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Referente del test

Karl Marx.

1818-1883

Sostiene que el capitalismo no es un orden natural sino un régimen histórico que extrae plusvalía del trabajo asalariado, concentra el capital y produce crisis cíclicas, y que sus propias contradicciones tienden a su superación por una socialización de los medios de producción.

La vida

Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, en la Renania que Prusia acababa de anexionarse tres años antes. Su apellido venía de una familia de rabinos: la línea paterna había suministrado rabinos a la ciudad desde 1723, y su abuelo Meier Halevi Marx fue uno de ellos. Su padre, Heinrich, fue el primero de la estirpe con formación laica, ejercía de abogado y era lector de Kant y de Voltaire; cuando la anexión prusiana derogó la emancipación de los judíos concedida bajo dominio francés, se pasó a la iglesia evangélica del Estado para conservar el bufete. Karl y sus hermanos fueron bautizados luteranos el 28 de agosto de 1824, cuando él tenía seis años; la madre, Henriette Pressburg, judía holandesa de una familia de comerciantes, esperó a noviembre de 1825. Ese detalle administrativo es más explicativo que cualquier anécdota: creció en una casa donde la confesión religiosa era un trámite para poder trabajar, y donde el liberalismo del padre convivía con la vigilancia del Estado. En 1832 la policía registró el instituto de Tréveris, dirigido por un amigo de su padre, buscando literatura liberal entre los alumnos.

Estudió Derecho en Bonn y después en Berlín, donde la filosofía lo apartó de la carrera jurídica. Allí entró en el círculo de los jóvenes hegelianos, en particular con Bruno Bauer. Su tesis, sobre la diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro, no la presentó en Berlín, donde los catedráticos conservadores la habrían hundido, sino en la más flexible Universidad de Jena, que le concedió el doctorado en abril de 1841. La cátedra que esperaba no llegó nunca: Bauer fue expulsado de la docencia y el breve deshielo prusiano se cerró. Le quedó el periodismo. Escribió en la «Gaceta Renana» de Colonia y a finales de 1842 pasó a dirigirla, con tal eficacia irritante que las autoridades enviaron un censor desde Berlín solo para ese periódico y después le impusieron doble censura; a comienzos de 1843 un decreto ministerial ordenó cerrarlo. Lo decisivo de ese año y medio no fue la política sino un asunto de propiedad: los debates de la Dieta renana sobre la tala furtiva de leña y sobre la miseria de los viñadores del Mosela lo obligaron, según él mismo contó dieciséis años después, a opinar por primera vez sobre «los llamados intereses materiales» y a ponerse a estudiar economía.

En junio de 1843 se casó con Jenny von Westphalen, hija de un consejero áulico de Tréveris y hermanastra de quien llegaría a ser ministro del Interior de Prusia. La pareja se instaló en París ese octubre, donde Marx coeditó con Arnold Ruge los «Anales francoalemanes», de los que salió un único número, y donde en 1844 conoció a Friedrich Engels y escribió los manuscritos económicos y filosóficos que no se publicarían hasta 1932. En 1845 el gobierno francés, a petición de Berlín, lo expulsó por orden del ministro Guizot: se fue a Bruselas y ese mismo año renunció a la nacionalidad prusiana. Fue apátrida los treinta y ocho años que le quedaban de vida, un dato que condicionó todo lo demás, porque un expulsado sin pasaporte no tiene a qué país recurrir. Cuando estalló 1848 volvió a Colonia y financió con la herencia recién cobrada de su padre la «Nueva Gaceta Renana». Los tribunales lo procesaron dos veces, por delito de prensa y por incitar a no pagar impuestos, y los jurados lo absolvieron las dos; el Estado resolvió el problema por la vía administrativa y lo expulsó en mayo de 1849 con el pretexto de que ya no era súbdito prusiano. Tras un último paso por París, llegó a Londres hacia el 26 de agosto de 1849. No se movería de allí.

Los años londinenses son los de la pobreza y los del British Museum. Entre 1851 y 1856 vivió con la familia en el 28 de Dean Street, en el Soho. Tuvo siete hijos con Jenny y solo tres llegaron a la edad adulta: Guido murió en 1850, Franziska en 1852, Edgar en 1855 con ocho años y otro recién nacido sin nombre en 1857; sobrevivieron Jenny, Laura y Eleanor. Vivía de dos fuentes: los envíos de Engels, que trabajaba en la empresa textil de su padre en Mánchester, y el periodismo. Entre 1852 y 1862 fue corresponsal europeo del «New-York Daily Tribune», y en el prólogo de 1859 dejó escrito con sequedad que lo que más tiempo le robaba a la investigación era «la necesidad imperiosa de trabajar para vivir». Padeció una dolencia hepática, inflamaciones oculares por trabajar de noche y brotes de forúnculos que sus biógrafos atribuyen a un régimen de tabaco, alcohol, mala comida y falta de sueño que Engels le insistía en cambiar. En la casa vivía también Helene Demuth, ama de llaves de la familia Westphalen que Engels describió en su obituario como consejera de Marx incluso en cuestiones económicas; desde 1962 circula la atribución a Marx de la paternidad de su hijo Frederick, que especialistas como Terrell Carver consideran mal fundada en la documentación disponible.

La última etapa lo devolvió a la política organizada. En 1864 fue elegido para el Consejo General de la Asociación Internacional de Trabajadores, la Primera Internacional, y redactó su manifiesto inaugural. En 1867 publicó el primer tomo de «El capital». Cuatro años después, la represión de la Comuna de París le dio una notoriedad que hasta entonces no tenía: su folleto en defensa de los comuneros lo convirtió en el revolucionario visible de Europa, con la prensa de media docena de países ocupándose de él. Dentro de la Internacional libró un pulso con Bakunin que ganó al precio de vaciarla, porque el traslado del Consejo General a Nueva York en 1872, que él apoyó, la dejó sin actividad. Su mujer murió en diciembre de 1881 y su hija mayor en enero de 1883. Él murió en Londres el 14 de marzo de 1883, a los sesenta y cuatro años, todavía apátrida, de una bronquitis y una pleuresía derivadas del catarro que arrastraba desde la muerte de Jenny. Lo enterraron el 17 de marzo en Highgate, en la zona reservada a agnósticos y ateos, ante un número de asistentes que las fuentes sitúan entre nueve y trece. Engels habló, Liebknecht habló en alemán, Longuet en francés, y se leyeron telegramas: uno de ellos, firmado por José Mesa y Leompart, venía, según la crónica del entierro publicada en «Der Sozialdemokrat», de la sección de Madrid del partido obrero español. La tumba monumental que hoy visitan los turistas no está en el emplazamiento original: la familia fue trasladada a un emplazamiento cercano en 1954 y el monumento se descubrió en 1956, costeado por el Partido Comunista de Gran Bretaña.

La obra

Buena parte de lo que el siglo XX leyó como «Marx» son papeles que él no publicó. La tesis doctoral de 1841 sobre Demócrito y Epicuro quedó inédita en vida. Los dos ensayos de 1844 en los «Anales francoalemanes», «Sobre la cuestión judía» y la introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, salieron en una revista que murió en su primer número. Los manuscritos económicos y filosóficos de 1844, donde está toda la teoría de la alienación, esperaron hasta 1932. «La ideología alemana», escrita con Engels en 1845 y 1846 contra Feuerbach, Bauer y Stirner, tampoco se publicó: el propio Marx contó que abandonaron los dos volúmenes «a la crítica roedora de los ratones» porque ya habían aclarado sus ideas, y no vieron la imprenta hasta 1932. Las once tesis sobre Feuerbach de 1845 las sacó Engels en 1888. Quien discute con el joven Marx discute, por tanto, con un archivo que se abrió medio siglo después de su muerte y que reordenó la lectura de todo lo anterior.

Lo que sí publicó en la década de 1840 fue polémica. «Miseria de la filosofía» (1847), escrita en francés, responde punto por punto a la «Filosofía de la miseria» de Proudhon, y su tesis es la que después sostendrá todo el edificio: las categorías económicas no son leyes eternas de la razón sino formas históricas de una organización concreta de la producción. El «Manifiesto del Partido Comunista» (1848) fue un encargo de la Liga de los Comunistas y es un texto de agitación, con una particularidad que su fama tapa: la primera mitad es un elogio casi asombrado de la capacidad revolucionaria de la burguesía, que disuelve todo lo estamental y crea un mercado mundial. Las diez medidas con las que cierra el capítulo segundo incluyen un fuerte impuesto progresivo y la educación pública gratuita, tres cosas que en 2026 son mobiliario ordinario de cualquier Estado europeo. «El dieciocho brumario de Luis Bonaparte» (1852) no es economía: es análisis político sobre cómo un golpe grotesco acabó funcionando, y es el texto donde Marx concede más autonomía a la política y al Estado respecto de la estructura económica.

El proyecto económico ocupó los últimos veinticinco años y quedó sin terminar. Los cuadernos de 1857 y 1858 conocidos como «Grundrisse» no se publicaron hasta 1939 y 1941 en Moscú y no circularon de verdad hasta la edición de 1953. «Contribución a la crítica de la economía política» (1859) contiene la formulación célebre de la base económica y la superestructura, y su prólogo es además el único relato autobiográfico que Marx escribió de su propio itinerario intelectual. «El capital» (1867) es el único tomo que vio publicado. La pregunta que organiza el libro no es si el capitalismo es injusto, sino de dónde sale el beneficio si todas las mercancías se intercambian por su valor, y la respuesta, la mercancía fuerza de trabajo, se construye discutiendo con Ricardo, no contra un enemigo externo. Los tomos II (1885) y III (1894) los montó Engels a partir de manuscritos inacabados, y hasta qué punto son de Marx es hoy un problema editorial reconocido.

El último Marx escribió sobre todo contra los suyos. «La guerra civil en Francia» (1871) defendió a la Comuna de París cuando defenderla costaba caro. La «Crítica del Programa de Gotha» (1875) fue un comentario privado, enviado a la dirección socialdemócrata alemana para que corrigiese el programa de unificación con los lassalleanos, y Engels solo lo hizo público en 1891. Ahí están las dos frases con más recorrido de su obra tardía y en direcciones opuestas: la fórmula «¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!», reservada expresamente a una fase futura y no a un programa inmediato, y un rechazo de la fórmula «educación popular a cargo del Estado», que le parece «absolutamente inadmisible» y que resuelve pidiendo «substraer la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia». Los últimos años los pasó estudiando la comuna rural rusa y cuadernos de antropología, un material que Engels aprovecharía en 1884 para «El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado».

Cómo se le ha leído

La palabra «marxismo» se construyó en su mayor parte después de él y en buena medida por Engels, que fue su editor, su divulgador y quien fijó la comparación con Darwin en el propio entierro. Engels montó los tomos II y III de «El capital», escribió los manuales que dieron al conjunto aire de sistema completo y transmitió también la anécdota que mejor resume la distancia: comentando a los «marxistas» franceses de finales de los años setenta, contaba en 1890 que Marx solía decir «lo único que sé es que yo no soy marxista». La Segunda Internacional lo convirtió en ortodoxia con Kautsky y Bernstein lo revisó desde dentro; Lenin lo leyó como estrategia y el Estado soviético lo transformó en doctrina oficial de manual. Después vino la fractura: al publicarse en 1932 los manuscritos de 1844 y «La ideología alemana» apareció un Marx filosófico de la alienación que alimentó a Lukács, a la Escuela de Fráncfort y a Sartre, y contra el que Althusser opuso la tesis de un corte epistemológico que separaba al joven humanista del científico maduro. En los años setenta, G. A. Cohen intentó una tercera vía y reconstruyó la teoría de la historia en proposiciones discutibles una por una, precisamente porque, según resume la Stanford Encyclopedia, estaba «frustrado por la vaguedad» tanto de las lecturas dialécticas de inspiración hegeliana como de la alternativa estructuralista.

Hoy lo reivindican corrientes que no comparten casi nada entre sí. La socialdemocracia europea lo reclama como antepasado mientras gestiona economías de mercado; los partidos comunistas y las corrientes anticapitalistas lo reclaman como programa; la economía académica dominante prescinde de su teoría del valor pero ha vuelto a sus preguntas sobre concentración patrimonial y crisis recurrentes. Conviene no confundir esa reapertura con una adhesión: «El capital en el siglo XXI» (2013), de Thomas Piketty, toma prestado el título y rechaza expresamente el marco teórico de Marx, y su autor se sitúa en la tradición liberal igualitaria, no en la marxista. Desde 2008 hay además lecturas que buscan en los cuadernos tardíos lo que la tradición no miró: la reproducción social en la crítica feminista, el metabolismo entre sociedad y naturaleza en la ecología política. Y el trabajo filológico de la edición crítica MEGA ha hecho un servicio incómodo a todos los bandos al mostrar cuánto de lo que se leyó durante un siglo como palabra de Marx eran decisiones de sus editores sobre manuscritos que él dejó abiertos.

Las tergiversaciones más extendidas son de cita corta y van en las dos direcciones. La primera es la frase «la religión es el opio del pueblo», que se usa como sarcasmo de propagandista cuando en el original de 1844 va dentro de una frase mucho más ambivalente: la religión es «el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón», es decir, síntoma de un sufrimiento real antes que engaño, y estaba escrita contra un Estado confesional prusiano concreto, no como programa de persecución. La segunda es atribuirle el descubrimiento de las clases y de la lucha de clases, cosa que él negó por escrito en 1852: dijo que el mérito era de historiadores y economistas burgueses anteriores y que lo suyo era otra cosa, ligar la existencia de clases a fases históricas de la producción. La tercera es la teoría del valor trabajo, que hereda de Smith y de Ricardo y cuya novedad no es el valor sino la mercancía fuerza de trabajo. La cuarta es la expresión «dictadura revolucionaria del proletariado», que en sus textos designa una forma política de transición y que el siglo XX leyó hacia atrás, desde el Estado de partido único, como si él lo hubiera descrito. Queda por último una disputa que sigue viva y que no se cierra citando: «Sobre la cuestión judía» (1844) ha sido presentada como prueba de antisemitismo por autores como Paul Johnson, Bernard Lewis, Hyam Maccoby o Robert Wistrich, y rebatida como lectura errónea por Wendy Brown, Robert Fine, David McLellan o Francis Wheen. El texto está disponible y el desacuerdo es sobre su interpretación, no sobre su contenido.

Fuentes de esta biografía · 8

  1. «Los debates de la Dieta renana sobre la tala furtiva y la parcelación de la propiedad de la tierra, la polémica oficial mantenida entre el señor von Schaper, por entonces gobernador de la provincia renana, y Gaceta Renana acerca de la situación de los campesinos de Mosela y, finalmente, los debates sobre el librecambio y el proteccionismo, fue lo que me movió a ocuparme por primera vez de cuestiones económicas.»

    Karl Marx, «Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política», 1859 (relato autobiográfico de su paso del derecho a la economía) fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  2. «Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas.»

    Karl Marx, carta a Joseph Weydemeyer, Londres, 5 de marzo de 1852 fuente

  3. «Religious suffering is, at one and the same time, the expression of real suffering and a protest against real suffering. Religion is the sigh of the oppressed creature, the heart of a heartless world, and the soul of soulless conditions. It is the opium of the people.»

    Karl Marx, «Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung», Deutsch-Französische Jahrbücher, febrero de 1844 (el pasaje completo del que se recorta la frase célebre) fuente

  4. «En una fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo [...] sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!»

    Karl Marx, «Crítica del Programa de Gotha», 1875, apartado I (escrito en abril y mayo de 1875; publicado por Engels en 1891) fuente · sostiene 2 pasajes de esta ficha

  5. «Just as Marx used to say, commenting on the French "Marxists" of the late [18]70s: "All I know is that I am not a Marxist."»

    Friedrich Engels, carta a Conrad Schmidt, Londres, 5 de agosto de 1890 (publicada en Sozialistische Monatshefte, Berlín, 1920) fuente

  6. «And, consequently, Marx was the best hated and most calumniated man of his time. Governments, both absolutist and republican, deported him from their territories.»

    Friedrich Engels, discurso ante la tumba de Marx, cementerio de Highgate, Londres, 17 de marzo de 1883 fuente

  7. «In my own name and as a delegate of the Spanish Workers' Party (Madrid Branch), I share the immense grief of the friends and daughters of Marx at the cruel loss of the great Socialist who was the master of us all.»

    Telegrama de José Mesa y Leompart leído en el entierro de Marx, en la crónica «Karl Marx's Funeral», Der Sozialdemokrat, 22 de marzo de 1883 fuente

  8. «Cohen provided his reconstruction of Marx partly because he was frustrated by the vagueness of both Hegelian-inspired “dialectical” interpretations, and the structuralist alternative of Louis Althusser»

    Jonathan Wolff y David Leopold, «Karl Marx», Stanford Encyclopedia of Philosophy (sobre la recepción analítica frente a la althusseriana) fuente

Se citan las obras y no los comentarios sobre ellas siempre que la obra está accesible. Donde solo hay literatura secundaria, se dice cuál.

Sección 02

Qué sostiene,
con la cita.

Cada cita está verificada contra fuente primaria, con libro, capítulo y año. Donde la recepción popular deforma al autor, lo decimos.

Económico · polo Estado / IntervenciónEl capital. Crítica de la economía política · 1867

Sostiene que el capitalismo no es un orden natural sino un régimen histórico que extrae plusvalía del trabajo asalariado, concentra el capital y produce crisis cíclicas, y que sus propias contradicciones tienden a su superación por una socialización de los medios de producción.

«La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que se vuelven incompatibles con su envoltura capitalista. Esa envoltura salta hecha pedazos. Suena la hora de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados.»

Original: «Centralisation of the means of production and socialisation of labour at last reach a point where they become incompatible with their capitalist integument. This integument is burst asunder.»

Sutileza / error común

Marx no es Lenin ni Stalin. «El capital» no es un manual sobre cómo organizar la URSS: es un análisis crítico del capitalismo del siglo XIX, no un programa de planificación centralizada. Marx escribió muy poco sobre cómo sería en concreto una sociedad poscapitalista (rechazó hacer «recetas para las cocinas del futuro»). En carta a Vera Zasúlich (1881) admite que su análisis se refiere a Europa occidental y no es una ley universal automática. La frase «abolición de la propiedad privada» del «Manifiesto» se refiere a propiedad burguesa, no al patrimonio personal del trabajador (lo aclara dos líneas antes); citarla sin contexto es la trampa más común.

Alcance en 2026

Marx analizó capitalismo industrial victoriano, con fábricas físicas, lucha de clases entre obreros manuales y propietarios visibles. No vio el Estado del bienestar de posguerra (que pacificó parcialmente esa lucha), ni la financiarización (donde el capital se valoriza sin pasar por la producción), ni el capitalismo de plataformas (donde el «trabajo» se diluye en datos, atención y rating). Aplicar literalmente sus categorías de plusvalía a un repartidor con app o a un creador de contenido requiere reformulación; los marxismos contemporáneos (Piketty desde fuera, Streeck, Mason) lo intentan con resultados desiguales.

Sección 03

Contra quién
discute.

El test coloca a estos autores en el polo opuesto de algún eje que Karl Marx también ocupa. Es donde está el desacuerdo real.

Sección 04

Por dónde
empezar.

El capital, Tomo I

Karl Marx · 1867 · Siglo XXI Editores

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