje lo coloque en el mismo polo que Schmitt, en 1933 lo refutó por escrito: sostuvo que amigo/enemigo no es una categoría fundamental, porque en cualquier ámbito hay amigos y enemigos del fin que se persigue, y que la doctrina de Schmitt «es una metafísica que solo apela muy de lejos a la realidad histórica y psicológica».

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Hans J. Morgenthau también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

Sección 04

Por dónde
empezar.

Política entre las naciones. La lucha por el poder y la paz

Hans J. Morgenthau · 1948 · Grupo Editor Latinoamericano

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