John Maynard Keynes nació en Cambridge el 5 de junio de 1883, en una familia académica de clase media alta. Su padre, John Neville Keynes, era economista y profesor de ciencias morales en la universidad; su madre, Florence Ada Brown, fue reformadora social. Empezó a los cinco años en el parvulario de la Perse School for Girls, siguió en la escuela preparatoria de St Faith's y en 1897 ganó una beca real para Eton, donde destacó en matemáticas, clásicas e historia y obtuvo en 1901 el premio Tomline de matemáticas. Entró en el King's College de Cambridge a estudiar matemáticas y se graduó con la máxima calificación en 1904. Conviene subrayar un detalle que explica bastante de su estilo: su formación reglada en economía se reduce a un trimestre de clases seguidas como oyente cuando ya era posgraduado. La disciplina en la que se le recuerda nunca fue su titulación. En Cambridge fue miembro activo de la sociedad semisecreta de los Apóstoles, presidió la Cambridge Union y el club liberal universitario, y le marcó la ética de G. E. Moore, que situaba los estados mentales valiosos, el afecto y la contemplación de la belleza, por encima de la regla y del cálculo de consecuencias.
Aprobó las oposiciones al servicio civil en 1906 y en octubre entró de funcionario en la India Office, el departamento que administraba la India británica desde Londres. El puesto le aburrió pronto: dimitió en 1908 y volvió a Cambridge con una plaza docente cuyo sueldo pagaron de su bolsillo Alfred Marshall y Arthur Pigou. En 1909 fue elegido fellow del King's y publicó su primer artículo profesional en el «Economic Journal», sobre los efectos de la crisis mundial en la India; en 1911, con veintiocho años, pasó a dirigir esa revista. La Primera Guerra Mundial lo llevó al Tesoro, donde se ocupó de la financiación exterior del esfuerzo bélico. Al implantarse el reclutamiento obligatorio en 1916 solicitó la exención como objetor de conciencia, que le fue concedida en la práctica por su trabajo para el Gobierno: una posición incómoda ante sus amigos pacifistas de Bloomsbury, que le reprochaban alegar conciencia mientras financiaba la guerra. En 1917 fue nombrado Compañero de la Orden del Baño y en 1919 fue el representante oficial del Tesoro en la Conferencia de Paz de París. Dimitió el 7 de junio de aquel año, al concluir que el borrador del tratado ya no iba a cambiar, y escribió en pocos meses «Las consecuencias económicas de la paz». El libro lo hizo célebre en todo el mundo y a la vez impresentable para su propia administración: durante más de una década no volvió a tener cargo formal en el Gobierno británico e influyó desde fuera, con artículos, comités y una red de contactos.
Su vida privada no encaja en la estampa del tecnócrata. Perteneció al grupo de Bloomsbury, y sus primeras relaciones fueron exclusivamente con hombres, entre ellas la que mantuvo con el pintor Duncan Grant entre 1908 y 1915; durante años llevó un registro escrito de sus encuentros. En 1925 se casó con la bailarina rusa Lidia Lopokova, de los Ballets Rusos, y se instaló en la granja de Tilton, en Sussex. Coleccionó pintura (Cézanne, Degas, Modigliani, Braque, Picasso, Seurat), y compró en subasta buena parte de los manuscritos alquímicos y teológicos de Isaac Newton, que legó al King's y que hoy se citan en la investigación newtoniana como los Keynes Manuscripts. También ganó y perdió dinero de verdad: invirtió por cuenta propia, gestionó el fondo de su colegio y presidió la aseguradora National Mutual. La crisis de 1929 estuvo a punto de arruinarlo y su padre tuvo que socorrerlo; murió con un patrimonio de algo menos de 500.000 libras.
Hay un dato que las semblanzas divulgativas suelen omitir y que conviene registrar: fue partidario de la eugenesia durante toda su vida adulta. Fue tesorero de la Cambridge University Eugenics Society en 1911 y director de la British Eugenics Society entre 1937 y 1944. El 14 de febrero de 1946, dos meses antes de morir, presidió en Manson House la entrega de la primera medalla de oro Galton y describió la eugenesia como la rama de la sociología «más importante, significativa y, añadiría, más genuina que existe». Se opuso siempre a la esterilización forzosa y a la eutanasia involuntaria, y su interés se centraba en la población y la fecundidad más que en la raza. Nada de eso convierte el compromiso en anecdótico: duró treinta y cinco años y quedó por escrito.
En 1937 sufrió un infarto que le obligó a largos periodos de reposo y lo dejó al margen del debate teórico que su propio libro había desatado. Se recuperó en parte en 1939 y dedicó los años que le quedaban a la economía aplicada: asesoró al Tesoro durante la Segunda Guerra Mundial, publicó «Cómo pagar la guerra» en 1940, fue nombrado barón Keynes de Tilton en 1942 y ocupó escaño de liberal en la Cámara de los Lores. En 1944 encabezó la delegación británica en Bretton Woods y presidió allí la comisión del Banco Mundial. Fue además el presidente fundador del Arts Council de Gran Bretaña, nacido del organismo de fomento cultural de guerra que él había ayudado a financiar. Las negociaciones del préstamo angloamericano lo agotaron: del tramo celebrado en Savannah (Georgia) en marzo de 1946 dijo que había sido «un infierno absoluto». Semanas después, el 21 de abril de 1946, murió de un infarto en Tilton, a los 62 años. En contra de su voluntad, que era reposar en la cripta del King's, sus cenizas se esparcieron en las colinas sobre la granja. Sus dos padres le sobrevivieron.