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Referente del test

Immanuel Kant.

1724-1804

Funda el cosmopolitismo moderno: la paz perpetua se alcanza por una federación voluntaria de repúblicas libres más un derecho cosmopolita de hospitalidad universal, NO por un super-Estado mundial.

La vida

Nace el 22 de abril de 1724 en Königsberg, capital de Prusia Oriental, a orillas del Báltico; la ciudad se llama hoy Kaliningrado y pertenece a Rusia. En vida de Kant era un centro comercial de importancia, un puerto militar y una ciudad universitaria relativamente cosmopolita, aunque geográficamente apartada del resto de Prusia y de las demás ciudades alemanas. La familia era artesana y de medios modestos: el padre, maestro guarnicionero, y la madre, hija de guarnicionero, aunque con más instrucción de la habitual en una mujer de su condición. El oficio del padre estaba en declive durante la infancia de Kant y los padres tuvieron que recurrir en algún momento a la ayuda de parientes. No hubo indigencia, pero tampoco holgura, y ese detalle explica buena parte de la cronología posterior: Kant llegó tarde a todo lo que en su siglo llegaba temprano a quien tenía renta.

Los padres eran pietistas y Kant estudió de los ocho a los quince años en el Collegium Fridericianum, escuela pietista. El pietismo era un movimiento luterano evangélico centrado en la conversión, la gracia divina, la experiencia religiosa vivida y una devoción personal hecha de lectura bíblica, oración e introspección regular. Kant reaccionó con dureza contra el examen de conciencia forzado al que allí se le sometía y se refugió en los clásicos latinos, que ocupaban el centro del plan de estudios. El énfasis del Kant maduro en la razón y la autonomía, frente a la emoción y la dependencia de la autoridad o la gracia, se ha leído como una respuesta tardía a esa escolarización. Conviene no convertirlo en ruptura familiar: tenía en alta estima a sus padres, describió la religiosidad de su madre como «genuina» y «en absoluto entusiasta», y su biógrafo Manfred Kuehn sostiene que le influyeron menos por el pietismo que por los valores de taller que le enseñaron con el ejemplo, es decir, trabajo duro, honradez, limpieza e independencia.

En la universidad de Königsberg, la Albertina, el interés inicial por los clásicos quedó pronto desplazado por la filosofía, que entonces abarcaba también matemáticas y física además de lógica, metafísica, ética y derecho natural. Dominaba la síntesis que Christian Wolff había hecho de Leibniz, pero Kant leyó igualmente a los críticos alemanes y británicos de Wolff, y en la facultad convivían el aristotelismo y el propio pietismo. Su profesor preferido fue Martin Knutzen, pietista influido a la vez por Wolff y por Locke, que le puso delante la obra de Newton; esa huella es visible en su primer trabajo publicado, sobre la medida de la fuerza, con el que intentó mediar en la disputa entre leibnizianos y newtonianos. Al terminar los estudios murieron sus dos padres y sus finanzas no daban para una carrera académica, así que pasó seis años como preceptor privado de niños en casas de las afueras de Königsberg. Regresó a la ciudad en 1754 y empezó a enseñar en la Albertina al año siguiente.

Lo que viene después es el dato material que más ayuda a leerlo. Durante quince años, de 1755 a 1770, fue docente sin sueldo: cobraba directamente de los alumnos que asistían a sus clases, de modo que necesitaba dar muchísima docencia y atraer a mucha gente para vivir. Impartía una media de veinte horas semanales de lógica, metafísica y ética, más matemáticas, física y geografía física, y desde 1766 completó los ingresos con un puesto de ayudante de biblioteca. Le rechazaron para la cátedra en 1758. Ya con reputación hecha, declinó cátedras en Erlangen en 1769 y en Jena en 1770 con la esperanza de obtener la de su propia ciudad, y la obtuvo por fin ese mismo año, a los cuarenta y seis, como catedrático de lógica y metafísica. Solo entonces amplió su repertorio a antropología (fue el primer curso de este tipo en Alemania y se hizo muy popular), teología racional, pedagogía, derecho natural, mineralogía y hasta fortificación militar. El hombre que iba a distinguir entre el uso público de la razón, que debe ser libre, y su uso privado, el que se ejerce desde un cargo y puede restringirse, pasó dos décadas sin cargo alguno y viviendo de las tasas de quienes elegían escucharle.

Entre 1770 y 1781 no publicó nada de relieve. La Crítica de la razón pura apareció cuando tenía cincuenta y siete años, y a partir de ahí la producción se acelera hasta 1790. Toda su obra política es tardía: rondaba los sesenta al publicar los dos ensayos de 1784, tenía setenta y uno al publicar «Sobre la paz perpetua» y setenta y tres al publicar la «Metafísica de las costumbres». El último tramo de su vida está marcado por un choque con la censura. Al preparar «La religión dentro de los límites de la mera razón» (1793) se le denegó el imprimátur del segundo de los ensayos previstos; como la Comisión de Censura prusiana aplicaba reglas distintas a artículos y a libros, Kant reunió los textos en un volumen y se aseguró de que se evaluara como obra de filosofía y no de teología. En octubre de 1794 recibió un rescripto real de la corte de Federico Guillermo II que le reprendía por sus escritos heterodoxos sobre el cristianismo y le prohibía seguir publicando. En su respuesta oficial se comprometió a abstenerse en adelante de tratar públicamente de religión, en clase o por escrito, aunque protestó que sus escritos no contenían valoración alguna del cristianismo. El rescripto y su respuesta quedaron impresos en «El conflicto de las facultades» (1798). Se retiró de la enseñanza en 1796, a los setenta y dos. Después trabajó en las notas inconclusas del «Opus postumum», algunas de las cuales muestran ya signos inequívocos de un deterioro mental que se hizo precipitado hacia 1800. Murió el 12 de febrero de 1804, poco antes de cumplir ochenta años.

La obra

La obra anterior a 1781 es en buena medida científica y metafísica, y hoy se lee poco. En «Historia general de la naturaleza y teoría del cielo» (1755) desarrolló lo que después se conocería como hipótesis nebular sobre la formación del sistema solar; el impresor quebró y el libro apenas tuvo repercusión inmediata. Ese mismo año escribió dos disertaciones latinas para obtener las credenciales de enseñanza, y en 1756 una tercera con la que aspiró sin éxito a una plaza. En 1762 presentó un ensayo al concurso de la Academia Real Prusiana y quedó segundo tras Moses Mendelssohn; ahí aparece su primera discusión extensa de filosofía moral impresa. En «Sueños de un visionario» (1766) comparó con sorna las visiones de espíritus de Emanuel Swedenborg con la creencia de los metafísicos racionalistas en un alma inmaterial que sobrevive a la muerte, y concluyó que de ninguna de las dos cosas cabe conocimiento filosófico porque la razón humana está limitada a la experiencia. En todo este período discute a dos bandas: contra los leibniz-wolffianos con material británico, y contra los sentimentalistas británicos con material racionalista, sin decantarse del todo.

El sistema crítico llega con «Kritik der reinen Vernunft» (1781, segunda edición muy revisada en 1787), a la que siguen los «Prolegómenos» (1783), escritos porque las primeras reseñas fueron pocas y, a juicio de Kant, no habían entendido nada; la «Grundlegung zur Metaphysik der Sitten» (1785); la «Kritik der praktischen Vernunft» (1788); y la «Kritik der Urteilskraft» (1790), con la que declaró cerrada la empresa crítica. Para lo que aquí interesa conviene subrayar algo que se pasa por alto: ninguno de esos libros contiene una doctrina política, y los ensayos políticos no son deducciones del sistema sino aplicaciones que Kant fue escribiendo por encargo, por polémica o por ocasión.

Los dos textos de 1784 fijan el armazón. «Idee zu einer allgemeinen Geschichte in weltbürgerlicher Absicht» propone nueve proposiciones y una tesis incómoda: el motor de la historia no es la buena voluntad sino el conflicto, lo que Kant llama la sociabilidad insociable del hombre, esa mezcla de tendencia a asociarse y de resistencia permanente a la asociación. De ahí sale la sexta proposición, la más citada y la que menos se cita entera: el hombre necesita un amo, pero el amo es también un hombre que necesita un amo, de manera que el problema no admite solución perfecta y de una madera tan torcida como la del hombre no puede salir nada del todo recto. Y de ahí sale la séptima, que es la que ancla el eje internacional de este test: el problema de una constitución civil perfecta depende del problema de un sistema de relaciones internacionales sometido a derecho y no puede resolverse al margen de él. Contra quién discute: contra quien lee la historia como un concurso epicúreo de causas eficientes, y contra quien la lee como un plan que requiera intervención divina. «Beantwortung der Frage: Was ist Aufklärung?», fechado en Königsberg el 30 de septiembre de 1784, introduce la distinción que hoy se cita más al revés: el uso público de la razón, el del estudioso que se dirige por escrito al público lector, debe ser siempre libre; el uso privado, el que se hace desde un puesto o cargo confiado a alguien, puede restringirse mucho sin frenar la ilustración. Y cierra con una paradoja que rara vez se reproduce: un grado mayor de libertad civil puede imponer límites ineludibles a la libertad de espíritu, y un grado menor puede dejarle sitio para desplegarse.

«Zum ewigen Frieden» (1795) adopta la forma literaria de un tratado de paz, con seis artículos preliminares, tres definitivos, dos suplementos, dos apéndices y un artículo secreto. Los preliminares son más concretos de lo que su fama sugiere: los ejércitos permanentes deben desaparecer con el tiempo porque amenazan por su sola existencia y empujan a una carrera sin límite; no deben contraerse deudas nacionales para asuntos exteriores, porque un sistema de crédito indefinido es un arma; ningún Estado debe intervenir por la fuerza en la constitución y el gobierno de otro; y en la guerra quedan excluidos los asesinos, los envenenadores y la traición, porque sin un mínimo de confianza no cabe paz posterior. El argumento del primer artículo definitivo, el de la constitución republicana, no es moral sino de costes: quien decide la guerra en una república es quien la paga, con su cuerpo, su hacienda y una deuda que amargará la paz siguiente, mientras que el gobernante no republicano no es ciudadano sino dueño del Estado y no pierde nada. Ahí está también la distinción que más se aplasta al citarlo: república y democracia no son lo mismo, porque la primera es una forma de gobierno definida por la separación entre ejecutivo y legislativo, y la segunda una forma de soberanía que Kant declara necesariamente despótica. El artículo secreto pide que los Estados armados escuchen a los filósofos sobre las condiciones de la paz, con la advertencia de que no se trata de ponerlos a gobernar. Y el segundo apéndice ofrece un criterio de publicidad: son injustas las acciones cuya máxima no soporta hacerse pública. La «Metaphysik der Sitten» (1797) cierra el edificio con la pieza que menos gusta a sus lectores: la negación del derecho de rebelión.

Cómo se le ha leído

Desde los años ochenta, el primer artículo definitivo es la página del ensayo con más presencia en la ciencia política. Michael Doyle la convirtió en 1983 en el núcleo de la teoría de la paz democrática, catalogando la ausencia de guerras entre democracias liberales como prueba de la intuición kantiana. La transferencia funciona a medias y conviene saber por dónde falla. El mecanismo que Kant describe es un cálculo de costes, no una tesis sobre la bondad de los pueblos: sostiene que la república es reticente a entrar en guerras cuya factura recibe, no que sea pacífica por naturaleza. Y el vocabulario está cambiado de sitio: «paz democrática» usa la palabra que Kant reservaba para una forma de soberanía que llamó despótica, mientras que lo que la teoría describe es lo que él llamaba república, con representación y separación de poderes. A eso se añade que su república no era sufragista: el derecho de voto exigía ser dueño de uno mismo, es decir, tener propiedad o un oficio que permitiera vivir con independencia, y las mujeres quedaban fuera, junto con quienes él denominaba ciudadanos pasivos, que conservaban los demás derechos de libertad e igualdad. Citarlo como precursor de la democracia liberal contemporánea exige decir en qué se le corrige.

La segunda discusión es filológica y tiene consecuencias políticas directas. El segundo artículo definitivo de «Sobre la paz perpetua» dice que la federación de Estados libres no tiene por qué ser un Estado de pueblos y que serlo sería contradictorio. Pero la traductora de la edición inglesa de 1903 ya anotó al pie que en otro lugar del mismo ensayo Kant parece hablar del Estado de pueblos como ideal, y remitió a la «Doctrina del derecho», donde sostiene que un verdadero estado de paz solo se alcanza en una unión universal de Estados, que una unión demasiado extensa acabaría siendo ingobernable y que, por eso, la paz perpetua es en rigor una idea irrealizable cuyos principios políticos orientadores sí son practicables. La lectura académica corriente resuelve la tensión con dos modelos: la república mundial es el ideal, una idea de la razón, y la liga de Estados que los gobiernos aceptarán de hecho es un sustituto negativo. La consecuencia para cualquiera que lo cite es la misma en las dos direcciones: quien quiera un Kant supranacional encuentra texto y quien quiera un Kant celoso de la soberanía estatal encuentra otro, y el corpus no zanja la discusión. Presentarlo como caso cerrado, en un sentido o en el contrario, es citar una mitad.

Lo tercero es lo que sus lectores actuales discuten con más aspereza. Kant produjo una teoría de la clasificación racial y sostuvo que los no europeos eran inferiores en varios aspectos; hacia mediados de los años noventa parece haber abandonado esa creencia, deja de aparecer en sus lecciones y critica en público las prácticas coloniales europeas como violación de los derechos de pueblos capaces de gobernarse. Si eso fue una reforma real o un racismo sostenido bajo otra prosa es una polémica viva, con Huaping Lu-Adler defendiendo la continuidad y Pauline Kleingeld la rectificación. La negación del derecho de rebelión da la segunda polémica: Kant la considera literalmente incoherente, porque el derecho encarna en el Estado existente y un pueblo autorizado a resistir estaría reclamando para sí la soberanía a la que se somete; y sin embargo tomó el entusiasmo de los espectadores de la Revolución francesa como signo de progreso y consideró legítimo su primer tramo, con el argumento de que la soberanía pasó al pueblo cuando el rey convocó los Estados Generales. También aquí cada bando encuentra su frase. Queda un malentendido menor y muy extendido: el artículo secreto se cita a menudo como si Kant hubiese querido filósofos gobernando, cuando dice lo contrario, que no cabe esperarlo ni desearlo porque la posesión del poder arruina el ejercicio libre de la razón, y que lo único exigible es que se les deje hablar y se les escuche. Y una deuda que casi nadie atribuye: el título con el que Isaiah Berlin publicó en 1990 «The Crooked Timber of Humanity» sale de la sexta proposición del ensayo de 1784, de modo que la mayoría de los lectores de hoy se topa con esa imagen sin saber que pertenece a un texto sobre la necesidad de un orden jurídico internacional.

Fuentes de esta biografía · 6

  1. «Kant was born into an artisan family of modest means. His father was a master harness maker, and his mother was the daughter of a harness maker, though she was better educated than most women of her social class.»

    Michael Rohlf, «Immanuel Kant», seccion 1 («Life and works»), Stanford Encyclopedia of Philosophy fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  2. «In October 1794, Kant received a royal rescript from the court of Frederick William II reprimanding him for his heterodox writings on Christianity and prohibiting him from further publication which “distort and disparage” Christianity»

    Lawrence Pasternack y Courtney Fugate, «Kant's Philosophy of Religion», Stanford Encyclopedia of Philosophy fuente

  3. «A greater degree of civil freedom appears advantageous to the freedom of mind of the people, and yet it places inescapable limitations upon it. A lower degree of civil freedom, on the contrary, provides the mind with room for each man to extend himself to his full capacity.»

    Immanuel Kant, What is Enlightenment? (Beantwortung der Frage: Was ist Aufklaerung?, 1784), trad. Lewis White Beck, en On History, Indianapolis, Bobbs-Merrill, 1963; texto en Wikisource fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  4. «Hence it is that this problem is the most difficult of any; nay, its perfect solution is impossible: out of wood so crooked and perverse as that which man is made of, nothing absolutely straight can ever be wrought.»

    Immanuel Kant, Idea of a Universal History on a Cosmopolitical Plan (Idee zu einer allgemeinen Geschichte in weltbuergerlicher Absicht, 1784), trad. Thomas de Quincey, en The Collected Writings of Thomas de Quincey, vol. 9, 1890, pp. 428-444; texto en Wikisource fuente · sostiene 3 pasajes de esta ficha

  5. «Of these three forms of a state, democracy, in the proper sense of the word, is of necessity despotism, because it establishes an executive power, since all decree regarding—and, if need be, against—any individual who dissents from them.»

    Immanuel Kant, Perpetual Peace: A Philosophical Essay (Zum ewigen Frieden, 1795), trad. Mary Campbell Smith, Londres, George Allen & Unwin, 1903; edicion digital de Project Gutenberg n. 50922 fuente · sostiene 5 pasajes de esta ficha

  6. «By the mid-1790s, however, Kant appears to have given up beliefs about racial inferiority and no longer discusses it in his lectures. He publicly criticized European colonial practices as violations of the rights of indigenous peoples who are capable of governing themselves (8:358–60).»

    Frederick Rauscher, «Kant's Social and Political Philosophy», Stanford Encyclopedia of Philosophy fuente · sostiene 4 pasajes de esta ficha

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Internacional · polo CosmopolitaSobre la paz perpetua · 1795

Funda el cosmopolitismo moderno: la paz perpetua se alcanza por una federación voluntaria de repúblicas libres más un derecho cosmopolita de hospitalidad universal, NO por un super-Estado mundial.

«Hospitalidad significa el derecho de un extranjero a no ser tratado hostilmente al llegar al territorio de otro. Este puede rechazarlo si ello no implica su ruina; pero mientras se mantenga pacíficamente en su sitio, no debe ser tratado como enemigo.»

Original: «Hospitalität (Wirtbarkeit) bedeutet das Recht eines Fremdlings, seiner Ankunft auf dem Boden eines andern wegen, von diesem nicht feindselig behandelt zu werden. Dieser kann ihn abweisen, wenn es ohne seinen Untergang geschehen kann; so lange er aber auf seinem Platz sich friedlich verhält, ihm nicht feindlich begegnen.»

Sutileza / error común

Kant NO es globalista en sentido contemporáneo. En el Segundo Artículo Definitivo rechaza explícitamente el «Estado de pueblos» (Völkerstaat) como super-Estado mundial: lo considera contradictorio (un Estado supone soberanía interna; muchos Estados, una soberanía mundial; los dos a la vez no caben) y peligroso (despotismo universal sin contrapeso). Defiende un foedus pacificum: federación voluntaria de repúblicas con separación de poderes que se comprometen a no hacerse la guerra, manteniendo cada una su soberanía. Su «derecho cosmopolita» (Weltbürgerrecht) está restringido a la hospitalidad: derecho a visitar, a no ser tratado como enemigo, no derecho automático de residencia o ciudadanía. Citarlo como padre de la ONU o de la UE actuales es proyección anacrónica: sería más exacto decir que es padre de la idea de una sociedad internacional reglada entre Estados libres.

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Immanuel Kant también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

Sección 04

Por dónde
empezar.

Sobre la paz perpetua

Immanuel Kant · 1795 · Tecnos / Alianza Editorial

Y tú

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