Nace el 22 de abril de 1724 en Königsberg, capital de Prusia Oriental, a orillas del Báltico; la ciudad se llama hoy Kaliningrado y pertenece a Rusia. En vida de Kant era un centro comercial de importancia, un puerto militar y una ciudad universitaria relativamente cosmopolita, aunque geográficamente apartada del resto de Prusia y de las demás ciudades alemanas. La familia era artesana y de medios modestos: el padre, maestro guarnicionero, y la madre, hija de guarnicionero, aunque con más instrucción de la habitual en una mujer de su condición. El oficio del padre estaba en declive durante la infancia de Kant y los padres tuvieron que recurrir en algún momento a la ayuda de parientes. No hubo indigencia, pero tampoco holgura, y ese detalle explica buena parte de la cronología posterior: Kant llegó tarde a todo lo que en su siglo llegaba temprano a quien tenía renta.
Los padres eran pietistas y Kant estudió de los ocho a los quince años en el Collegium Fridericianum, escuela pietista. El pietismo era un movimiento luterano evangélico centrado en la conversión, la gracia divina, la experiencia religiosa vivida y una devoción personal hecha de lectura bíblica, oración e introspección regular. Kant reaccionó con dureza contra el examen de conciencia forzado al que allí se le sometía y se refugió en los clásicos latinos, que ocupaban el centro del plan de estudios. El énfasis del Kant maduro en la razón y la autonomía, frente a la emoción y la dependencia de la autoridad o la gracia, se ha leído como una respuesta tardía a esa escolarización. Conviene no convertirlo en ruptura familiar: tenía en alta estima a sus padres, describió la religiosidad de su madre como «genuina» y «en absoluto entusiasta», y su biógrafo Manfred Kuehn sostiene que le influyeron menos por el pietismo que por los valores de taller que le enseñaron con el ejemplo, es decir, trabajo duro, honradez, limpieza e independencia.
En la universidad de Königsberg, la Albertina, el interés inicial por los clásicos quedó pronto desplazado por la filosofía, que entonces abarcaba también matemáticas y física además de lógica, metafísica, ética y derecho natural. Dominaba la síntesis que Christian Wolff había hecho de Leibniz, pero Kant leyó igualmente a los críticos alemanes y británicos de Wolff, y en la facultad convivían el aristotelismo y el propio pietismo. Su profesor preferido fue Martin Knutzen, pietista influido a la vez por Wolff y por Locke, que le puso delante la obra de Newton; esa huella es visible en su primer trabajo publicado, sobre la medida de la fuerza, con el que intentó mediar en la disputa entre leibnizianos y newtonianos. Al terminar los estudios murieron sus dos padres y sus finanzas no daban para una carrera académica, así que pasó seis años como preceptor privado de niños en casas de las afueras de Königsberg. Regresó a la ciudad en 1754 y empezó a enseñar en la Albertina al año siguiente.
Lo que viene después es el dato material que más ayuda a leerlo. Durante quince años, de 1755 a 1770, fue docente sin sueldo: cobraba directamente de los alumnos que asistían a sus clases, de modo que necesitaba dar muchísima docencia y atraer a mucha gente para vivir. Impartía una media de veinte horas semanales de lógica, metafísica y ética, más matemáticas, física y geografía física, y desde 1766 completó los ingresos con un puesto de ayudante de biblioteca. Le rechazaron para la cátedra en 1758. Ya con reputación hecha, declinó cátedras en Erlangen en 1769 y en Jena en 1770 con la esperanza de obtener la de su propia ciudad, y la obtuvo por fin ese mismo año, a los cuarenta y seis, como catedrático de lógica y metafísica. Solo entonces amplió su repertorio a antropología (fue el primer curso de este tipo en Alemania y se hizo muy popular), teología racional, pedagogía, derecho natural, mineralogía y hasta fortificación militar. El hombre que iba a distinguir entre el uso público de la razón, que debe ser libre, y su uso privado, el que se ejerce desde un cargo y puede restringirse, pasó dos décadas sin cargo alguno y viviendo de las tasas de quienes elegían escucharle.
Entre 1770 y 1781 no publicó nada de relieve. La Crítica de la razón pura apareció cuando tenía cincuenta y siete años, y a partir de ahí la producción se acelera hasta 1790. Toda su obra política es tardía: rondaba los sesenta al publicar los dos ensayos de 1784, tenía setenta y uno al publicar «Sobre la paz perpetua» y setenta y tres al publicar la «Metafísica de las costumbres». El último tramo de su vida está marcado por un choque con la censura. Al preparar «La religión dentro de los límites de la mera razón» (1793) se le denegó el imprimátur del segundo de los ensayos previstos; como la Comisión de Censura prusiana aplicaba reglas distintas a artículos y a libros, Kant reunió los textos en un volumen y se aseguró de que se evaluara como obra de filosofía y no de teología. En octubre de 1794 recibió un rescripto real de la corte de Federico Guillermo II que le reprendía por sus escritos heterodoxos sobre el cristianismo y le prohibía seguir publicando. En su respuesta oficial se comprometió a abstenerse en adelante de tratar públicamente de religión, en clase o por escrito, aunque protestó que sus escritos no contenían valoración alguna del cristianismo. El rescripto y su respuesta quedaron impresos en «El conflicto de las facultades» (1798). Se retiró de la enseñanza en 1796, a los setenta y dos. Después trabajó en las notas inconclusas del «Opus postumum», algunas de las cuales muestran ya signos inequívocos de un deterioro mental que se hizo precipitado hacia 1800. Murió el 12 de febrero de 1804, poco antes de cumplir ochenta años.