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Referente del test

Jürgen Habermas.

1929-

Defiende que la democracia no debe morir con el Estado-nación: hace falta extender la legitimación democrática y el derecho a marcos supranacionales (UE como proyecto político, no solo mercado), sostenidos por un patriotismo constitucional cívico y no étnico.

La vida

Friedrich Ernst Jürgen Habermas nace en Düsseldorf el 18 de junio de 1929 y se cría en Gummersbach, una ciudad pequeña de Renania del Norte-Westfalia donde su padre, Ernst Habermas (1891-1972), dirigía la delegación local de la Cámara de Industria y Comercio de Colonia. Su madre fue Anna Amalie Margarete Köttgen (1894-1983), y su abuelo Friedrich Habermas, teólogo, había dirigido el seminario de maestros de la misma ciudad. Tuvo un hermano mayor, el jurista Hans-Joachim (1925-2019). Es un origen de provincias, de clase media culta y conservadora, con la teología y la cámara de comercio como los dos oficios que tenía delante en casa. Nació con fisura palatina y fue operado siendo lactante; a los cinco años hubo que repetir la intervención. La pronunciación nasal que le quedó le costó burlas en el patio del colegio, y él mismo situó ahí, medio siglo después y en público, el arranque de todo lo que acabó pensando sobre el lenguaje: que uno solo descubre que el habla es un suelo compartido cuando el suelo falla.

El clima político de la casa lo describió más tarde como una adaptación burguesa a un entorno con el que no se identificaba del todo pero que tampoco criticaba en serio. El padre se afilió al NSDAP en 1933 y, de vuelta del cautiverio norteamericano, fue clasificado como «Mitläufer», acompañante. El propio Habermas, como era obligatorio a partir de los diez años, estuvo en el Jungvolk, y desde 1943 como sanitario, enseñando primeros auxilios a otros chicos. En febrero de 1945, con quince años, le tocaba ser llamado a la Wehrmacht como ya lo había sido su hermano; se escondió de la policía militar hasta que los estadounidenses ocuparon la zona. Lo que vino después, los juicios de Núremberg y la cobertura del Holocausto, funcionó como una fractura biográfica que nunca dejó de invocar. En 2006 el episodio del Jungvolk le costó una polémica: Joachim Fest lo describió en su autobiografía póstuma como un mando de las Juventudes Hitlerianas ligado al régimen «en todas las fibras de su existencia»; Habermas lo calificó de denuncia calumniosa y la acusación quedó sin sostén tras el testimonio del historiador Hans-Ulrich Wehler.

Hizo el bachillerato en Gummersbach en la Pascua de 1949 y estudió entre 1949 y 1954 en Gotinga, Zúrich y Bonn: filosofía, historia, psicología, literatura alemana y economía. Se doctoró en febrero de 1954 en Bonn con una tesis sobre la ambivalencia del pensamiento de Schelling, dirigida por Erich Rothacker y Oskar Becker, a los que él mismo señaló como sus mentores principales. De qué vivía en esos años es un dato poco citado y bastante explicativo: del periodismo. Entre 1952 y 1956 escribió más de setenta artículos para el Frankfurter Allgemeine Zeitung, la revista Merkur, los Frankfurter Hefte y el Handelsblatt. De ahí salió su primer acto público, en 1953, con veinticuatro años: un artículo en el FAZ contra Heidegger por reeditar sin una nota ni una enmienda su lección de 1935 sobre la «verdad interna y la grandeza» del movimiento nacionalsocialista. En 1955 se casó con la maestra Ute Wesselhoeft (1930-2025); tuvieron tres hijos: Tilmann, psicoanalista; Rebekka (1959-2023), historiadora en Gotinga; y Judith, editora.

En 1956 entró como ayudante de Theodor W. Adorno en el Instituto de Investigación Social de Fráncfort, y ahí empieza el malentendido que él pasó la vida deshaciendo: estuvo poco tiempo y en mala relación con la casa. Max Horkheimer lo tuvo por marxista peligroso e intentó que lo despidieran, así que en 1959 se marchó a Marburgo, donde se habilitó en 1961 con Wolfgang Abendroth, uno de los pocos catedráticos marxistas de la República Federal. Gadamer lo llevó a Heidelberg (1961-1964) y en 1964 ocupó en Fráncfort la cátedra del propio Horkheimer, con quien acabó reconciliándose, aunque rechazó dirigir el Instituto. Durante la revuelta estudiantil de 1967-68 mantuvo una posición incómoda: había criticado la actuación policial que costó la vida a Benno Ohnesorg, pero reprochó a los estudiantes radicales jugar a la revolución y usó la expresión «fascismo de izquierda», que después admitió desmedida. De 1971 a 1981 codirigió con el físico Carl Friedrich von Weizsäcker el Instituto Max Planck de Starnberg, en Baviera, con quince investigadores a su cargo. Dimitió en 1981, el mismo año en que publicó su obra mayor, tras fracasar su plan de reorientar el centro hacia las ciencias sociales. Volvió a Fráncfort en 1983 y ocupó una cátedra de filosofía hasta jubilarse en 1994.

Vivió en Starnberg desde 1994 y siguió interviniendo en casi todos los debates públicos alemanes durante tres décadas más: la reunificación, que le pareció un trámite administrativo cortado a la medida de imperativos económicos; la restricción del derecho de asilo en 1992, contra la que se manifestó en Berlín; Kosovo en 1999; la eugenesia liberal tras el discurso de Sloterdijk; la religión, en un debate célebre con el cardenal Joseph Ratzinger en la Academia Católica de Baviera el 19 de enero de 2004. Recibió el Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán (2001), el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2003), el Kioto (2004), el Holberg (2005) y el Kluge (2015). En 2021 aceptó primero y renunció después al Sheikh Zayed Book Award, dotado con 225.000 euros, alegando que no se había hecho cargo de la «muy estrecha vinculación» entre la institución que lo concede en Abu Dabi y el sistema político emiratí. En 2022 y 2023 defendió en la prensa una política contenida ante la guerra de Ucrania, favorable a las entregas de armas pero insistiendo en abrir negociaciones, y en noviembre de 2023 firmó con Nicole Deitelhoff, Rainer Forst y Klaus Günther una declaración sobre Gaza que consideraba «en principio justificada» la respuesta militar israelí dentro de los límites de la proporcionalidad. Murió el 14 de marzo de 2026 en Starnberg, a los 96 años. Fue enterrado el 20 de marzo en el cementerio de Söcking y el 19 de junio se celebró un acto de memoria en la Paulskirche de Fráncfort.

La obra

«Strukturwandel der Öffentlichkeit. Untersuchungen zu einer Kategorie der bürgerlichen Gesellschaft» (1962; en castellano, «Historia y crítica de la opinión pública») es la tesis de habilitación de 1961 y sigue siendo su libro más leído fuera de la filosofía. Reconstruye el nacimiento de la esfera pública burguesa en los cafés, los salones y las revistas literarias de Inglaterra, Francia y Alemania entre los siglos XVII y XIX, y su posterior degradación bajo la democracia de masas del Estado del bienestar, cuando la publicidad comercial, los grupos de presión y las relaciones públicas convierten el debate en aclamación de decisiones ya tomadas. Habermas llamó a ese proceso «refeudalización». El libro no es nostálgico ni celebratorio: el propio autor reconoce que la esfera pública burguesa fue a la vez un ideal y una ideología, porque de hecho la formaban casi solo varones propietarios e instruidos. El método es el que repetiría siempre: reconstruir un tipo ideal histórico no para añorarlo, sino para criticar con él las esferas públicas realmente existentes de las democracias modernas. Ese planteamiento ya lo apartaba del pesimismo de la «Dialéctica de la Ilustración» de Adorno y Horkheimer, en cuyo instituto trabajaba cuando empezó el estudio.

«Erkenntnis und Interesse» (1968; «Conocimiento e interés») ataca el positivismo por haber olvidado la autorreflexión y distingue tres intereses que guían el conocimiento: el técnico de las ciencias empíricas, el práctico de las hermenéuticas y el emancipatorio de la crítica de ideologías. El libro es a la vez su intervención en el «Positivismusstreit», la disputa sobre el método de las ciencias sociales que lo enfrentó a Karl Popper y a Hans Albert. «Legitimationsprobleme im Spätkapitalismus» (1973; «Problemas de legitimación en el capitalismo tardío») desplaza la teoría de la crisis: en el capitalismo de posguerra el conflicto ya no estalla por el empobrecimiento de los trabajadores, pacificado por el Estado social, sino por el déficit de legitimidad de un Estado que interviene cada vez más en la economía y debe responder por los efectos. En esos mismos años sostuvo dos polémicas que ordenan su mapa: con Hans-Georg Gadamer sobre los límites de la hermenéutica, y con Niklas Luhmann sobre si la teoría de sistemas puede sustituir a la teoría de la sociedad.

«Theorie des kommunikativen Handelns» (1981, dos volúmenes; «Teoría de la acción comunicativa») es el fruto de la década de Starnberg y su obra sistemática. Distingue la acción estratégica, orientada al éxito, de la acción comunicativa, orientada al entendimiento, y describe la modernidad como un proceso doble: la racionalización del mundo de la vida y la colonización de ese mundo de la vida por los imperativos del dinero y el poder administrativo. «Der philosophische Diskurs der Moderne» (1985) es su ajuste de cuentas con la línea Nietzsche-Heidegger-Foucault-Derrida, a la que reprocha renunciar a la razón en lugar de corregirla. «Faktizität und Geltung» (1992; «Facticidad y validez») es su obra mayor de teoría del derecho y traduce todo lo anterior a instituciones: defiende la cooriginalidad de los derechos liberales y la soberanía popular, esto es, que no hay que elegir entre libertades individuales y autogobierno colectivo porque cada una es condición de la otra, y describe la democracia deliberativa como un circuito de doble vía entre la opinión pública informal y los procedimientos formales del parlamento y los tribunales.

El tramo que ancla el eje internacional del test es el posterior a 1996, y conviene leerlo con cuidado porque no dice lo que su etiqueta sugiere. En «Die Einbeziehung des Anderen» (1996), «Die postnationale Konstellation» (1998), «Der gespaltene Westen» (2004) y «Zur Verfassung Europas» (2011), Habermas revisa a Kant en vez de repetirlo. Kant esperaba que el derecho internacional entre Estados se transformara en derecho cosmopolita entre ciudadanos del mundo; Habermas sostiene que el derecho cosmopolita tiene que ser dualista, con Estados e individuos como sujetos a la vez. Y rechaza el Estado mundial de forma expresa: parte de que un Estado a escala global no es ni posible ni deseable. Lo que propone es una «sociedad mundial políticamente constituida» de tres niveles: el nacional, que conserva el monopolio de la fuerza y la legitimidad democrática plena; el transnacional de los bloques continentales, donde la vara de medir es la negociación equitativa y no la democracia; y el supranacional de unas Naciones Unidas reformadas y una Corte Penal Internacional reforzada, con competencias estrictamente limitadas a la paz y a los derechos humanos. Admitió sin rodeos que llegó a este terreno por la puerta de atrás, empujado por los acontecimientos: nunca estudió Derecho. Sus dos últimos libros grandes cerraron el círculo: «Auch eine Geschichte der Philosophie» (2019), una historia del discurso occidental sobre fe y saber en dos volúmenes, y «Ein neuer Strukturwandel der Öffentlichkeit und die deliberative Politik» (2022), donde a los noventa y tres años volvió al tema de su habilitación para preguntarse qué le hacen las plataformas digitales a la esfera pública.

Cómo se le ha leído

La escala de su recepción es difícil de exagerar: sus obras se tradujeron a cuarenta lenguas y la bibliografía secundaria supera los catorce mil libros y artículos. La etiqueta que más se le repite, «segunda generación de la Escuela de Fráncfort», es también la que peor le encaja, y él fue el primero en decirlo: sostuvo que allí no había ninguna doctrina coherente que heredar y que su paso por el Instituto fue breve y conflictivo. Su descendencia académica ilustra hasta qué punto no fundó una capilla. De su magisterio salieron Axel Honneth, Rainer Forst y Klaus Günther, que continuaron la teoría crítica; pero también estudiaron con él Zoran Đinđić, que fue primer ministro de Serbia entre 2001 y su asesinato en 2003, y Hans-Hermann Hoppe, académico anarcocapitalista de la escuela austriaca y abiertamente contrario a la democracia, es decir, alguien que sostiene casi lo opuesto que su maestro. En Estados Unidos se convirtió desde los años setenta en el europeo de referencia y discutió con Rawls, Rorty, Dworkin y Putnam; en América Latina su teoría del derecho se leyó como una tercera vía entre el conservadurismo dominante y el izquierdismo revolucionario.

Las objeciones más duras no vinieron de la derecha sino de su propio flanco. Oskar Negt y Alexander Kluge le reprocharon en 1972 haber ignorado la esfera pública proletaria; Joan Landes, la exclusión de las mujeres; y Nancy Fraser, la ausencia de los «contrapúblicos subalternos» y de las esferas públicas transnacionales. Habermas concedió parte del terreno y a partir de los noventa admitió que en una sociedad conviven muchas esferas públicas superpuestas y porosas, no una sola. Seyla Benhabib, apoyándose en Carol Gilligan, discutió que su ética del discurso pudiera acoger las experiencias morales del cuidado y la responsabilidad concreta. Y desde la crítica poscolonial, Amy Allen, apoyada en Dussel y en Bhambra, le imputa eurocentrismo: que sus principios descansan sobre una teoría de la modernización que trata la historia europea como aprendizaje universal. Fraser, que fue de su círculo durante décadas, publicó a su muerte un balance que resume el itinerario de esa generación: aprendió de él a practicar la crítica con intención emancipadora y acabó separándose, primero por su lectura del capitalismo tardío y al final por su posición sobre Gaza.

En cuanto a las tergiversaciones, en materia internacional hay dos que conviene desactivar. La primera lo convierte en apologeta de Bruselas. No lo era, y el matiz no es solo posterior a la crisis del euro: ya en 2013 advertía de que, bajo el nombre inocuo de «gobernanza», los regímenes tecnocráticos seguirán extendiéndose al ritmo del crecimiento de las organizaciones internacionales mientras no se les abran fuentes democráticas de legitimación, y describía el paternalismo latente de una cooperación internacional en la que el ciudadano afectado percibe cualquier decisión conjunta como intrusión de poderes ajenos. La segunda lo convierte en partidario de un gobierno mundial, que es justo lo que descarta: su parlamento mundial tendría competencias limitadas y compartidas con los Estados miembros, que seguirían siendo poder constituyente junto al conjunto de los ciudadanos del mundo. Sus posiciones tardías sobre Ucrania recibieron críticas simétricas y vale la pena registrarlas sin arbitrar: el historiador Jan C. Behrends le reprochó desconocer Europa del Este y tratar a Putin como actor racional, y en su obituario Ilko-Sascha Kowalczuk sostuvo que nunca se interesó por el comunismo, la RDA ni el este del continente. En el otro extremo, el canciller Friedrich Merz y buena parte del arco político alemán lo despidieron como uno de los pensadores más importantes de su tiempo. Que a la vez se le acuse de eurocentrismo y de indiferencia hacia media Europa es, probablemente, el mejor resumen de su posición: la de un ilustrado que apostó a que los procedimientos pueden sustituir a la sangre como fuente de lealtad política, y a quien se juzga por lo que esa apuesta deja fuera.

Fuentes de esta biografía · 7

  1. «Habermas’s approach in this early work can be described as one of historical reconstruction in the service of internal criticism. He reconstructs an “ideal type” of the bourgeois public sphere, in order to criticize the really existing public spheres of modern democracies.»

    James Gordon Finlayson y Dafydd Huw Rees, «Jürgen Habermas», Stanford Encyclopedia of Philosophy, 15 de septiembre de 2023, seccion 1.2 fuente · sostiene 6 pasajes de esta ficha

  2. «Under the innocent title of “governance”, technocratic regimes will keep spreading hand-in-hand with the growth of international organizations unless we disclose democratic sources for the legitimation of their operations.»

    Armin von Bogdandy y Jürgen Habermas, «Discourse Theory and International Law: An Interview with Jürgen Habermas», Verfassungsblog, 12 de mayo de 2013 fuente · sostiene 4 pasajes de esta ficha

  3. «The simultaneity of these overwhelming demonstrations – the largest since the end of the Second World War – may well, in hindsight, go down in history as a sign of the birth of a European public sphere.»

    Jürgen Habermas y Jacques Derrida, «February 15, or What Binds Europeans Together: A Plea for a Common Foreign Policy, Beginning in the Core of Europe», Constellations vol. 10 n. 3 (2003), pp. 291-297; publicado originalmente en el Frankfurter Allgemeine Zeitung el 31 de mayo de 2003 fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  4. «Habermas first lit my path as a critical theorist. I remain deeply grateful for that. But over the years the light he cast flickered and waned – until, with his stance on Gaza, it seemed to go out.»

    Nancy Fraser, «After Habermas», London Review of Books (blog), 25 de marzo de 2026 fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  5. «He was born with a cleft palate that required repeated operations as a child, an experience that helped inform his later thinking about language.»

    Geir Moulson, «Jürgen Habermas, influential German philosopher, dies at 96», Associated Press, 14 de marzo de 2026 fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  6. «Im Februar 1945 sollte er als 15-Jähriger wie schon sein älterer Bruder zur Wehrmacht eingezogen werden, während sich der Vater wieder als Freiwilliger gemeldet hatte, doch Jürgen Habermas verbarg sich so lange vor den Feldjägern, bis die US-Amerikaner die Gegend besetzten.»

    «Jürgen Habermas», Wikipedia en aleman, seccion «Kindheit, Studium und Ehe» fuente · sostiene 7 pasajes de esta ficha

  7. «Zoran Đinđić was a Serbian politician and philosopher who served as the prime minister of Serbia from 2001 until his assassination in 2003.»

    «Zoran Đinđić», Wikipedia en ingles (resumen REST de la enciclopedia) fuente

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Internacional · polo CosmopolitaLa constelación posnacional · 1998

Defiende que la democracia no debe morir con el Estado-nación: hace falta extender la legitimación democrática y el derecho a marcos supranacionales (UE como proyecto político, no solo mercado), sostenidos por un patriotismo constitucional cívico y no étnico.

«La constelación posnacional pone fin a la situación en que la política y el sistema jurídico se entrelazaban de modo constructivo con los circuitos económicos y las tradiciones nacionales dentro de las fronteras de los Estados territoriales.»

Original: «The post-national constellation is putting an end to this situation, in which politics and the legal system intermesh in constructive ways with economic circuits and national traditions within the borders of territorial states.»

Sutileza / error común

Habermas no es un eurócrata acrítico. Defiende la UE como proyecto político-democrático sometido a procedimientos de legitimación deliberativa, no como mero mercado interior administrado por Bruselas. Su «patriotismo constitucional» (Verfassungspatriotismus, término acuñado por Dolf Sternberger en los 70 y popularizado por Habermas) propone una identidad colectiva basada en la adhesión a normas y procedimientos democráticos, no en etnia, lengua o religión: respuesta directa al problema alemán post-1945 de cómo construir lealtad cívica sin nacionalismo étnico. Tras la crisis del euro y la gestión de Grecia (2010-2015) se ha mostrado muy crítico con la deriva tecnocrática y postdemocrática de la UE («Zur Verfassung Europas», 2011). Heredero crítico de la Escuela de Frankfurt: ni anti-Ilustración ni post-marxista, sino reconstructor de la racionalidad comunicativa.

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Jürgen Habermas también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

Sección 04

Por dónde
empezar.

La constelación posnacional

Jürgen Habermas · 1998 · Paidós

El Occidente escindido

Jürgen Habermas · 2004 · Trotta

Y tú

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