Sostiene, recuperando la tradición estoica y kantiana, que la lealtad moral primaria del individuo debe ser a la comunidad de los seres humanos en cuanto tales, no al accidente del lugar de nacimiento, y que la educación cívica debería formar ciudadanos del mundo.
«Mi tesis es que deberíamos reconocer una lealtad moral fundamental al ideal muy antiguo del cosmopolita, la persona cuya lealtad primaria es a la comunidad de seres humanos del mundo entero.»
Original: «I shall argue that this emphasis on patriotic pride is both morally dangerous and, ultimately, subversive of some of the worthy goals patriotism sets out to serve… we should recognize humanity wherever it occurs, and give its fundamental ingredients, reason and moral capacity, our first allegiance and respect.»
Sutileza / error común
Nussbaum no propone abolir las naciones ni borrar identidades particulares. Su modelo, tomado de los estoicos (Hierocles), son círculos concéntricos de pertenencia: familia, ciudad, nación, humanidad. La crítica que recibió en el debate del Boston Review (Walzer, Taylor, Putnam, Himmelfarb) le forzó a precisar: el cosmopolitismo es una orientación moral primaria, no una negación del arraigo. En obras posteriores («The Cosmopolitan Tradition», 2019) reconoce las limitaciones del modelo estoico-kantiano (excesivamente racionalista, ciego a deberes materiales hacia los más débiles) y lo complementa con su enfoque de capacidades. No es una globalista económica del Foro de Davos: es una filósofa de tradición liberal-igualitaria preocupada por dignidad humana universal.